- Amazon acuerda la compra de Globalstar por unos 11.600 millones de dólares para reforzar su red satelital Amazon Leo.
- La operación busca competir con Starlink (SpaceX) en internet y telefonía por satélite, incluyendo servicios directos al móvil (D2D).
- Los accionistas de Globalstar podrán elegir entre 90 dólares en efectivo o acciones de Amazon, con cierre previsto alrededor de 2027.
- Amazon y Apple mantienen y amplían su alianza para servicios satelitales en iPhone y Apple Watch apoyados en la futura infraestructura de Amazon Leo.
La adquisición de Globalstar por parte de Amazon se ha convertido en uno de los movimientos empresariales más comentados del sector tecnológico y de las telecomunicaciones espaciales. La compañía de Jeff Bezos da un golpe sobre la mesa para reforzar Amazon Leo, su proyecto de constelación de satélites de órbita baja, y plantar cara a Starlink, el servicio de internet por satélite de SpaceX, liderado por Elon Musk.
Con un importe que ronda los 11.600 millones de dólares (unos 9.900 millones de euros), el acuerdo no solo supone una de las mayores operaciones corporativas en la historia de Amazon, sino que también redefine el tablero competitivo de la conectividad satelital. El objetivo es claro: extender la cobertura más allá de las redes móviles tradicionales y permitir que los dispositivos sigan conectados incluso donde la señal terrestre no llega.
Una de las mayores compras en la historia de Amazon
Según los términos hechos públicos, Amazon abonará por Globalstar en torno a 11.570-11.600 millones de dólares, lo que sitúa esta operación entre las más relevantes de su trayectoria, solo por detrás de la compra de Whole Foods Market y por delante de adquisiciones como la de MGM Studios. En términos estratégicos, se trata de la gran apuesta de la compañía en la carrera del internet satelital.
La estructura del pago ofrece a los accionistas de Globalstar dos opciones: 90 dólares en efectivo por acción o bien 0,3210 (0,32 en algunas comunicaciones) acciones ordinarias de Amazon por cada título. Sin embargo, este esquema está sujeto a un mecanismo de prorrateo que limita la parte en efectivo al 40% del total de acciones; cualquier exceso sobre ese porcentaje se compensará automáticamente en títulos de Amazon.
El precio acordado supone una prima significativa sobre la cotización previa de Globalstar. En algunos casos se cifra en más del 31% respecto al cierre del 1 de abril, cuando empezaron a filtrarse las conversaciones, y en otros se apunta a un incremento de hasta el 117% respecto a niveles de octubre del año anterior. En cualquier caso, el mercado ha reaccionado con subidas: las acciones de Globalstar se dispararon en la sesión posterior al anuncio y Amazon avanzó alrededor de un 2-3%.
Otro elemento clave del acuerdo es que el importe final puede ajustarse a la baja en hasta 110 millones de dólares si Globalstar no alcanza determinados objetivos operativos, ligados especialmente al despliegue y sustitución de satélites en la constelación de órbita baja HIBLEO-4. Esta cláusula introduce un margen de protección para Amazon ante posibles retrasos o incidencias técnicas.
En el plano societario, accionistas de Globalstar que representan aproximadamente el 58% del poder de voto ya han dado su visto bueno por escrito a la operación. Aun así, el cierre definitivo se condiciona a la obtención de las correspondientes autorizaciones regulatorias —incluida la de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) en Estados Unidos— y al cumplimiento de hitos de despliegue por parte de Globalstar, por lo que se sitúa el horizonte de cierre alrededor de 2027.
Qué gana Amazon con la compra de Globalstar
La operación va mucho más allá de hacerse con una empresa de satélites cualquiera. Amazon incorpora la infraestructura satelital en operación de Globalstar, sus centros de control, las licencias de espectro MSS con autorizaciones globales y, sobre todo, la experiencia de una compañía que lleva décadas en el sector, con sus primeros lanzamientos de satélites de órbita baja en 1998.
En la práctica, Amazon suma a su red actual —más de 200 satélites ya en órbita— los aproximadamente dos docenas de satélites operativos de Globalstar, que están diseñados para ofrecer comunicaciones fiables con bajo consumo de datos. Esta constelación cubre gran parte del planeta, incluidas regiones de Estados Unidos, Canadá, Europa y buena parte de América, lo que encaja con la ambición de Amazon de tener una huella verdaderamente global.
De cara al futuro, la compañía mantiene el objetivo de desplegar alrededor de 3.200 satélites en órbita baja de aquí a 2029, con un fuerte ritmo de lanzamientos en los próximos años. Reguladores estadounidenses han exigido que cerca de la mitad de esa constelación esté operativa antes de julio de 2026, un listón que Amazon ha intentado flexibilizar pidiendo prórrogas a la FCC, al tiempo que acelera el despliegue para no quedarse rezagada.
