Centrales fotovoltaicas y solares: tipos, funcionamiento y grandes plantas

Última actualización: abril 17, 2026
  • Las centrales fotovoltaicas convierten la radiación solar en electricidad mediante módulos, inversores y centros de transformación conectados a la red.
  • Existen diversos tipos de centrales solares: fotovoltaicas, termosolares de torre, concentración lineal y sistemas de colectores planos o de vacío.
  • España alberga algunas de las plantas fotovoltaicas más grandes de Europa, como Francisco Pizarro, Núñez de Balboa, Mula, Talayuela y Cabrera Solar.
  • Las centrales solares reducen emisiones y dependencia de fósiles, aunque requieren grandes superficies y una correcta gestión ambiental y de residuos.

Centrales fotovoltaicas y solares

Las centrales fotovoltaicas y otras centrales solares se han convertido en uno de los pilares de la transición energética. En pocos años han pasado de ser algo casi experimental a formar parte del paisaje de muchas zonas rurales y periurbanas, dando una nueva vida a terrenos antes sin uso y aportando electricidad limpia a la red. Hoy en día, hablar de centrales solares ya no es ciencia ficción, sino una realidad industrial muy potente.

En España, el crecimiento de las plantas fotovoltaicas de gran tamaño ha sido espectacular, con instalaciones que están entre las mayores de Europa y del mundo. Al mismo tiempo, en paralelo se han desarrollado plantas integradas en edificios, proyectos de autoconsumo y otras tecnologías solares como la termosolar de torre central o los sistemas de colectores. A continuación tienes una guía muy completa, con lenguaje llano, para entender qué son, cómo funcionan, qué tipos hay y cuáles son algunas de las plantas más destacadas.

Qué es exactamente una central fotovoltaica

Una central fotovoltaica es una instalación formada por módulos o paneles solares que convierten directamente la radiación del Sol en electricidad mediante el llamado efecto fotovoltaico. Esa energía eléctrica suele inyectarse a la red de distribución como si se tratara de una central de producción convencional (térmica, hidráulica, etc.), aunque también puede destinarse total o parcialmente al autoconsumo en el propio lugar donde se genera.

En una central de este tipo, la energía generada se produce en corriente continua, por lo que necesita pasar por inversores que la transforman en corriente alterna con las mismas características (tensión, frecuencia) que la de la red. A partir de ahí, se mide, se protege y se eleva de tensión si hace falta, para poder transportarla hasta los puntos de consumo de forma segura y eficiente.

Las potencias habituales de las plantas fotovoltaicas varían muchísimo: desde pequeñas instalaciones de unos 2,5 kW a 5 kW (típicas de viviendas, comercios o pequeños negocios), hasta plantas industriales de decenas o cientos de megavatios, propiedad de compañías eléctricas u operadores especializados. De hecho, hay centrales que superan de largo los 500 MWp instalados.

Estas instalaciones pueden encontrarse tanto en lugares aislados sin consumo cercano (por ejemplo, una “huerta solar” en una finca rústica) como integradas en edificios que sí tienen demanda eléctrica, como naves industriales, centros comerciales o aparcamientos cubiertos con paneles.

Planta fotovoltaica a gran escala

Tipos de centrales fotovoltaicas según su objetivo

El diseño y el planteamiento económico de una central fotovoltaica cambian mucho según si su objetivo principal es vender toda la energía a la red o si se orienta al autoconsumo. A grandes rasgos, pueden distinguirse dos enfoques principales.

Central fotovoltaica para vertido total a red

En una planta concebida para el vertido íntegro de la energía a la red eléctrica, el propietario de la instalación no depende de la producción solar para su consumo habitual. Sigue comprando la electricidad a la distribuidora con la tarifa que tenga contratada, y a la vez es productor: vende a la red toda la energía que generan los paneles a un precio regulado o pactado en el mercado.

En este esquema, la rentabilidad depende de factores como la irradiación solar del emplazamiento, el precio de la electricidad, los costes de inversión, la financiación y las posibles ayudas o incentivos. El consumo local que haya cerca de la planta es irrelevante, porque la instalación funciona como una central puramente generadora.

