- La UPV lidera Q-FACE, un proyecto para enlazar ordenadores cuánticos con la fibra óptica ya desplegada.
- El sistema se basa en una interfaz que convierte señales de microondas cuánticas en luz óptica y al revés.
- La Comunitat Valenciana integra este desarrollo en un plan con 11 proyectos de comunicaciones cuánticas financiados por la UE y administraciones públicas.
- En paralelo, alianzas como la de IBM y Cisco trabajan en transductores y protocolos para una futura internet cuántica global.
Los ordenadores cuánticos se perfilan como la próxima gran revolución tecnológica, pero todavía arrastran una asignatura pendiente: enlazarse de forma directa con las redes de comunicaciones que ya usamos a diario. Para que pasen de los laboratorios a las aplicaciones reales, no basta con aumentar su potencia; también hay que lograr que se integren sin fricciones en la infraestructura de fibra óptica existente.
Con esa idea en mente, distintas iniciativas en España, Europa y a escala internacional se han puesto manos a la obra para tender un puente entre ambos mundos. Desde la Comunitat Valenciana, con el proyecto Q-FACE liderado por la Universitat Politècnica de València (UPV), hasta grandes alianzas industriales como la de IBM y Cisco, el objetivo común es conseguir que la información cuántica circule por las redes ópticas estándar sin perder sus propiedades.
Q-FACE: la apuesta valenciana por unir computación cuántica y fibra óptica

La Universitat Politècnica de València (UPV) encabeza el proyecto Q-FACE, una iniciativa científica diseñada para que los ordenadores cuánticos del futuro puedan comunicarse a través de las mismas redes de fibra óptica que hoy conectan hogares, empresas y centros de datos. La idea es aprovechar al máximo la infraestructura disponible sin tener que desplegar cables específicos solo para aplicaciones cuánticas.
Q-FACE se enmarca dentro del Plan de Comunicación Cuántica de la Comunitat Valenciana, en el que colaboran la Universitat de València, la Universidad de Alicante y la Universidad CEU Cardenal Herrera. Esta alianza académica busca consolidar a la región como un polo de referencia en tecnologías cuánticas aplicadas a sectores como las telecomunicaciones, la ciberseguridad o la salud.
El proyecto persigue diseñar un dispositivo integrado que funcione como puente entre ordenadores cuánticos y redes ópticas tradicionales. En la práctica, ese “puente” actuaría como un traductor entre las señales de microondas que utilizan muchos procesadores cuánticos actuales y los pulsos de luz que viajan por la fibra óptica comercial.
El responsable científico de Q-FACE, el catedrático Alejandro Martínez, resume el reto con una metáfora sencilla: lograr que los ordenadores cuánticos “hablen el idioma de la luz”. Eso implica que los qubits, que suelen operar en el rango de las microondas, puedan convertirse en fotones ópticos y volver a transformarse sin que se pierda la información cuántica en el camino.
Esta conexión no solo serviría para aumentar el alcance de la computación cuántica, sino también para facilitar comunicaciones cuánticas seguras y accesibles. Al apoyarse en la fibra ya tendida, se reduciría tanto el coste como el tiempo necesario para desplegar servicios basados en criptografía cuántica y otros usos avanzados.
Cómo funciona el “traductor” entre microondas cuánticas y luz óptica

El núcleo tecnológico de Q-FACE es una interfaz integrada capaz de transformar señales cuánticas de microondas en señales ópticas y viceversa. Esta pieza de hardware actúa como un transductor entre dos dominios físicos diferentes, algo imprescindible para enlazar procesadores cuánticos superconductores con redes de fibra óptica estándar.
Para realizar esa conversión, el equipo plantea emplear un oscilador mecánico como mediador entre los dos rangos de frecuencia. De forma simplificada, el dispositivo acopla las microondas cuánticas al movimiento mecánico, y este movimiento se traduce después en luz óptica —o al revés—, manteniendo en todo momento las propiedades cuánticas de la señal.