En su documentación financiera reciente, Amazon ya reconocía un aumento cercano a los 1.000 millones de dólares en los costes de Amazon Leo frente al ejercicio anterior, señal de que el proyecto se está intensificando con independencia de la compra de Globalstar. La integración de la infraestructura y el espectro de la empresa satelital permitirá a Amazon pasar de depender de terceros proveedores a controlar directamente una parte crítica de su plataforma en órbita baja.
Esta estrategia encaja con la visión del equipo directivo de Amazon, incluido su consejero delegado Andy Jassy: internalizar capacidades clave, dominar la curva de costes y generar ventajas competitivas difíciles de replicar por los rivales. En un negocio tan intensivo en capital como el espacial, disponer de activos propios de espectro y satélites puede marcar la diferencia a medio y largo plazo.
Amazon Leo frente a Starlink: dos modelos en choque
Con esta adquisición, Amazon lanza un mensaje directo a Starlink, el servicio de SpaceX que domina hoy el negocio del internet por satélite. Starlink cuenta ya con más de 10.000 satélites en órbita y supera los 9-10 millones de usuarios activos en todo el mundo, generando ingresos anuales que se sitúan por encima de los 9.000 millones de dólares y representando entre la mitad y casi el 80% del negocio de SpaceX, según distintas estimaciones.
Hasta ahora, Starlink se ha centrado especialmente en proporcionar banda ancha de alta velocidad a hogares, empresas y comunidades remotas donde la fibra o las redes móviles tradicionales no llegan o lo hacen con baja calidad. Además, la compañía de Musk ya ha empezado a probar servicios de conexión directa al móvil (Direct-to-Cell) en colaboración con operadores como T-Mobile en Estados Unidos.
Amazon Leo, anteriormente conocido como Project Kuiper, aspira a competir en ese mismo terreno, pero la compra de Globalstar refuerza un ángulo concreto: el de la conectividad directa al dispositivo, conexión directa al móvil sin necesidad de que el usuario tenga una antena parabólica o un terminal específico. Es decir, que un móvil, un reloj, una tableta o incluso un portátil puedan comunicarse directamente con la constelación de satélites de órbita baja.
La tecnología D2D (Direct-to-Device) que Globalstar venía desarrollando, y que hoy ya sirve para funciones de seguridad y localización, será la base para el sistema satelital directo al dispositivo que Amazon planea desplegar a partir de 2028. La compañía ha adelantado que este sistema de próxima generación ofrecerá servicios de voz, datos y mensajería directamente a teléfonos y otros equipos celulares compatibles.
En palabras de Panos Panay, vicepresidente sénior de Dispositivos y Servicios de Amazon, la combinación de la experiencia técnica de Globalstar con la cultura de innovación de Amazon permitirá ofrecer servicios más rápidos y fiables en más lugares, ayudando a que millones de personas sigan conectadas aunque se desplacen fuera de la cobertura de las redes móviles convencionales. La idea es reducir la brecha de conectividad para quienes viven, viajan o trabajan lejos de las infraestructuras terrestres.
Impacto para Europa y el mercado de telecomunicaciones
El despliegue de Amazon Leo tiene implicaciones directas para Europa y España, donde todavía existen extensas zonas rurales y remotas con servicios de banda ancha limitados. La constelación de satélites de órbita baja, reforzada ahora con Globalstar, está pensada precisamente para alcanzar áreas con infraestructuras más débiles, tanto en el continente europeo como en otras regiones del mundo.
La posibilidad de ofrecer telefonía e internet por satélite directamente al dispositivo puede suponer un desafío notable para las operadoras tradicionales, que basan su negocio en redes móviles y fijas. Si los usuarios pueden mantener la comunicación incluso cuando se quedan sin cobertura terrestre, tanto en España como en otros países de la UE, el modelo de negocio de las telecos se verá obligado a adaptarse, bien sea mediante acuerdos con Amazon Leo, bien reforzando sus propios proyectos satelitales o de redes híbridas.
A corto plazo, el movimiento de Amazon también puede acelerar la competencia regulatoria y tecnológica dentro de la Unión Europea, donde ya se impulsan iniciativas propias de constelaciones de órbita baja para garantizar la autonomía estratégica en comunicaciones. La entrada de un actor global como Amazon, con la potencia financiera y tecnológica que posee, añade presión a los proyectos europeos para no quedar rezagados en este nuevo escenario.
Para el tejido empresarial europeo, especialmente en sectores como la logística, la aviación, la energía o la agricultura, la disponibilidad de conectividad continua —incluso en zonas sin cobertura móvil— abre la puerta a nuevos servicios y modelos de negocio. Desde monitorización remota de infraestructuras hasta comunicaciones críticas en transporte marítimo o terrestre, la ampliación de la red de Amazon Leo puede convertirse en una pieza relevante del puzle digital de la región.
En paralelo, Amazon ya ha empezado a presentar soluciones específicas como la Leo Aviation Antenna, una antena orientada a ofrecer acceso a internet de alta velocidad en vuelos comerciales. Este tipo de aplicaciones, que competirán directamente con las soluciones de Starlink, podrían tener impacto en aerolíneas europeas interesadas en mejorar la conectividad a bordo y en operadores regionales que buscan alternativas a los servicios satelitales tradicionales.