Central fotovoltaica para autoconsumo total o parcial

En el caso del autoconsumo fotovoltaico, parte o toda la energía que generan los paneles se aprovecha directamente en el propio edificio, industria o complejo donde están instalados. El beneficio no viene tanto por la venta de energía, sino por el ahorro en la factura de la luz, al dejar de comprar a la red los kilovatios hora que se cubren con fotovoltaica.

Cuando existe autoconsumo, los sistemas de medida suelen ser contadores bidireccionales, capaces de registrar tanto la energía que se toma de la red como la que se exporta cuando hay excedentes. Además del ahorro económico, estas instalaciones suponen una mejora ambiental clara, ya que la electricidad usada pasa a tener un origen renovable y libre de emisiones directas.

Ubicaciones típicas de las plantas fotovoltaicas

Las centrales fotovoltaicas pueden montarse sobre suelos sin edificar o integrarse de diversas formas en construcciones ya existentes. Cada tipo de emplazamiento tiene sus peculiaridades técnicas y urbanísticas.

Plantas fotovoltaicas en viviendas y pequeños edificios

Las instalaciones en tejados de viviendas, terrazas o cubiertas de pequeños edificios suelen ser de potencia moderada y están conectadas a la red de distribución. Se aprovecha la superficie disponible en la cubierta para colocar sistemas modulares de fácil montaje, habitualmente sobre estructuras prefabricadas de aluminio, con la inclinación y orientación que maximice la producción anual.

En este ámbito, lo más frecuente hoy en día es el autoconsumo doméstico, con o sin compensación de excedentes, aunque también puede darse el caso de instalaciones puramente de venta de energía, especialmente en comunidades de propietarios o negocios con superficies grandes de tejado.

Plantas de producción en suelo: “huertas solares”

Las llamadas huertas solares son plantas industriales construidas sobre terrenos rústicos o rurales no aprovechados para otros usos. Suelen ocupar extensiones importantes y agrupan un gran número de seguidores solares o estructuras fijas con miles de módulos fotovoltaicos. Su objetivo principal es inyectar grandes cantidades de energía a la red.

En áreas urbanas o periurbanas también se instalan plantas de producción en grandes cubiertas, por ejemplo sobre aparcamientos o naves logísticas. En estos casos, la cubierta adquiere un valor añadido: además de proteger de la lluvia o el sol, se convierte en superficie generadora de electricidad.

Integración arquitectónica: fotovoltaica como parte del edificio

Otra línea de desarrollo es la integración fotovoltaica en edificios, donde se sustituyen elementos constructivos tradicionales (fachadas, muros cortina, pérgolas, parasoles, etc.) por sistemas que incorporan células solares. Así, el edificio no solo consume energía, sino que además genera parte de ella de manera distribuida.

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Este enfoque, conocido a menudo como BIPV (Building Integrated Photovoltaics), combina diseño arquitectónico y producción energética, y puede contribuir tanto al autoconsumo como a la mejora de la calificación energética de los inmuebles.

Elementos principales de una planta fotovoltaica conectada a red

Más allá de los paneles que solemos ver en las fotos, una central fotovoltaica está compuesta por varios subsistemas que trabajan en conjunto para captar la radiación, transformarla, acondicionarla y entregarla a la red en condiciones adecuadas.

Generador fotovoltaico: módulos y campo solar

El núcleo del sistema es el generador fotovoltaico. Las células solares individuales se agrupan y se encapsulan en módulos fotovoltaicos que las protegen de la intemperie. A su vez, los módulos se conectan en serie y paralelo, formando cadenas y campos completos que proporcionan la tensión y la corriente requeridas.

La electricidad producida por estos módulos es en corriente continua y su magnitud depende directamente de factores como la irradiación solar, la temperatura ambiente, las pérdidas en el cableado y la suciedad acumulada sobre los paneles. Por eso es tan importante el diseño eléctrico y el mantenimiento periódico del campo solar.

Estructuras de soporte y seguidores solares

Los módulos se montan sobre estructuras de aluminio o acero, que pueden ser fijas (con una inclinación determinada) o contar con sistemas de seguimiento solar, conocidos como seguidores. Estos seguidores orientan los paneles a lo largo del día para aprovechar mejor la posición del Sol y maximizar la producción de energía.

