- Ethereum planea siete hard forks hasta 2029 para lograr resistencia cuántica total.
- La hoja de ruta "Strawmap" apuesta por finalidad casi instantánea y bloques más rápidos.
- El plan sustituirá BLS, KZG y ECDSA por criptografía post-cuántica basada en hashes y STARK.
- La estrategia se desplegará de forma gradual, manteniendo descentralización y seguridad de la red.
La comunidad de Ethereum se prepara para un cambio de fondo: un plan técnico de varios años que prevé siete bifurcaciones duras orientadas a la resistencia cuántica, la aceleración de los tiempos de confirmación y la incorporación de privacidad nativa en la capa base. Todo ello se articula en torno a una nueva hoja de ruta bautizada como Strawmap, que ya genera debate entre desarrolladores, validadores e instituciones interesadas en el ecosistema.
Lejos de ser un simple ajuste incremental, este itinerario de actualizaciones propone reemplazar progresivamente los pilares criptográficos actuales de la red por soluciones post-cuánticas, al tiempo que se persigue una finalidad casi instantánea y una infraestructura más sencilla de verificar formalmente. El resultado buscado para 2029 es una blockchain de contratos inteligentes capaz de soportar ataques de ordenadores cuánticos sin renunciar a la descentralización que ha caracterizado a Ethereum desde sus inicios.
Qué es el «Strawmap» y por qué marca un punto de inflexión
El investigador de la Fundación Ethereum, Justin Drake, hizo público un documento que describe un mapa de actualizaciones en forma de siete hard forks escalonados durante los próximos cuatro años. Lo define como un «strawmap», una mezcla entre «strawman» y «roadmap»: un boceto técnico diseñado para ordenar las ideas y resaltar dependencias, más que para fijar fechas inamovibles.
El plan propone un ritmo aproximado de un fork cada seis meses hasta 2029, estructurado en un cronograma alfabético que arranca con las actualizaciones Glamsterdam y Hegotá y continúa con versiones identificadas como I*, J*, K* y L*. Esta visión busca que todas las grandes reformas del protocolo se contemplen de manera conjunta, poniendo en una sola línea temporal cambios de consenso, de datos y de ejecución.
Drake presenta este esquema como una invitación a observar las mejoras de Ethereum desde una perspectiva holística, en lugar de limitarse al enfoque fork a fork habitual en las reuniones de All Core Devs. Al agruparlo todo en una única representación, se hacen visibles las relaciones entre propuestas y los condicionantes técnicos que, de otro modo, quedarían dispersos.
El documento nació inicialmente como material de trabajo en un taller interno de la Fundación Ethereum y ahora se comparte con el ecosistema como borrador sujeto a cambios. La propia denominación de «hombre de paja» admite las limitaciones de cualquier planificación rígida en un entorno descentralizado y abierto, en el que la comunidad tiene la última palabra.
En la versión actual se asume un desarrollo predominantemente humano, aunque Drake deja la puerta abierta a que herramientas de inteligencia artificial y técnicas avanzadas de verificación formal puedan acortar significativamente los plazos, siempre que demuestren suficiente fiabilidad para integrarse en el flujo de trabajo de los equipos de clientes.
Vitalik Buterin y la apuesta por la resistencia cuántica

El cofundador de Ethereum, Vitalik Buterin, ha señalado públicamente que este Strawmap es un documento clave para el futuro de la red, especialmente por su enfoque sistemático frente a la amenaza cuántica. En una serie de publicaciones recientes, Buterin identificó cuatro componentes del protocolo que podrían resultar vulnerables ante ordenadores cuánticos suficientemente avanzados.
Esos cuatro frentes son el sistema de consenso (basado en firmas BLS), la disponibilidad de datos (sustentada en compromisos KZG), las firmas digitales de las cuentas externas (EOA) protegidas con ECDSA y gran parte de las pruebas de conocimiento cero (ZK) que se utilizan en la capa de aplicación. Todos ellos dependen de problemas matemáticos que, en teoría, podrían ser resueltos con mayor facilidad por un ordenador cuántico que por un sistema clásico.
Buterin lleva tiempo advirtiendo de que la llamada «amenaza cuántica» podría materializarse hacia finales de la década, con estimaciones que sitúan un posible punto de inflexión alrededor de 2028. La hoja de ruta de siete forks presentada por la Fundación Ethereum encaja con las cuatro propuestas técnicas que él mismo ha esbozado para adaptar cada uno de esos componentes.
Lejos de plantear un giro abrupto, la estrategia pasa por una evolución gradual hacia la criptografía post-cuántica, minimizando riesgos de ruptura y evitando escenarios en los que los usuarios tengan que migrar de forma caótica sus fondos o sus contratos. La idea es que, cuando los ordenadores cuánticos sean realmente capaces de atacar las curvas elípticas, la red ya haya cambiado de cimientos.
Buterin insiste además en que alcanzar la «resistencia cuántica total» es condición necesaria para que Ethereum supere lo que denomina la «prueba del abandono»: que el protocolo pueda seguir funcionando de manera segura incluso si, en un futuro, los equipos de desarrollo centrales desaparecieran o redujeran drásticamente su actividad.
Siete forks hasta 2029: estructura y objetivos principales
El calendario técnico pauta siete actualizaciones de red en aproximadamente cuatro años, con el objetivo de llegar a 2029 con un protocolo sustancialmente reforzado frente a ataques cuánticos, más rápido en la confirmación de transacciones y con funciones de privacidad integradas en la capa base y mayor interoperabilidad entre contratos activos.
Los primeros pasos corresponden a Glamsterdam y Hegotá, dos forks que, además de preparar el terreno para las mejoras criptográficas, abordan cuestiones de escalabilidad y eficiencia. A partir de ahí, las versiones I*, J*, K* y L* completarán la transición hacia nuevas primitivas de firma y pruebas.
