- La firma británica Oxford Quantum Circuits invertirá 92 millones de euros para poner en marcha su mayor centro de desarrollo y fabricación mundial.
- Se prevé que el proyecto genere más de 200 empleos cualificados en un periodo de cinco años, reforzando el ecosistema tecnológico local.
- La iniciativa cuenta con un fuerte respaldo del sector público a través de Cofides, que aporta 46 millones de euros para asegurar la soberanía digital europea.
- Barcelona ha superado a otras capitales europeas como Múnich o París gracias a su capacidad de atracción de talento y su sólida red científica.
Barcelona ha dado un golpe sobre la mesa en la carrera tecnológica mundial al confirmarse que albergará la infraestructura más ambiciosa de la compañía Oxford Quantum Circuits (OQC) fuera del Reino Unido. Este movimiento no es moco de pavo, ya que supone la creación del mayor centro de computación cuántica del sur de Europa, una instalación que no solo se dedicará a la investigación, sino que será el primer punto del planeta donde la firma fabrique sus propios ordenadores cuánticos a gran escala. La apuesta es total y sitúa a la capital catalana en el mapa de las tecnologías que definirán el futuro de sectores tan críticos como la medicina o las finanzas.
La llegada de esta spin-off de la Universidad de Oxford no ha sido fruto de la casualidad, sino de un intenso trabajo de captación en el que han remado juntas varias administraciones. Con una inversión prevista de 92 millones de euros, la empresa tiene en mente que este centro, bautizado oficialmente como OQC Global Quantum Development & Manufacturing Centre, empiece a tomar forma durante el último tramo de este año. La idea es que la planta esté a pleno rendimiento en un plazo razonable, sirviendo como punta de lanza para que Europa deje de mirar de reojo a otras potencias y empiece a fabricar su propia tecnología estratégica en casa.
Un impulso económico y laboral de primer nivel

El impacto económico no se limita solo a los salarios. Según las estimaciones que maneja la gestora público-privada Cofides, el beneficio indirecto para la región podría rondar los 275 millones de euros en los próximos cinco años. Es un círculo virtuoso de manual: la excelencia atrae infraestructuras, estas traen empresas y las empresas, al final, consiguen que el talento nacional no tenga que hacer las maletas para trabajar en proyectos de primerísima línea. Es, en definitiva, sembrar para recoger una cosecha de soberanía tecnológica en un campo donde la competencia es feroz.
El respaldo público como garantía de éxito

La colaboración institucional ha sido la tónica dominante en este anuncio. Desde la Generalitat de Catalunya hasta el Ayuntamiento de Barcelona, pasando por agencias como ACCIÓ y Barcelona Global, todos han querido arrimar el hombro para que la ciudad fuera la elegida frente a otras candidatas de peso como Múnich, Copenhague o París. Salvador Illa ha destacado que, cuando se trabaja de la mano entre el sector público y el privado, se pueden conseguir hitos que antes parecían inalcanzables, reforzando esa imagen de Barcelona como una capital científica y tecnológica de referencia en el Mediterráneo.
¿Qué se hará exactamente en este centro?

Las aplicaciones prácticas de lo que salga de estas instalaciones son casi infinitas. Estamos hablando de acelerar la búsqueda de nuevos fármacos, optimizar las redes de energía para que sean más eficientes o crear modelos de inteligencia artificial mucho más potentes y precisos. Al tener este centro en casa, las empresas locales de sectores como el financiero o el energético tendrán a tiro de piedra una tecnología que hasta hace nada parecía ciencia ficción, facilitando que la innovación se quede y se desarrolle en territorio europeo.
