España estrena el primer programa clínico de telecirugía robótica de Europa entre Barcelona y Canarias

Última actualización: marzo 4, 2026
  • España pone en marcha el primer programa clínico estructurado de telecirugía robótica de Europa entre Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria.
  • Diez cirugías urológicas complejas se han realizado en febrero con latencias de 30-70 ms y sin complicaciones para los pacientes.
  • Conexión por fibra óptica dedicada de más de 3.000 km, desarrollada por Edge Medical, que garantiza estabilidad y seguridad.
  • Modelo escalable a otras especialidades y territorios, que busca reducir desigualdades y articular redes asistenciales en España y Europa.

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La telecirugía robótica ha dado un salto cualitativo en España con la puesta en marcha del primer programa clínico estructurado de Europa entre Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria. Lo que hace unos años sonaba a ciencia ficción se ha convertido en una práctica asistencial estable en el sistema sanitario español.

En este modelo, el paciente permanece en Canarias mientras el cirujano se encuentra en Barcelona, conectado por una infraestructura de fibra óptica dedicada que recorre miles de kilómetros por tierra y por mar. El proyecto busca demostrar que la cirugía robótica a distancia puede integrarse en la rutina hospitalaria con los mismos estándares de precisión y seguridad que una intervención presencial.

Un programa clínico real entre Barcelona y Las Palmas

El programa conecta la Fundació Puigvert, en Barcelona, con el Hospital Universitario San Roque, en Las Palmas de Gran Canaria, a través de una red exclusiva de fibra óptica de más de 3.000 kilómetros, con unos 600 kilómetros de cable submarino. Esta infraestructura, desarrollada por Edge Medical, se ha diseñado específicamente para uso quirúrgico remoto.

Al frente del proyecto está el Dr. Alberto Breda, cirujano urólogo, presidente de la Sección de Cirugía Robótica de la Sociedad Europea de Urología (ERUS), subdirector del Servicio de Urología y jefe de la Unidad de Urología Oncológica de la Fundació Puigvert. Desde la consola robótica ubicada en Barcelona, dirige las intervenciones que se ejecutan en tiempo real en el quirófano canario.

En Las Palmas, el modelo se apoya en el equipo GUA-UROINTEC, liderado por el Dr. Pablo Juárez del Dago, cirujano robótico responsable de la coordinación del entorno quirúrgico y de la integración del sistema en la práctica diaria del Hospital Universitario San Roque. Este equipo actúa como garante de la seguridad asistencial in situ y asume el control directo de la cirugía si fuera necesario.

Para llegar a este punto se han requerido alrededor de año y medio-largo de trabajo intensivo de diseño, pruebas y validación, en el que se han combinado ajustes tecnológicos, definición de protocolos, acuerdos institucionales y adaptación al marco legal vigente. El objetivo ha sido claro: que la telecirugía deje de ser una demostración puntual y pase a ser un programa clínico estable.

El proyecto está concebido como un modelo asistencial reproducible, no como un experimento aislado. Las instituciones implicadas trabajan ya con la vista puesta en extender el sistema a otros centros y especialidades dentro y fuera de España, siempre que existan las condiciones técnicas y regulatorias adecuadas.

Diez cirugías urológicas complejas en las primeras semanas

Durante las tres primeras semanas de febrero se han llevado a cabo diez intervenciones urológicas en un entorno asistencial real, con pacientes canarios operados desde Barcelona mediante la plataforma robótica instalada en el quirófano del Hospital Universitario San Roque.

El abanico de procedimientos incluye cirugía tanto benigna como oncológica y un nivel de complejidad nada menor: cuatro adenomectomías por hiperplasia benigna de próstata, dos nefrectomías parciales, tres prostatectomías radicales y una resección de masa retroperitoneal. En algunos casos se trataba de tumores renales complejos o masas cercanas a estructuras delicadas, lo que exige una precisión quirúrgica elevada.

Según los responsables del programa, todos los pacientes han sido dados de alta y evolucionan sin complicaciones relevantes, lo que refuerza la percepción de que la telecirugía, en estas condiciones, puede ofrecer resultados equiparables a la cirugía robótica convencional.

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Desde la consola de la Fundació Puigvert, el Dr. Breda opera manejando los mandos y visualizando el campo quirúrgico con visión ampliada en 3D, mientras en Gran Canaria el equipo del Dr. Juárez del Dago se encarga de la preparación del paciente, el control del quirófano y la respuesta inmediata ante cualquier eventualidad técnica o clínica.

El propio Dr. Breda subraya que este modelo permite que un cirujano experto ponga su experiencia a disposición de pacientes alejados geográficamente, siempre respaldado por un equipo local altamente cualificado. De este modo, el programa no solo suma tecnología, sino también colaboración estructurada entre profesionales de distintos territorios.

Latencias por debajo del umbral crítico y cable de fibra dedicado

Uno de los pilares del proyecto es la baja latencia de la conexión, es decir, el tiempo que transcurre entre el movimiento que hace el cirujano en la consola y la respuesta de los brazos robóticos en el quirófano remoto. En las intervenciones realizadas, la latencia registrada ha oscilado de forma estable entre 30 y 70 milisegundos.