En muchos proyectos de gran tamaño se utilizan seguidores en uno o dos ejes, que mejoran el rendimiento anual, aunque también incrementan la complejidad mecánica y el coste de la instalación. En cubiertas de edificios, lo habitual son estructuras prefabricadas fijas, por sencillez y por las limitaciones estructurales de las azoteas.

Cableado y conexiones eléctricas

El cable solar es el encargado de transportar la corriente desde los módulos hasta los inversores y, de ahí, al centro de transformación. Debe estar preparado para soportar la radiación UV, las condiciones meteorológicas y las corrientes de trabajo continuadas sin degradarse.

Un diseño adecuado de secciones de cable, fusibles, protecciones y cajas de conexión reduce las pérdidas por efecto Joule y evita sobrecalentamientos y fallos prematuros. La calidad del cableado y de las conexiones es clave para que la planta funcione muchos años sin problemas.

Inversores: del continuo a la corriente alterna

El siguiente elemento esencial son los inversores solares. Estos equipos convierten la corriente continua que suministran los paneles en corriente alterna sincronizada con la red. Además, incorporan funciones de protección, seguimiento del punto de máxima potencia (MPPT) y supervisión del estado de la instalación.

Existen distintas topologías de inversores (centralizados, string, con o sin transformador, etc.), seleccionadas en función de la potencia total, la configuración del campo solar y los requisitos del proyecto. En plantas grandes es común utilizar una combinación de inversores de cierta potencia conectados a centros de transformación repartidos por la planta.

Centro de transformación y conexión a la red

En instalaciones de tamaño medio y grande, la energía alterna procedente de los inversores pasa a un centro de transformación, donde se adapta la tensión a los niveles requeridos por la red de distribución o transporte. Esto se consigue mediante transformadores elevadores y celdas de media tensión con sus protecciones asociadas.

En instalaciones de autoconsumo pequeñas, este centro no siempre es necesario, ya que la planta puede conectarse directamente a la red interior del edificio a baja tensión. Pero en grandes centrales es una pieza imprescindible para el vertido seguro y regulado de cientos de megavatios.

Sistemas de protección y medida

Una central fotovoltaica integra un conjunto amplio de protecciones eléctricas (magnetotérmicos, diferenciales, seccionadores, protecciones de sobretensión y sobreintensidad, relés de protección, etc.) que salvaguardan a las personas, a los equipos y a la propia red ante fallos o anomalías.

Igualmente importante es el sistema de medida. En plantas de venta a red, se instalan contadores para registrar con precisión la energía exportada. Cuando hay autoconsumo, estos contadores suelen ser bidireccionales para medir por separado la energía que se toma de la red y la que se inyecta a la misma, lo que permite facturar adecuadamente y, cuando proceda, aplicar compensaciones por excedentes.

Baterías y almacenamiento (cuando se requiere)

En algunos proyectos, especialmente los aislados de red o aquellos que buscan una mayor gestión de la energía generada, se incorporan . Su función es almacenar la electricidad sobrante durante las horas de máxima producción para utilizarla más tarde, cuando no hay sol o la demanda es superior a la generación.

En plantas conectadas a red, el uso de baterías a gran escala todavía es menos habitual por motivos de coste, aunque empieza a ganar peso como complemento para mejorar la estabilidad de la red y participar en servicios de regulación o respaldo.

Tipos de centrales solares más habituales

Además de las fotovoltaicas “puras”, existen otras tecnologías de centrales que también aprovechan la radiación solar, ya sea para generar electricidad o para producir calor de proceso. A continuación se describen los cinco tipos de centrales solares más comunes en la actualidad.

Centrales solares fotovoltaicas

Las centrales solares fotovoltaicas convierten la luz directamente en electricidad mediante paneles formados por células de material semiconductor. Estas centrales se han beneficiado de una bajada espectacular de costes en la última década y se han consolidado como una de las tecnologías renovables más competitivas, especialmente en regiones con alta irradiación solar.

Su modularidad permite desde pequeñas instalaciones en tejado hasta megaplantas en suelo de varios cientos de megavatios, como algunas de las que se describen más adelante en el caso de España.

Sistemas con colector solar plano convencional

Los colectores solares planos son dispositivos que captan la energía solar para calentar un fluido (normalmente agua o una mezcla de agua y anticongelante). Aunque no suelen usarse de forma directa para producir electricidad, sí tienen aplicaciones masivas en calentamiento de agua sanitaria o de procesos en viviendas, hoteles, hospitales o industrias.

