- Una colección de 14 piezas digitales que exploran la faceta menos conocida del músico como artista plástico e ilustrador.
- La muestra integra material fotográfico de KVK y una experiencia sonora inmersiva basada en el concierto de Huracán.
- El concepto creativo se inspira en el cine italiano de Ettore Scola para reivindicar una estética cruda y alejada de lo convencional.
- Un recorrido que ha pasado por sedes emblemáticas como el Museo MAR y el Teatro Argentino antes de su cierre en Córdoba.

La noticia de su reciente partida ha dado un vuelco emocional a la estancia de la muestra en su última parada en el Museo Metropolitano de Arte Urbano de Córdoba. Lo que comenzó como una invitación para descubrir al Solari ilustrador se ha terminado convirtiendo en un punto de encuentro y homenaje espontáneo para miles de seguidores que buscan consuelo entre sus imágenes. Es curioso cómo el destino ha querido que sus últimas voluntades creativas estuvieran centradas en lo visual, permitiendo que la gente pueda despedirse de él no solo escuchando sus canciones, sino observando esos mundos imposibles que llevaba décadas rumiando en su cabeza.
La esencia de Brutto: entre lo feo y lo sublime
El título de la exposición no se ha elegido al azar, ya que remite directamente al término italiano que define lo feo o lo malo. Inspirándose en la cinematografía de Ettore Scola y su obra sobre personajes sucios y marginales, el Indio propone una serie de cuadros digitales donde la belleza convencional brilla por su ausencia. En estas piezas, el autor desafía los cánones estéticos académicos para centrarse en figuras traviesas y demiurgos de baja estofa, una suerte de personajes de un bazar turco que parecen controlar los hilos de una realidad bastante caótica y, a ratos, bastante cruda.
Desde un punto de vista técnico, la muestra destaca por un uso del color que busca la discordancia constante. No esperéis encontrar paisajes relajantes o perspectivas equilibradas; aquí todo está pensado para generar una sensación de extrañeza. Las composiciones están habitadas por seres que parecen sacados de un aquelarre moderno o de una versión distópica de El Mago de Oz. Según los expertos que han comisariado la obra, como Bárbara Maier y Federico Ruvituso, esta propuesta visual es la representación gráfica de lo que el propio Solari denominó la Gran Estafa Metafísica, una visión del mundo donde nada es lo que parece.
Un recorrido por las entrañas de la creatividad
La estructura de la muestra está pensada para que el visitante se sumerja de lleno en el universo del artista. En los subsuelos del museo, las catorce obras digitales principales conviven con una selección de más de cuarenta fotografías firmadas por Edgardo Kevorkian, el fotógrafo que mejor ha sabido captar la mística de los escenarios y el backstage del músico en sus últimas décadas. Esta combinación entre la ficción creada por el ordenador y la realidad capturada por la cámara ofrece un contraste muy potente que ayuda a entender la magnitud del personaje y su impacto en la cultura popular.
Además del componente visual, la experiencia se completa con un apartado sonoro que quita el sentido. Mientras se recorren las salas, los asistentes están envueltos por una ambientación de audio diseñada por el propio Solari, que incluye la proyección constante del mítico recital en el Estadio de Huracán de 2022. Resulta impactante ver cómo los seguidores intervienen los paneles del museo dejando mensajes de agradecimiento y dibujos, convirtiendo una sala de exposiciones en una especie de santuario vivo donde el arte y el sentimiento de la calle se dan la mano de forma totalmente natural.
No hay que olvidar que esta pasión por la imagen viene de lejos, concretamente de sus tiempos en Valeria del Mar con su taller de estampado El Mercurio. Aquel joven que trabajaba como ilustrador antes de fundar bandas legendarias nunca abandonó el dibujo, encargándose incluso del arte de sus discos en solitario. Al final, esta exposición es la confirmación de que su talento no tenía compartimentos estancos y que su lenguaje visual es tan críptico y fascinante como las letras de sus canciones. Es una oportunidad única para ver, sin filtros ni intermediarios, el presente alterado de un hombre que decidió que su imaginación no debía tener márgenes ni fechas de caducidad.
Esta propuesta artística supone el cierre de un ciclo vital y creativo que ha sabido conectar con varias generaciones de forma impecable. A través de lo digital, el Indio Solari ha conseguido plasmar una visión del mundo que huye de la nostalgia barata y se planta en un presente lleno de ruido, expresión y desarraigo. Quienes se acerquen a contemplar estas obras se encontrarán con una crudeza visual que conmueve la sensibilidad de cualquiera, dejando claro que, incluso en su ausencia, su capacidad para agitar conciencias y generar debate estético sigue estando más viva que nunca en cada trazo y en cada píxel.