El 48% de las compras por internet en España acaba en problemas

Última actualización: mayo 5, 2026
  • Casi la mitad de quienes compran online ha sufrido incidencias, sobre todo retrasos, extravíos y estafas.
  • Retrasos y pérdidas suponen el 35% de los conflictos, los fraudes y productos defectuosos alcanzan cada uno el 23%.
  • Un 10% de los problemas se relaciona con devoluciones complicadas y un 6% con pagos inseguros.
  • La normativa europea fija 30 días para entregar y 14 días para desistir, con recomendaciones claras para comprar con más seguridad.

Problemas en compras por internet

Casi la mitad de las personas que compran por internet en España ha tenido alguna incidencia en sus pedidos. Según una encuesta realizada por Cíes para la Asociación de Consumidores de Navarra Irache, un 48% de los compradores online se ha topado con retrasos, extravíos, fraudes o productos que no eran lo prometido, una cifra que dibuja un panorama menos idílico de lo que a veces se vende sobre el comercio electrónico.

La organización de consumidores subraya que el auge de las compras en la red ha traído comodidad y variedad, pero también una larga lista de quebraderos de cabeza. Retrasos en la entrega, paquetes que se pierden, tiendas fantasma, artículos defectuosos y devoluciones enredadas forman ya parte del día a día de muchos usuarios, que acuden a las asociaciones en busca de ayuda para recuperar su dinero o hacer valer sus derechos.

Retrasos y extravíos: el problema más frecuente

Entre todos los contratiempos detectados, el más habitual tiene que ver con los plazos de entrega. El 35% de los problemas registrados se debe a retrasos notables o directamente a la desaparición del pedido, algo que afecta tanto a pequeños encargos como a compras de mayor importe, desde un abrigo hasta un ordenador.

Irache explica que muchos consumidores se ponen en contacto con la asociación después de esperar semanas, incluso meses, sin recibir el producto. Cuando el cliente llama al vendedor, no es raro que reciba excusas, promesas de entrega “inminente” o que se culpe a la empresa de transporte, alegando que el paquete ya se entregó o que ha habido un error logístico.

Para reducir este tipo de situaciones, la entidad aconseja dejar por escrito un plazo o una fecha concreta de entrega en el momento de la compra. Si nada se especifica, la normativa de la Unión Europea establece que el vendedor debe hacer llegar el bien en un máximo de treinta días desde la fecha de adquisición, aunque esta obligación no siempre se respeta cuando se compra en webs radicadas en terceros países fuera del ámbito comunitario.

En muchos de estos casos, la asociación logra que el vendedor devuelva el importe de la compra, pero es mucho más difícil obtener una compensación por el tiempo perdido, las gestiones realizadas o los perjuicios ocasionados. Además, hay pedidos que ni siquiera llegan a salir: algunos comercios escudan la falta de entrega en supuestos problemas de stock, en errores del transportista o, sencillamente, en una mala gestión interna.

Fraudes y estafas: casi uno de cada cuatro problemas

El segundo gran bloque de incidencias está relacionado con los engaños directos. Cerca del 23% de los problemas en compras online corresponde a fraudes o estafas en los que el consumidor paga, pero el producto nunca aparece, y la empresa, sencillamente, no existe o desaparece sin dejar rastro.

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El patrón se repite con frecuencia: páginas web, a veces integradas en plataformas conocidas o que imitan su apariencia, ofrecen precios muy por debajo del mercado, envíos gratuitos o condiciones excesivamente ventajosas para atraer a los compradores. Una vez realizado el pago, el cliente no recibe nada y, cuando intenta reclamar, se topa con teléfonos que no existen, correos que rebotan o datos de contacto falsos.