El papel de Apple y los servicios de emergencia vía satélite
Uno de los aspectos más llamativos de la operación es el encaje con Apple, que ya era socio clave de Globalstar. La firma de Cupertino había invertido alrededor de 1.500 millones de dólares en el operador satelital, lo que le otorgó aproximadamente un 20% de participación, a cambio de asegurar la capacidad necesaria para servicios como Emergencia SOS vía satélite en los iPhone.
Pese a este vínculo previo, Amazon y Apple han anunciado un acuerdo para mantener y ampliar la colaboración. En el corto plazo, los servicios existentes —como Emergencia SOS en los iPhone y determinadas funciones en el Apple Watch— seguirán apoyándose en la constelación de Globalstar ya desplegada, así como en los nuevos satélites que el operador tenía comprometido lanzar a órbita baja.
A medio plazo, la idea es que los futuros servicios satelitales de Apple para iPhone y Apple Watch se alimenten de la infraestructura ampliada de Amazon Leo. De este modo, Apple se asegura continuidad y mejora de sus funciones de seguridad y localización, mientras que Amazon incorpora a uno de los mayores fabricantes de dispositivos del mundo como usuario destacado de su red.
Globalstar ya presta soporte a funciones como SOS de emergencia y Buscar mi iPhone en modelos a partir del iPhone 14 y en dispositivos como el Apple Watch Ultra 3. Con el nuevo acuerdo, Amazon se compromete a seguir siendo compatible con los equipos que actualmente se conectan a la constelación de Globalstar, así como a colaborar con Apple en el desarrollo de servicios adicionales de conectividad satelital.
La alianza abre, además, la puerta a que operadores de redes móviles (MNO) de Europa y otras regiones negocien acuerdos con Amazon Leo para complementar su cobertura en zonas sin red terrestre. Para los usuarios finales, esto podría traducirse en una experiencia más transparente: el móvil cambia de antena tradicional a satélite sin que el usuario tenga que hacer nada, manteniendo la comunicación incluso en situaciones de emergencia.
Globalstar: de socio de Apple a pieza clave de Amazon Leo
Globalstar nació en los años noventa como una empresa conjunta en la que participaban compañías como Qualcomm y Loral, y lanzó sus primeros satélites de órbita baja en 1998. Su consejero delegado actual, Paul Jacobs, dirigió anteriormente Qualcomm y es hijo de Irwin Jacobs, uno de los cofundadores de la firma de chips, lo que explica en parte la fuerte orientación tecnológica del proyecto.
A finales de 2025, Globalstar contaba con cerca de 800.000 suscriptores a sus servicios de comunicaciones por satélite móvil y había dejado atrás las pérdidas operativas, logrando un beneficio operativo positivo de algo más de 7 millones de dólares, sobre unos ingresos anuales de 273 millones, un 9% más que el año anterior. Aunque estas cifras son modestas comparadas con los gigantes del sector, reflejan un negocio ya en funcionamiento y en crecimiento.
En los últimos años, la compañía se ha centrado en reforzar su constelación de órbita baja y en consolidar acuerdos con grandes socios tecnológicos, especialmente Apple. De hecho, gracias al respaldo financiero y a los compromisos de uso por parte de Apple, Globalstar inició el desarrollo de una nueva red que aspira a contar con 54 satélites, incluyendo unidades de respaldo, frente a la veintena aproximada que ya se encuentran en órbita.
Ahora, con su integración en Amazon Leo, la flota actual de satélites de Globalstar y las unidades en construcción operarán de forma coordinada con el sistema de banda ancha de Amazon y con el futuro sistema D2D. Esta combinación debería permitir a Amazon ofrecer servicios de conectividad continua —voz, datos y mensajería— a clientes particulares, empresas y administraciones públicas en prácticamente cualquier punto del planeta.
Para Globalstar, pasar a formar parte de Amazon significa contar con mayores recursos financieros y capacidades industriales para acelerar el despliegue de su red, al tiempo que se integra en una plataforma con ambiciones globales. Para Amazon, supone incorporar activos y talento que ya han demostrado su capacidad de operar servicios satelitales a escala, reduciendo el tiempo necesario para madurar Amazon Leo.
El movimiento de Amazon para hacerse con Globalstar y su espectro confirma que la conectividad basada en satélites de órbita baja se ha convertido en uno de los grandes frentes de batalla tecnológica de la próxima década. Con Starlink en pleno crecimiento y preparándose para una salida a bolsa histórica, y con episodios como la gran caída global de Starlink, y con operadores tradicionales y proyectos públicos moviendo ficha, la compra de Globalstar sitúa a Amazon en una posición mucho más sólida para disputar el liderazgo en este terreno, con efectos que se dejarán notar tanto en Europa como en el resto del mundo.