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El calor obtenido puede, en algunos diseños, integrarse en ciclos de generación eléctrica de baja potencia, aunque su uso más común es para suplir demandas térmicas, reduciendo el consumo de combustibles fósiles.

Colectores solares de vacío

Los colectores de tubos de vacío son una versión más eficiente de los planos. Al disponer de un vacío alrededor del tubo por el que circula el fluido, reducen de forma notable las pérdidas de calor al ambiente, lo que les permite alcanzar temperaturas mucho más altas y mantener un rendimiento aceptable en climas fríos o con vientos intensos.

Son especialmente interesantes en aplicaciones donde se requiere calor de media-alta temperatura, como ciertos procesos industriales, e incluso pueden integrarse en sistemas de generación termoeléctrica de pequeña escala.

Centrales solares de concentración lineal

Las centrales de concentración solar lineal (por ejemplo, colectores cilindro-parabólicos) utilizan filas de espejos o lentes que se orientan para concentrar la luz del Sol en una línea donde se sitúa un tubo receptor. Dentro de ese tubo circula un fluido de transferencia de calor (aceite térmico, sales fundidas u otros), que se calienta hasta altas temperaturas.

Ese fluido caliente se dirige posteriormente a un generador de vapor, que a su vez alimenta una turbina y un alternador para producir electricidad. Se trata de una tecnología especialmente adecuada para grandes plantas en zonas con mucha radiación directa, aunque sus costes siguen siendo, en general, superiores a los de la fotovoltaica pura.

Hornos solares de torre central

Los conocidos como hornos solares de torre central, o plantas de energía solar de torre, se basan en un campo de heliostatos: espejos móviles de gran tamaño que siguen al sol en dos ejes y reflejan su luz hacia un receptor situado en lo alto de una torre.

En ese receptor se calienta un fluido (sales fundidas u otro medio térmico) hasta temperaturas muy elevadas. El calor almacenado se utiliza para generar vapor y mover una turbina, como en una central termoeléctrica clásica, pero con la fuente de calor procedente del Sol. Esta tecnología permite alcanzar altas eficiencias y facilita el almacenamiento térmico, de modo que la planta puede seguir produciendo electricidad incluso después de la puesta de sol.

Cómo funciona una central termosolar de torre central

Dentro de las tecnologías de concentración, la central termosolar de torre es una de las más llamativas desde el punto de vista visual y técnico. Su funcionamiento gira en torno a un gran campo de espejos direccionales y una torre central que aloja el receptor y la caldera.

Los heliostatos, distribuidos en una extensa superficie, se ajustan continuamente para reflejar los rayos solares hacia la parte superior de la torre. Allí, en el receptor/caldera, la radiación concentrada calienta un fluido térmico (sales o aceite), que se conduce a un generador de vapor para transferir su calor a un segundo fluido, típicamente agua, convirtiéndolo en vapor a alta presión.

El vapor entra en una turbina acoplada a un alternador, donde su energía térmica y de presión se transforma en energía mecánica y, finalmente, en electricidad que se inyecta a la red. Tras pasar por la turbina, el vapor se enfría en un condensador, vuelve a estado líquido y el ciclo se repite una y otra vez.

Dado que la producción depende directamente de las horas de insolación, muchas centrales termosolares incorporan sistemas de almacenamiento térmico intercalados en el circuito, que permiten acumular calor cuando hay mucho sol y liberarlo más tarde, alargando las horas de funcionamiento de la planta.

Limitaciones de las centrales termosolares

A pesar de sus ventajas, las centrales termosolares se enfrentan a varias barreras relevantes. En el plano económico, sus costes de inversión y operación siguen siendo elevados respecto a otras renovables, lo que dificulta su competitividad sin apoyos o marcos regulatorios específicos.

Desde el punto de vista tecnológico, aún se necesitan mejoras para aumentar la eficiencia de la concentración y el almacenamiento, al tiempo que se reducen pérdidas y se alarga la vida útil de los materiales sometidos a temperaturas muy altas.