La asociación detalla que los fraudes se han detectado en todo tipo de productos: relojes, aparatos de limpieza, juguetes, electrodomésticos, muebles, ropa o teléfonos móviles, entre otros. El engaño tampoco se limita a tiendas aparentes; también se da en operaciones entre particulares, cuando se paga todo o parte de un mueble, un móvil o cualquier otro artículo que, finalmente, jamás llega al domicilio del comprador.

Irache recalca que, en el mejor de los casos, las grandes plataformas digitales solo asumen cierta responsabilidad si el pago se ha efectuado a través de sus propios sistemas. Si el usuario entrega el dinero directamente al vendedor —algo muy común en algunos portales de anuncios o compraventa entre particulares—, la plataforma tiende a desentenderse del conflicto y el consumidor queda prácticamente solo a la hora de reclamar.

Por todo ello, la recomendación es clara: antes de pagar, conviene comprobar la existencia real de la empresa, su domicilio legal, su NIF y sus datos de contacto, así como desconfiar de ofertas desmesuradamente baratas. Un precio demasiado bajo o unas condiciones llamativamente generosas pueden ser la pista de que se está ante una estafa en potencia.

Productos defectuosos o distintos a lo anunciado

El tercer gran grupo de incidencias, que también alcanza el 23% según los datos de la encuesta, tiene que ver con la calidad y la adecuación de lo que llega a casa. Son numerosos los casos en los que el producto recibido es defectuoso o no se corresponde con lo que el consumidor pensaba estar comprando.

Los problemas se repiten sobre todo en artículos electrónicos, mobiliario y prendas de vestir. Hay móviles que llegan con menos memoria de la anunciada, sin las prestaciones técnicas prometidas o con un rendimiento inferior al esperado; muebles cuyas medidas reales no encajan en el espacio disponible; o ropa que, al abrir el paquete, poco tiene que ver con las fotos o la descripción de la página web.

Desde el punto de vista legal, el comprador tiene derecho a recibir exactamente el producto que encargó y en perfecto estado, del mismo modo que en una tienda física. Si esto no se cumple, es fundamental comunicar la disconformidad al vendedor lo antes posible y por un medio que deje constancia, para poder reclamar si la empresa no responde de forma voluntaria.

Irache recuerda que hay compañías que reaccionan con rapidez y tramitan reparaciones, cambios o devoluciones sin demasiadas trabas, pero otras solo atienden al consumidor cuando este presenta una reclamación formal. En este escenario, la documentación se convierte en la mejor aliada: conservar el justificante de compra, las condiciones del producto y las comunicaciones con la tienda resulta clave a la hora de demostrar qué se ofrecía y qué se ha recibido.

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Además, la asociación recomienda ser prudente con las imágenes promocionales y con ciertas expresiones ambiguas. Términos como “precio desde” o “medidas aproximadas” pueden dar pie a malentendidos, por lo que se aconseja revisar que la descripción sea lo más detallada posible y guardar una copia de esa información.

Devoluciones complicadas y derecho de desistimiento

Las devoluciones son otro foco importante de conflictos. En torno a un 10% de los problemas detectados se produce cuando el consumidor intenta devolver un producto y el vendedor pone obstáculos, alegando, por ejemplo, que el desperfecto se ha generado durante el envío de vuelta o que el artículo no ha llegado a sus instalaciones.

En la Unión Europea, la normativa de consumo contempla el llamado derecho de desistimiento: el cliente puede devolver la mayoría de los productos adquiridos por internet dentro de los catorce días siguientes a su recepción, sin necesidad de dar explicaciones. Para ejercerlo, basta con comunicarlo de manera clara al vendedor y enviar de nuevo el bien, ajustándose a las condiciones legales.

Este derecho, sin embargo, tiene límites. Quedan excluidos, entre otros, los productos personalizados, los alimentos frescos o determinados artículos de salud e higiene precintados, siempre que se haya informado correctamente al consumidor. Pese a ello, siguen produciéndose conflictos cuando la tienda intenta eludir sus responsabilidades o cuando discute el estado en el que ha llegado el producto devuelto.