Este proceso requiere lograr altas eficiencias de conversión y una gran estabilidad, ya que cualquier pérdida de información o ruido añadido puede destruir el estado cuántico transportado. La meta es que el interfaz actúe como un traductor lo más “transparente” posible, sin introducir errores que comprometan la ventaja cuántica.
Aunque el desarrollo es complejo desde el punto de vista experimental y teórico, la filosofía es bastante pragmática: aprovechar la fotónica y la ingeniería actual para crear un componente compacto que pueda integrarse junto a los ordenadores cuánticos y conectarse directamente a la red de fibra óptica ya desplegada.
Con esta arquitectura, los futuros procesadores cuánticos no tendrían que estar físicamente en el mismo lugar para trabajar juntos o intercambiar claves seguras. Podrían enviarse información a larga distancia mediante los mismos cables que hoy se usan para internet doméstico o para enlazar centros de datos en la nube.
Un ecosistema cuántico valenciano con financiación europea

Q-FACE no es un esfuerzo aislado, sino parte de un conjunto de 11 proyectos de investigación en comunicaciones cuánticas que se desarrollan en la Comunitat Valenciana. Este paquete de iniciativas se integra en un programa europeo más amplio vinculado al Plan de Recuperación y Resiliencia.
El plan cuenta con una dotación global de 76 millones de euros de fondos de la Unión Europea, destinados a impulsar nuevas generaciones de tecnologías de comunicación, fotónica avanzada y seguridad de datos. Dentro de este marco, la Comunitat Valenciana participa con financiación canalizada a través del Ministerio de Ciencia y de la Conselleria de Educación.
Concretamente, alrededor del 65% de los recursos procede del Ministerio de Ciencia, con algo más de 1,16 millones de euros, mientras que el 35% restante lo aporta la Conselleria de Educación, con cerca de 629.000 euros. Estas cantidades se distribuyen entre diferentes líneas de trabajo que abarcan desde la ingeniería de dispositivos fotónicos hasta la protección cuántica de la información.
La UPV, una universidad pública con unos 28.000 estudiantes y 2.500 docentes e investigadores, ejerce un papel de coordinación en varias de estas líneas, especialmente en las relacionadas con la integración entre hardware cuántico y redes ópticas. Su experiencia en fotónica y telecomunicaciones facilita que el desarrollo del interfaz óptico-cuántico tenga una orientación claramente aplicada.
Además, la colaboración entre la UPV, la Universitat de València, la Universidad de Alicante y la CEU Cardenal Herrera configura un entorno multidisciplinar. En él se combinan perfiles de física, ingeniería, tecnologías de la información y fotónica, una mezcla necesaria para abordar un reto tan transversal como conectar ordenadores cuánticos con la infraestructura de comunicaciones real.
Conectar procesadores cuánticos a escala global: la visión de IBM y Cisco
Mientras en España se avanza en la integración con la fibra óptica a nivel regional, grandes compañías tecnológicas trabajan en redes cuánticas de alcance mundial basadas también en fibra. Un ejemplo destacado es la colaboración estratégica entre IBM y Cisco, centrada en diseñar la base de una futura internet cuántica que conecte múltiples ordenadores cuánticos entre sí.
Ambas empresas han esbozado una hoja de ruta para crear una red de computadoras cuánticas superconductoras interconectadas, capaces de compartir cálculos distribuidos. La idea es que varios procesadores cuánticos ubicados en criostatos distintos puedan combinar su potencia mediante enlaces cuánticos, en lugar de depender de una única máquina cada vez más grande.
Dentro de esta alianza, IBM aporta su experiencia en procesadores cuánticos superconductores enfriados a temperaturas cercanas al cero absoluto, mientras que Cisco se ocupa de la capa de red, desarrollando la infraestructura necesaria para transportar información cuántica sin destruir su coherencia.
Uno de los objetivos a medio plazo es demostrar una prueba de concepto que combine la capacidad de varias máquinas cuánticas en cálculos de gran escala, con decenas o cientos de miles de qubits efectivos, y abrir el camino a resolver problemas que hoy están fuera del alcance de la computación clásica.