A esto se suma la estacionalidad y variabilidad de la radiación solar, que introduce incertidumbres en la producción y obliga a planificar con cuidado la operación de estas plantas en el sistema eléctrico, especialmente cuando su penetración aumenta.

Parques fotovoltaicos: funcionamiento básico

Un parque fotovoltaico es, en esencia, una gran concentración de paneles solares con todos los equipos necesarios para convertir la luz del Sol en energía eléctrica utilizable en la red. El principio físico que lo hace posible es el efecto fotovoltaico.

Este efecto se produce cuando la radiación luminosa (fotones) incide sobre una estructura de material semiconductor con una unión interna (la célula fotovoltaica). Parte de esa energía es absorbida por los electrones de las capas más externas de los átomos, que adquieren energía suficiente para moverse y generar una corriente eléctrica.

Las células se conectan en serie para formar módulos, y estos módulos se agrupan en cadenas y campos que constituyen las placas o paneles fotovoltaicos visibles. La corriente continua generada se lleva primero a un armario de corriente continua o caja de agrupación, y desde ahí a los inversores, que transforman esa corriente en alterna.

Finalmente, la energía alterna se conduce a un centro de transformación, donde se adapta su tensión, y se integra en las líneas de transporte o distribución de la red eléctrica. A partir de ahí, puede viajar decenas o cientos de kilómetros hasta los puntos de consumo.

Retos y mejoras pendientes en los parques fotovoltaicos

Aunque la tecnología fotovoltaica ha avanzado muchísimo, todavía queda margen para optimizar la eficiencia de las células y de los módulos completos. Llegar a porcentajes de conversión elevados con costes sostenidos es uno de los grandes objetivos actuales de la industria.

También se sigue trabajando en aspectos como la fiabilidad a largo plazo, la tolerancia a la sombra parcial, la reducción de pérdidas por temperatura y la integración con sistemas de almacenamiento, que permitirán mejorar aún más su aportación al sistema energético.

Grandes plantas fotovoltaicas en España

España ha sido y vuelve a ser uno de los países de referencia en grandes plantas fotovoltaicas. Tras un periodo de parón regulatorio, el sector ha retomado el impulso y hoy el país alberga varias de las instalaciones solares más grandes de Europa.

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Planta fotovoltaica Francisco Pizarro (Cáceres)

La planta Francisco Pizarro, situada entre los municipios de Torrecillas de la Tiesa y Aldeacentenera (Cáceres, Extremadura), es una de las mayores centrales fotovoltaicas de Europa. Cuenta con una capacidad instalada de aproximadamente 590 MWp y ocupa unas 1.300 hectáreas de superficie.

Dispone de en torno a 1,5 millones de paneles solares montados sobre 13.724 seguidores, que ajustan la posición de los módulos para optimizar la producción según la trayectoria del Sol. La inversión necesaria para su construcción superó los 300 millones de euros, lo que da una idea de la escala del proyecto.

Planta fotovoltaica Núñez de Balboa (Badajoz)

La planta Núñez de Balboa, desarrollada por Iberdrola en el municipio de Usagre (Badajoz), se considera una de las mayores plantas fotovoltaicas de toda Europa. Inaugurada en 2020, dispone de una capacidad instalada cercana a los 500 MWp y una potencia máxima de conexión a la red de 391 MW.

Su producción es suficiente para abastecer de energía limpia a unas 250.000 personas, evitando la emisión de alrededor de 215.000 toneladas de CO₂ al año. Es un ejemplo claro de cómo estas infraestructuras pueden contribuir de forma notable a la descarbonización del sistema eléctrico.

Central solar fotovoltaica Mula (Murcia)

La central fotovoltaica de Mula, en la Región de Murcia, fue construida por Cobra (Grupo ACS) y llegó a liderar el ranking de mayores plantas solares en España y Europa antes de la entrada en operación de Núñez de Balboa.

Con una capacidad de producción de hasta 494 MW, se inauguró en julio de 2019 y marcó un hito en el desarrollo de grandes instalaciones fotovoltaicas a escala europea, demostrando la viabilidad de proyectos de esta envergadura tanto técnica como financieramente.

Planta fotovoltaica Talayuela Solar (Cáceres)

Talayuela Solar, ubicada en el municipio de Talayuela (Cáceres, Extremadura), destaca tanto por su capacidad como por su enfoque de sostenibilidad ambiental. Dispone de una potencia instalada de unos 300 MWp y una producción anual estimada en torno a 500 GWh.