La asociación recuerda también que los compradores tienen derecho a que, si el artículo está dañado o no es el que se pidió, se les repare el producto, se les entregue uno nuevo en buen estado o se les devuelva el dinero. No obstante, no siempre resulta sencillo que las empresas cumplan con estos compromisos sin que medie una reclamación formal o, en los casos más graves, la intervención de organismos de consumo.

Según las estimaciones mencionadas por Irache, más de una cuarta parte de las compras online realizadas en España acaba devolviéndose, una cifra significativa que da idea de la magnitud del fenómeno y de lo habitual que resulta tener que gestionar el proceso de retorno de un pedido.

Problemas de pago y cómo reducir los riesgos

Aunque en menor medida, el momento del pago también genera incidencias. Alrededor del 6% de los conflictos detectados al comprar en internet está vinculado a fallos o riesgos en la forma de pago, algo especialmente delicado cuando se manejan datos bancarios.

Para minimizar los sustos, la asociación recomienda utilizar métodos de pago seguros, como las tarjetas de prepago. Este tipo de tarjeta permite cargar solo el importe que se quiere gastar, de modo que, si termina en manos inadecuadas, el perjuicio potencial queda limitado al dinero que se había introducido previamente.

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Otra opción es recurrir a plataformas de pago que no liberan el dinero hasta que la operación se ha ejecutado correctamente. Estos intermediarios pueden añadir una capa extra de seguridad, ya que, en algunos casos, ofrecen sistemas de protección al comprador cuando el producto no llega o no coincide con la descripción.

En cualquier caso, Irache desaconseja por completo enviar dinero en efectivo o realizar transferencias directas a cuentas desconocidas sin ningún tipo de garantía, especialmente cuando se trata de ofertas muy llamativas o de vendedores con los que no se ha tenido trato previo. También se insiste en no facilitar más datos personales de los estrictamente necesarios para completar la compra.

Claves para comprar por internet con más seguridad

Más allá de las estadísticas, las asociaciones de consumidores insisten en que buena parte de los problemas puede evitarse con cierta precaución. Antes de realizar un pago, conviene revisar a fondo quién está detrás de la web y qué información ofrece al usuario sobre su identidad y sus condiciones de venta.

Uno de los pasos básicos es comprobar la identificación de la empresa responsable de la página: nombre o razón social, NIF, domicilio fiscal, dirección postal y correo electrónico de contacto. Si estos datos no aparecen o resultan poco claros, es recomendable desconfiar y buscar alternativas más transparentes.

También es importante exigir y conservar un justificante de la compra en el que figuren las principales características del producto, el precio final (incluyendo impuestos y gastos de envío) y, en la medida de lo posible, las condiciones de entrega. Este documento, junto con las comunicaciones intercambiadas con el vendedor, será la principal prueba en caso de reclamación.

Otro consejo práctico es revisar el estado del pedido tan pronto como se reciba. Siempre que sea posible, se sugiere comprobar el contenido antes de firmar el albarán del transportista y dejar constancia de cualquier deterioro visible. Si se detecta un defecto o una diferencia respecto a lo encargado, es preferible comunicarlo de forma inmediata y fehaciente al comercio.

Además, Irache recuerda la conveniencia de concretar por escrito el plazo de entrega y el precio total, así como de tener presente el plazo de catorce días para desistir en la Unión Europea. En caso de duda, acudir a una asociación de consumidores o a los servicios públicos de consumo puede ayudar a aclarar los derechos de cada parte y las vías para hacerlos valer.

El panorama que dibuja la encuesta muestra que, pese a la normalización de las compras por internet, siguen existiendo numerosos riesgos y no pocas malas prácticas. Sin embargo, conocer las normas básicas, exigir información clara al vendedor y utilizar métodos de pago seguros permite reducir considerablemente las posibilidades de sufrir un disgusto al comprar online.

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