- Apple descataloga el Mac Pro y confirma que no habrá nuevos modelos ni reemplazo directo
- El Mac Studio asume el rol de sobremesa profesional de referencia en el ecosistema Mac
- El Mac Pro llevaba años sin actualizarse al ritmo del resto de la gama, quedándose anclado en el chip M2 Ultra
- La estrategia profesional de Apple se centra ahora en equipos más compactos, eficientes y alineados con Apple Silicon

Después de dos décadas en el mercado, Apple ha decidido poner punto final al Mac Pro como línea de producto. El icónico sobremesa en formato torre, asociado históricamente al entorno profesional y creativo, ha desaparecido silenciosamente de la Apple Store y de la web oficial, también en España y en el resto de Europa.
Este movimiento consolida al Mac Studio como nuevo buque insignia de escritorio para quienes necesitan macOS con el máximo rendimiento. La compañía no solo ha retirado el Mac Pro de sus canales de venta, sino que ha confirmado a medios especializados como 9to5Mac que no contempla nuevos modelos ni un heredero directo para esta gama.
El fin del Mac Pro: una retirada definitiva
El adiós al Mac Pro no se ha hecho con grandes titulares, pero sí con una decisión clara: el equipo ha sido descatalogado en todo el mundo y cualquier intento de acceder a su página de compra redirige ahora a la sección general de ordenadores Mac. Es el cierre formal de una de las familias más emblemáticas del catálogo de sobremesa de Apple.
La propia compañía ha trasladado a medios como 9to5Mac que no hay planes internos para seguir desarrollando esta línea. Los usuarios que esperaban un modelo renovado con chips más modernos tendrán que mirar hacia otras opciones del ecosistema o, directamente, hacia la competencia si su flujo de trabajo exigía una workstation clásica con torre ampliable.
La retirada del producto ha llegado tras un periodo prolongado de estancamiento. El último Mac Pro basado en Apple Silicon se quedó clavado en el chip M2 Ultra de 2023, mientras el resto de la gama de sobremesa avanzaba con procesadores más recientes. Ese desfase tecnológico, sumado a su precio elevado, acabó convirtiéndolo en una anomalía dentro del catálogo.
En el mercado español y europeo, la situación era especialmente llamativa: los precios de partida superaban con holgura los 7.000 u 8.000 euros en función de la configuración, y en sus versiones más ambiciosas se situaba en cifras propias de un coche de alta gama. Para muchas empresas, justificar esa inversión se volvió complicado frente a alternativas más compactas y modernas.
Con su salida, Apple cierra la etapa de la torre profesional tradicional en su gama Mac. El Mac Pro deja de estar disponible no solo en la tienda online, sino también en el canal oficial de distribución, y la compañía ha dejado claro que no trabaja en un relevo directo para este modelo.
Veinte años de historia: del Power Mac a Apple Silicon
El recorrido del Mac Pro arranca en 2006, cuando Apple lo presenta como su gran apuesta para profesionales que venían del Power Mac G5. Coincidiendo con la transición a procesadores Intel, este sobremesa se orientó desde el principio a estudios de vídeo, sonido, diseño 3D y servidores internos de empresas.
Durante su primera etapa con procesadores Intel Xeon, los modelos de finales de la década de 2000 se ganaron fama de máquinas robustas y muy escalables. El formato torre permitía ampliar memoria, almacenamiento y tarjetas de expansión, lo que daba margen para prolongar su vida útil y adaptarlo a proyectos cada vez más exigentes.
El gran giro llegó en 2013, cuando Apple apostó por un rediseño extremo con el Mac Pro cilíndrico, conocido popularmente como “la papelera”. Aquel equipo rompió con la torre clásica y redujo drásticamente la posibilidad de añadir componentes internos mediante ranuras PCIe, apoyándose más en accesorios externos. El experimento no cuajó entre muchos profesionales, que criticaron sus limitaciones térmicas y su escasa capacidad de crecimiento.
