El día que Disney casi se queda con Twitter

Última actualización: junio 26, 2026
  • Bob Iger confesó que el acuerdo estuvo a punto de cerrarse por un precio muy atractivo cuando Jack Dorsey era el dueño.
  • La intención estratégica de la compañía era transformar la red social en una plataforma de distribución global de contenidos.
  • La operación se descartó en el último momento porque Iger consideró que la gestión de la red sería una distracción operativa.

Disney y Twitter intento de compra

El gigante del entretenimiento que todos conocemos ha construido su imperio a base de talonario, absorbiendo marcas que hoy nos parecen inseparables de su logo. Sin embargo, lo que muchos no se imaginaban es que, entre los planes de la directiva, hubo una operación que estuvo a punto de cambiar Internet tal y como lo conocemos hoy en día. El propio Bob Iger ha soltado la bomba recientemente, confirmando que Disney tuvo en su lista de deseos a la red social del pajarito azul mucho antes de que Elon Musk entrara en escena con sus millones.

La idea no era una simple fantasía de oficina, sino un plan trazado con tiralíneas. Según ha trascendido en diversas entrevistas de calado internacional, la compañía del ratón veía en la plataforma de Jack Dorsey el vehículo perfecto para sus intereses. Resulta curioso pensar que, mientras aquí en España nos peleábamos con los 140 caracteres, en los despachos de California se cocinaba un acuerdo que estaba prácticamente listo para la firma aquella misma mañana. La intención era clara: hacerse con un altavoz mundial para sus películas y series.

Un acuerdo frenado en el último suspiro

Lo que más llama la atención de esta historia es lo cerca que estuvo de materializarse. Iger ha reconocido que el precio de la operación era, en sus propias palabras, bastante jugoso para lo que se estilaba en el mercado. Disney buscaba una plataforma de distribución global que le permitiera saltarse intermediarios y llegar directamente a los dispositivos de medio mundo. Se sentían con fuerza tras el éxito de otras compras potentes, y Twitter parecía la siguiente pieza lógica del puzle para dominar el sector digital.

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Pero claro, en los negocios de este nivel, nada se da por sentado hasta que la tinta se seca en el papel. El entonces CEO de Disney se despertó el día del cierre con una sensación agridulce y, tras darle muchas vueltas, decidió dar un paso atrás. El temor principal era que la naturaleza de una red social, con sus polémicas y su gestión constante de usuarios, se convirtiera en una distracción horrible para la empresa principal. Al final, prefirieron seguir centrados en lo que mejor saben hacer: contar historias y gestionar parques temáticos, dejando que el circo de las redes sociales siguiera su propio camino.

Es inevitable pensar en cómo habrían cambiado las cosas para los usuarios europeos y españoles si la moderación de contenidos hubiera caído en manos de una empresa tan protectora de su imagen familiar como Disney. Seguramente, el Twitter que hoy conocemos como X sería un lugar radicalmente distinto, sin las tensiones que se ven actualmente. Al final, Elon Musk acabó comprando la red años más tarde por una cifra astronómica, pero la historia recordará que, por unas horas, Mickey Mouse tuvo el botón de comprar en la punta de los dedos antes de decidir que aquel lío no iba con ellos.

Este movimiento fallido demuestra que incluso los directivos más ambiciosos saben cuándo es mejor no meterse en camisas de once varas. A pesar de que la infraestructura tecnológica de la red social era una golosina difícil de rechazar, el peso de gestionar la conversación pública global terminó pesando más que los beneficios potenciales. Disney prefirió mantener su filosofía de calidad antes que lanzarse a un terreno pantanoso, demostrando que a veces la mejor inversión es precisamente aquella que decides no realizar en el último minuto para salvaguardar la identidad de tu marca.

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