Esa energía permite suministrar electricidad a unos 148.000 hogares al año, evitando más de 100.000 toneladas de CO₂. La planta ocupa unas 820 hectáreas, de las cuales 312 se han destinado a zonas de protección ambiental dentro de la dehesa extremeña. Comenzó a operar a inicios de 2021.

Planta fotovoltaica Cabrera Solar (Sevilla)

Cabrera Solar es uno de los proyectos solares más relevantes de Andalucía. Se encuentra en el municipio de Alcalá de Guadaira (Sevilla) y cuenta con una capacidad instalada de 200 MW, repartidos en cuatro plantas de 50 MW cada una: Cerrado Cabrera, El Primo Alemán, Haza de los Sesenta y Los González.

La producción anual estimada ronda los 400 GWh, suficiente para abastecer a aproximadamente 120.000 hogares, lo que se traduce en una reducción de emisiones cercana a 80.000 toneladas de CO₂ al año. La instalación se extiende sobre unas 400 hectáreas y comenzó su operación en octubre de 2020.

Otras plantas fotovoltaicas que marcaron un hito

Además de estas grandes instalaciones, en España hay otras plantas que han tenido un papel destacado en la historia reciente de la fotovoltaica por su tamaño o características pioneras.

La planta Don Rodrigo, en Sevilla, con unas 300 hectáreas de superficie entre los términos de Alcalá de Guadaira y Utrera, fue en su momento una de las mayores de Europa. Dispone de unos 174 MW de potencia instalada y más de medio millón de módulos solares. El proyecto contó con una inversión de la alemana BayWa.re, que también desarrolló una planta adicional de 50 MW asociada.

El complejo Picón I, II y III, en Ciudad Real, es el mayor parque fotovoltaico de Castilla-La Mancha. Impulsado por Naturgy, está formado por tres proyectos de 50 MW de potencia instalada cada uno, sumando una producción de alrededor de 310 GWh anuales, capaces de cubrir el consumo eléctrico de unas 88.500 viviendas.

Por su parte, el parque fotovoltaico El Bonal de Puertollano (Ciudad Real), desarrollado por Renovalia Energy Group, integra cinco plantas con una potencia total de 79,2 MWp. Gracias a su producción, puede generar alrededor de 118.000 MWh al año, suficiente para satisfacer las necesidades energéticas de unas 146.000 personas, vendiendo directamente al mercado la energía producida.

Impacto ambiental de las centrales solares

Las centrales solares, tanto fotovoltaicas como termosolares, forman parte del grupo de energías renovables que no generan emisiones atmosféricas durante su operación ni producen vertidos líquidos contaminantes. Además, al sustituir a centrales de combustibles fósiles, contribuyen a reducir de forma notable la huella de carbono del sistema energético.

Sin embargo, no están exentas de impactos ambientales. Las grandes plantas termosolares y fotovoltaicas requieren extensas superficies de terreno, lo que puede alterar el paisaje y afectar a ecosistemas locales si el diseño y la ubicación no se planifican con cuidado. Por ello, cada vez se presta más atención a la integración ambiental, la creación de corredores ecológicos y la compatibilización con usos como la ganadería extensiva.

Otro aspecto relevante es la gestión de residuos al final de la vida útil de las instalaciones, especialmente en el caso de los módulos fotovoltaicos. Aunque ya existen procesos de reciclaje para gran parte de sus componentes (vidrio, aluminio, silicio, etc.), es necesario seguir avanzando en la mejora de las tasas de recuperación y en la implantación de sistemas de responsabilidad ampliada del productor.

En conjunto, las centrales solares se han consolidado como una pieza clave para un sistema eléctrico más limpio y sostenible. Desde pequeños tejados de viviendas hasta gigantescos parques en suelo, pasando por plantas termosolares de torre y sistemas de concentración, todas estas tecnologías comparten un objetivo: aprovechar una fuente inagotable y accesible como el Sol para cubrir nuestras necesidades energéticas con el mínimo impacto posible, siempre que se planifiquen, diseñen y gestionen con criterios técnicos y ambientales rigurosos.

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