Tras reconocer de forma inusual que la apuesta de 2013 no había salido como se esperaba, la compañía introdujo el iMac Pro como solución de transición. Sin embargo, ese todo-en-uno de alta gama nunca llegó a sustituir realmente el papel del Mac Pro tradicional y terminó desapareciendo también del catálogo tras una única generación.
En 2019 Apple regresa al formato de torre metálica con un Mac Pro completamente rediseñado, con chasis de aluminio perforado, asas y pies, y configuraciones que podían alcanzar hasta 1,5 TB de memoria RAM y múltiples ranuras PCIe. Fue el último gran exponente de la filosofía de sobremesa ampliable en el universo Mac, y el último modelo en montar procesadores Intel Xeon antes de la transición total a Apple Silicon.
Del M2 Ultra al estancamiento: un producto fuera de sitio
La llegada de los chips Apple Silicon parecía ofrecer un nuevo futuro para la gama. En 2023, Apple lanzó un Mac Pro con procesador M2 Ultra, combinando la arquitectura propia de la compañía con el histórico chasis modular de 2019. Sobre el papel, se presentaba como la culminación de ambas filosofías.
Sin embargo, el movimiento duró poco. Mientras el Mac Pro mantenía el M2 Ultra sin nuevas revisiones, el Mac Studio fue actualizándose con procesadores de última generación, como el M3 Ultra e incluso variantes más recientes en algunos mercados. Esa falta de actualización dejó al Mac Pro descolgado, con un hardware potente pero ya no diferencial frente a otros modelos más compactos.
Esa asimetría se veía también en el posicionamiento de precios. El sobremesa en torre partía de cifras superiores a los 7.000 u 8.300 euros en muchas configuraciones europeas, llegando a superar con facilidad los 60.000 euros en opciones máximas con grandes cantidades de memoria y almacenamiento. El valor percibido frente a un Mac Studio mucho más barato y más fresco en especificaciones se fue erosionando.
A la ecuación se sumaron factores externos, como la subida continuada del coste de la memoria RAM y otros componentes profesionales. Un hipotético Mac Pro con el hardware de última generación habría disparado aún más el precio final, situándolo en un rango al alcance de un número muy reducido de estudios o empresas.
Todo ello contribuyó a que el Mac Pro se convirtiera en el sobremesa menos vendido de la familia Mac, un producto muy de nicho que exigía un esfuerzo de desarrollo y fabricación considerable para un público cada vez más pequeño. En paralelo, el resto de la gama de sobremesa y portátil ganaba potencia y claridad de posicionamiento dentro de la estrategia Apple Silicon.
El Mac Studio toma el testigo en la gama profesional
Con la desaparición del Mac Pro, Apple reordena la parte alta de su catálogo de sobremesa y sitúa al Mac Studio como referencia indiscutible para usos profesionales. Este equipo, inspirado en el formato del Mac mini pero con un chasis más alto, combina un tamaño contenido con configuraciones muy potentes basadas en la familia de chips M.
En sus versiones más avanzadas, el Mac Studio puede montar CPU de hasta 32 núcleos, GPU de 80 núcleos, hasta 256 GB de memoria unificada y 16 TB de almacenamiento SSD. Especificaciones que, sobre el papel, lo colocan al nivel o incluso por encima de algunos Mac Pro anteriores, pero en un volumen físico muy inferior y con un coste notablemente más ajustado.
La estrategia de Apple pasa por ofrecer un equipo cerrado, con menos complejidad industrial y ciclos de actualización más ágiles. El modelo se adapta mejor al diseño de Apple Silicon, donde CPU, GPU y memoria comparten un mismo paquete, reduciendo el papel de las ampliaciones tradicionales mediante módulos independientes.
Eso no significa que todo el mundo salga ganando. La capacidad de expansión interna del Mac Studio está muy por debajo de la que ofrecía el Mac Pro, sobre todo para quienes dependían de múltiples tarjetas PCIe especializadas o de un gran número de unidades de almacenamiento internas. Para ese tipo de usuario, la transición supone renunciar a parte de la flexibilidad histórica.