Estas cifras son muy inferiores a los 200 milisegundos que se consideran el límite a partir del cual la seguridad y la precisión podrían verse comprometidas. También mejoran los aproximadamente 132 milisegundos que se alcanzaron en la nefrectomía parcial transcontinental realizada por el propio Breda entre Burdeos y Pekín, considerada un hito previo en la historia de la telecirugía.

Para lograr este rendimiento se ha desplegado un cable de fibra óptica “privado” que une directamente la Fundació Puigvert y el Hospital San Roque. Se trata de una línea exclusiva, sin tráfico ajeno, que atraviesa la península, parte del norte de África y el fondo marino hasta el archipiélago canario. Esta arquitectura minimiza los cortes, las interferencias y las variaciones de ancho de banda.

Detrás de esta infraestructura está la ingeniería de Edge Medical, responsable de la conexión, la implementación de la plataforma robótica y la logística técnica. La empresa ha trabajado en estrecha colaboración con los equipos médicos para definir protocolos de redundancia, seguridad de la red y monitorización en tiempo real de la calidad de la señal.

El resultado, según destacan los profesionales implicados, es una experiencia de manejo del robot prácticamente indistinguible de la que se produce cuando cirujano y paciente comparten el mismo quirófano, al menos en términos de respuesta de la máquina y sensación de control.

Un modelo asistencial, no un experimento puntual

Una de las ideas que más insisten en remarcar los responsables del programa es que no se trata de una “operación espectáculo”, sino de un modelo clínico organizado diseñado para repetirse y consolidarse. La telecirugía, señalan, deja de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en herramienta asistencial.

El recorrido hasta llegar aquí ha incluido una fase inicial de pilotaje clínico y tecnológico, en la que se llevaron a cabo las primeras intervenciones con un control aún más exhaustivo de todos los parámetros. Una vez verificado el funcionamiento del sistema, el programa se ha ampliado a una serie de casos consecutivos en práctica real, lo que permite obtener datos más robustos.

El Dr. Breda defiende que la telecirugía es la evolución natural de la cirugía robótica: si ya es habitual que el cirujano opere desde una consola separada unos metros del paciente, el siguiente paso lógico es ampliar esa distancia utilizando redes de comunicaciones seguras, siempre con una organización clínica adecuada.

En paralelo, el Dr. Juárez del Dago incide en que el reto no consistía solo en conectar dos quirófanos, sino en integrar este sistema en el circuito asistencial diario del hospital receptor. Esto supone ajustar agendas, preparar a los equipos, garantizar la formación, definir responsables en cada fase del proceso y asegurar que el paciente percibe la intervención como un procedimiento más de la cartera de servicios.

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La implantación de protocolos específicos de seguridad, continuidad asistencial y gestión de contingencias ha sido un elemento clave. Si en algún momento la conexión se interrumpiera, el equipo local está preparado para convertir la intervención en cirugía laparoscópica o abierta, de forma que el paciente no quede nunca desatendido.

Fundació Puigvert, Hospital San Roque y GUA-UROINTEC: reparto de papeles

En este engranaje a tres bandas, cada institución tiene un rol bien definido. La Fundació Puigvert actúa como nodo científico, clínico y formativo del programa. Es la sede del cirujano principal y aporta su experiencia como centro de referencia internacional en urología y cirugía robótica, con más de dos décadas de trayectoria en este ámbito.

El Hospital Universitario San Roque, en Las Palmas de Gran Canaria, es la sede asistencial donde se materializa el modelo. Allí se ubica la plataforma robótica, se organiza la atención a los pacientes, se realiza el seguimiento postoperatorio y se integra la telecirugía en la actividad diaria de los servicios de urología y anestesia.

Por su parte, el grupo GUA-UROINTEC, dirigido por el Dr. Juárez del Dago, se encarga de la coordinación del entorno quirúrgico local: selección de pacientes, preparación preoperatoria, dinámica del quirófano y respuesta rápida ante cualquier incidencia, tanto técnica como clínica. Este equipo es el que se sitúa físicamente junto al paciente durante toda la intervención.

El acoplamiento entre estas tres piezas permite un modelo híbrido de liderazgo remoto y ejecución local, en el que la experiencia del cirujano a distancia se combina con el conocimiento de proximidad del equipo canario. De este modo, se intenta asegurar que el beneficio tecnológico se traduzca en ventajas concretas para los pacientes.

Además, este esquema sirve como plataforma de formación y telementoring para los profesionales de Canarias, que pueden trabajar mano a mano —aunque separados físicamente— con un referente europeo en cirugía robótica, lo que contribuye a elevar el nivel de especialización regional.

Reducir desigualdades territoriales y evitar desplazamientos

Más allá del componente técnico, uno de los argumentos de peso del programa es su potencial para reducir las brechas de acceso a la alta especialización. En muchos territorios, y no solo en países con menos recursos, no existen unidades de cirugía robótica ni especialistas muy subespecializados.