Esta visión encaja con un consenso creciente en la industria: escalar las computadoras cuánticas simplemente añadiendo más qubits en un solo dispositivo resulta cada vez más difícil. Una arquitectura distribuida basada en redes cuánticas, apoyada sobre fibra óptica, permitiría construir sistemas modulares y más manejables, del mismo modo que internet hizo posible escalar la computación clásica.
Transductores microondas-ópticos y protocolos de red cuántica
Para materializar esa internet cuántica, IBM y Cisco se encuentran con un obstáculo muy similar al que aborda Q-FACE desde la Comunitat Valenciana: convertir información cuántica en señales transmisibles por fibra óptica sin perder su naturaleza cuántica. La solución pasa igualmente por desarrollar transductores microondas-ópticos de altas prestaciones.
Estos dispositivos deben ser capaces de transformar qubits codificados en microondas en fotones ópticos, que puedan viajar a través de fibras estándar, y luego revertir el proceso en el destino. Todo ello manteniendo el entrelazamiento y la coherencia, condiciones básicas para que la comunicación siga siendo cuántica.
IBM trabaja en integrar estos transductores en nuevas unidades de red cuántica que se conecten directamente a sus procesadores superconductores. La idea es que, de forma análoga a una tarjeta de red en un ordenador clásico, cada sistema cuántico disponga de un módulo dedicado a gestionar su participación en la red.
Cisco, por su lado, se centra en el desarrollo de protocolos de software de muy alta velocidad capaces de distribuir entrelazamiento entre máquinas remotas con una precisión temporal extremadamente fina, en el rango de los sub-nanosegundos. Esta sincronización es clave para coordinar operaciones cuánticas distribuidas y corregir errores a escala de red.
Buena parte de la tecnología necesaria todavía está en fase conceptual o prototípica, por lo que estas compañías colaboran con centros de investigación y universidades especializadas en óptica cuántica y materiales fotónicos. El resultado esperado es un ecosistema de soluciones que vaya desde el hardware de conversión hasta la inteligencia de red que gestionará el tráfico cuántico.
Un mismo reto, diferentes escalas: de la fibra local a la red cuántica global
Si se comparan los objetivos de Q-FACE en la Comunitat Valenciana con la alianza IBM-Cisco, aparecen diferencias de escala pero también puntos en común muy claros. En ambos casos, el núcleo del problema es el mismo: cómo enlazar ordenadores cuánticos con las redes de fibra óptica actuales sin perder las ventajas de la física cuántica.
La iniciativa valenciana se centra en diseñar un interfaz compacto y funcional que permita a los procesadores cuánticos conectarse a la fibra existente, pensando en casos de uso concretos como la transmisión de claves criptográficas o la conexión entre nodos cuánticos dentro de una misma región.
Los proyectos industriales internacionales, por su parte, miran a un horizonte de décadas y a redes cuánticas que puedan cubrir continentes enteros. Sin embargo, necesitan resolver los mismos aspectos básicos: conversión microondas-luz, gestión de errores, sincronización y compatibilidad con infraestructuras ópticas ya instaladas.
En este contexto, avances logrados en entornos locales como el de la Comunitat Valenciana pueden alimentar el desarrollo global, y viceversa. La experiencia acumulada en laboratorios europeos al construir interfaces eficientes puede servir de base para los transductores que se empleen en grandes despliegues industriales.
Todo ello apunta a un escenario en el que los ordenadores cuánticos no serán dispositivos aislados, sino nodos dentro de redes híbridas que combinen comunicaciones clásicas y cuánticas. La fibra óptica, lejos de quedar obsoleta, se presenta como el soporte natural para esas futuras autopistas de información cuántica.
El camino por recorrer aún es largo, pero las piezas comienzan a encajar: desde proyectos como Q-FACE, que trabajan en traductores entre mundos físicos distintos, hasta alianzas internacionales que persiguen una internet cuántica de gran escala. Todo ello gira en torno a la misma idea: aprovechar la red de fibra óptica que ya tenemos para que la revolución cuántica pueda desplegarse de forma práctica y cercana, sin necesidad de reinventar desde cero las comunicaciones que sostienen nuestro día a día.