Apple intenta compensar en parte esa pérdida con nuevas funciones de software y conectividad. Con versiones recientes de macOS, la compañía ha introducido tecnologías de baja latencia, como el uso de RDMA sobre Thunderbolt en determinadas configuraciones, que permiten conectar varios Mac y escalar rendimiento de forma distribuida. No sustituye todos los escenarios de una torre extrema, pero sí apunta a un modelo en el que es posible sumar máquinas en red en lugar de concentrarlo todo en una única estación de trabajo.
Una gama Mac más clara: sobremesas y portátiles bien delimitados
La salida del Mac Pro también ayuda a simplificar la oferta. En el segmento de escritorio, la línea queda estructurada en torno a tres escalones principales: iMac de 24 pulgadas, Mac mini y Mac Studio, todos ellos basados en procesadores de la serie M.
El iMac de 24 pulgadas sirve como puerta de entrada todo-en-uno para quien busca un equipo de sobremesa con pantalla integrada y un rendimiento más que suficiente para tareas generales y creativas de nivel medio. El Mac mini, por su parte, actúa como sobremesa compacto y versátil, con variantes que pueden incorporar chips M4 o M4 Pro según la configuración.
En la cima del escritorio se sitúa el Mac Studio, orientado a profesionales que demandan máxima potencia pero no necesitan el formato torre tradicional. Este modelo se combina con monitores dedicados como el Studio Display y el Studio Display XDR, diseñados para ajustar mejor las necesidades de color, brillo y conectividad de los flujos de trabajo de vídeo, fotografía o postproducción.
En movilidad, Apple completa el ecosistema con tres familias de portátiles: desde opciones más contenidas en precio como el MacBook Neo, pasando por el MacBook Air como término medio entre ligereza y potencia, hasta las configuraciones más avanzadas del MacBook Pro para quienes necesitan trabajar lejos del escritorio sin renunciar a un alto rendimiento.
Con esta reorganización, la gama Mac queda más clara para el usuario europeo que se acerca a la marca por primera vez: hay alternativas en casi todos los rangos de presupuesto y potencia, tanto en sobremesa como en portátil, sin un producto tan singular y caro como el Mac Pro ocupando un espacio difícil de encajar.
Un nicho pequeño, pero cargado de simbolismo
Pese a que el Mac Pro nunca fue un superventas en términos de unidades, su impacto en la imagen de marca era notable. La torre profesional se asociaba a estudios de cine, productoras musicales, agencias de diseño y entornos de creación de alto nivel. Ver un Mac Pro en un estudio transmitía una cierta idea de apuesta por lo máximo que ofrecía Apple.
Con su retirada, la compañía se aparta de un segmento muy reducido pero altamente simbólico. Para la mayoría de usuarios avanzados, el Mac Studio o incluso algunos portátiles MacBook Pro serán suficientes, pero para ese grupo que valoraba por encima de todo el formato, la expansión y la filosofía de workstation clásica, el cierre del Mac Pro supone un antes y un después.
Fuentes como el periodista Mark Gurman, de Bloomberg, ya habían adelantado meses atrás que en Cupertino no existían planes para seguir evolucionando el Mac Pro en formato torre. Los hechos han terminado confirmando ese rumbo: no hay sustituto, solo un cambio de enfoque hacia hardware más compacto y módulos conectados entre sí.
Algunos profesionales, especialmente en Europa, donde la inversión en equipos de gama muy alta se mira con lupa, podrían optar ahora por revisar propuestas de estaciones de trabajo Windows o Linux que todavía apuestan por torres ampliables con precios más ajustados en ciertas configuraciones. Otros, en cambio, migrarán al Mac Studio y reorganizarán su flujo de trabajo en torno a esa máquina.
Con todo este contexto, el movimiento de Apple deja un mensaje claro: la era de la workstation modular clásica en el ecosistema Mac llega a su fin. El Mac Pro se despide tras 20 años como referencia de potencia bruta, y cede el protagonismo a un catálogo donde mandan los chips Apple Silicon, los formatos compactos y la escalabilidad basada más en la integración que en las ampliaciones internas tradicionales.