Canarias se ha elegido como laboratorio ideal precisamente por su condición insular y su posición estratégica entre Europa, África y América. Para el Dr. Breda, si se puede garantizar una conexión segura con el archipiélago, se puede replicar el modelo de robótica en España, se puede replicar el modelo en otros puntos remotos, tanto dentro de España como a escala internacional.

La filosofía de fondo es evitar que sea siempre el paciente quien tenga que desplazarse a la gran ciudad para acceder a un tratamiento complejo. Con la telecirugía, la idea es que “viaje” la experiencia del cirujano por la red, mientras el paciente permanece en su entorno habitual, con su familia cerca y con seguimiento en su hospital de referencia.

Los promotores del proyecto apuntan que este modelo podría ayudar a rebajar listas de espera si se organiza a gran escala, ya que permitiría distribuir la carga quirúrgica entre centros conectados en red. También ven margen para extender la telecirugía a zonas rurales o comarcas alejadas que carecen de tecnología robótica, siempre que se resuelvan aspectos organizativos y regulatorios.

El impacto no se limita a la asistencia: también abre la puerta a nuevas fórmulas de cooperación entre hospitales, formación conjunta, intercambio de protocolos y creación de redes transnacionales en el ámbito europeo, impulsadas desde la propia Sociedad Europea de Urología.

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De los pioneros en China al salto europeo desde España

El desarrollo de la telecirugía no surge de la nada; tiene una historia de la robótica que arranca con la colaboración entre NASA y el ejército de Estados Unidos, se han explorado sistemas de telepresencia pensados para operar en el campo de batalla o incluso en el espacio. En 2001 se realizó la primera telecirugía mundial a larga distancia, conectando Estados Unidos y Francia mediante el robot Zeus.

En los últimos años, China ha tomado la delantera con la creación del primer programa estructurado de telecirugía que conecta varios hospitales dentro del país. La experiencia española bebe de ese bagaje tecnológico —incluyendo plataformas robóticas y sistemas de comunicación avanzados— pero lo adapta al marco sanitario europeo.

El propio Dr. Breda ya protagonizó en 2024 una nefrectomía parcial robótica transcontinental entre Burdeos y Pekín, considerada un hito por la comunidad científica. Aquella operación sirvió como prueba de concepto y puso de manifiesto que, con suficiente calidad de conexión, la telecirugía es viable incluso a miles de kilómetros.

La diferencia ahora es que el programa entre Barcelona y Canarias se plantea como rutina clínica y no como evento aislado. Es un paso intermedio que busca impulsar, desde España, un impulso europeo a la creación de redes de telecirugía organizadas, con reglas claras y marcos de responsabilidad compartidos.

Dentro de la Sociedad Europea de Urología, la sección que preside Breda trabaja ya en plantear nuevos programas clínicos basados en esta experiencia, siempre pendientes de que las autoridades sanitarias y regulatorias de cada país se alineen con la iniciativa.

Retos legales, organizativos y tecnológicos por delante

A pesar de los resultados iniciales, los impulsores del programa reconocen que todavía hay retos importantes por resolver si se quiere extender este tipo de cirugía más allá de unos pocos centros punteros. Entre ellos, la definición de un marco legal sólido que contemple responsabilidades, acreditaciones y seguros cuando el cirujano y el paciente se encuentran en territorios distintos.

También quedan por abordar cuestiones como quién asume los costes de la infraestructura, cómo se certifican las redes, qué estándares de ciberseguridad se exigen, o de qué forma se integran estas intervenciones en los sistemas públicos de salud sin generar desigualdades adicionales.

En el plano organizativo, será necesario establecer protocolos europeos comunes si se quiere que un cirujano de un país pueda operar a un paciente en otro en el marco de servicios transfronterizos. Esto implica coordinar legislaciones, colegios profesionales y aseguradoras, además de la voluntad política de las administraciones.

En el terreno tecnológico, los especialistas apuntan ya a futuros escenarios en los que la conexión por satélite juegue un papel central para llegar a zonas sin fibra óptica o a entornos extremos, como barcos, misiones espaciales o situaciones de conflicto armado. La telecirugía, en ese contexto, se perfila como una herramienta estratégica para llevar cirugía avanzada a lugares hoy inalcanzables.

Respecto a la inteligencia artificial, los cirujanos implicados se muestran abiertos a su uso como apoyo —por ejemplo, en la planificación, la navegación o la detección de estructuras anatómicas— pero insisten en que el criterio y la destreza del cirujano seguirán siendo insustituibles, especialmente en procedimientos complejos que requieren toma de decisiones en tiempo real.

La puesta en marcha del primer programa clínico de telecirugía robótica de Europa entre Barcelona y Canarias marca un punto de inflexión: demuestra que la combinación de tecnología madura, organización sanitaria y cooperación entre equipos puede convertir la cirugía a 3.000 kilómetros de distancia en una práctica cotidiana, con potencial para reordenar el acceso a la alta especialización tanto en España como en el resto del continente.

Cirugía robótica con ChatGPT
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