Entre los pilares de esta transformación destaca la introducción de firmas de validadores basadas en hash (a menudo denominadas «lean signatures» frente a las actuales BLS), consideradas mucho más resistentes a ataques cuánticos. En paralelo, se prevé sustituir los compromisos KZG por pruebas STARK, y avanzar hacia una abstracción de cuentas nativa que permita a los usuarios elegir algoritmos de firma post-cuánticos.
Otro eje clave es el reposicionamiento de las pruebas de conocimiento cero en el propio protocolo, aprovechando futuras capacidades de agregación recursiva para que la red pueda manejar pruebas más pesadas sin perder rendimiento. De este modo, se aspira a que la compatibilidad con criptografía resistente a la cuántica conviva con una experiencia de uso fluida.
El Strawmap también articula la evolución de Ethereum como una sustitución progresiva de componentes al estilo del «barco de Teseo»: pieza a pieza, el protocolo se va transformando hasta convertirse en una infraestructura más limpia, simple, amigable con los generadores de pruebas (provers) y verificable formalmente de extremo a extremo.
Minimmit y la finalidad en cuestión de segundos
Uno de los cambios más ambiciosos del plan tiene que ver con la rapidez con la que las transacciones se consideran irreversibles. En la actualidad, Ethereum utiliza un mecanismo de consenso conocido como Gasper, que requiere en torno a 16 minutos para la finalidad económica. El objetivo es reducir esa ventana a un rango de unos pocos segundos.
Para lograrlo, el Strawmap propone migrar hacia un algoritmo de consenso BFT de una sola ronda llamado Minimmit. Este diseño desacopla los bloques individuales del proceso de finalidad, permitiendo que la red alcance un acuerdo definitivo en cuestión de segundos, siempre que una supermayoría de validadores honestos participe correctamente.
Buterin ha detallado que la trayectoria esperada pasa por ir reduciendo de forma escalonada el tiempo de los «slots», los intervalos en los que se proponen nuevos bloques. La secuencia aproximada sería bajar de los 12 segundos actuales a 8, 6, 4, 3 y, en última instancia, 2 segundos por slot, con la finalidad en un dígito de segundos.
La viabilidad de estas cifras depende en gran medida de mejoras en la capa de red peer-to-peer (p2p). Los equipos de investigación trabajan con técnicas como la «erasure coding» o codificación de borrado, que permite fragmentar los datos de un bloque para que los nodos puedan reconstruirlos con rapidez aunque solo reciban una parte de la información.
Según estudios citados por el propio Buterin, una red p2p optimizada con codificación de borrado podría reducir de forma considerable el tiempo de propagación de bloques en los percentiles más altos de la distribución, lo que hace que la reducción de los slots sea factible sin deteriorar la seguridad ni la descentralización.
Impacto en la descentralización y en la arquitectura de red
La idea de acelerar bloques y finalidad suele plantear dudas sobre su efecto en la descentralización, ya que intervalos más cortos tienden a endurecer las exigencias técnicas para los validadores. Sin embargo, varios investigadores sostienen que estas mejoras se pueden introducir sin convertir la red en un club exclusivo de actores con infraestructura de alta frecuencia.
Kirill Fedoseev, director de Investigación de Blockscout, ha señalado que slots más rápidos aumentan la sensibilidad a la latencia, pero no tienen por qué suponer un sacrificio intrínseco de descentralización. La clave está en un diseño cuidadoso de la red p2p y en el uso de comités de atestación más pequeños y seleccionados aleatoriamente.
En la práctica, se estudia operar con comités de entre 256 y 1.024 validadores por slot, manteniendo intacto el conjunto global de validadores y la participación sin permisos. Lo que cambia no es quién puede validar, sino la forma en que la red coordina a los participantes para que el bloque llegue de forma eficiente a todos los puntos.
Además, la hoja de ruta contempla avances como la enshrined Proposer-Builder Separation (ePBS), un mecanismo que separa el rol de quien propone bloques del de quien los construye. Esta separación, prevista en la actualización Glamsterdam, está orientada a reducir el poder de los grandes constructores y atajar el MEV (Miner/Maximal Extractable Value), preservando un entorno más competitivo.
Hegotá, por su parte, prevé la integración de Verkle Trees, una estructura de datos que puede rebajar notablemente los requisitos de hardware para operar un nodo. El objetivo de fondo es avanzar hacia un estado «sin estado» (statelessness), donde los nodos ligeros puedan verificar la cadena de forma más sencilla y asequible, ampliando el margen de descentralización.
Los cuatro frentes críticos ante la computación cuántica
En paralelo a las mejoras de rendimiento, la prioridad del Strawmap pasa por blindar los puntos criptográficos débiles frente a la cuántica. Buterin ha descrito con cierto detalle las vulnerabilidades y las soluciones propuestas para consenso, disponibilidad de datos, firmas de cuentas y pruebas ZK.
En el frente del consenso, Ethereum emplea firmas BLS que permiten agregar miles de firmas de validadores en un único elemento, reduciendo el volumen de datos. El problema es que BLS se basa en curvas elípticas, susceptibles al algoritmo de Shor si se alcanzara un umbral suficiente de potencia cuántica.
La alternativa pasa por adoptar firmas basadas en funciones hash, como los esquemas de tipo Winternitz, que se consideran robustos en un entorno post-cuántico. Estas firmas son más pesadas en tamaño, pero se compensarían combinándolas con STARK, de modo que una sola prueba pueda certificar la validez de un conjunto amplio de firmas.
En cuanto a la disponibilidad de datos, los compromisos KZG utilizados actualmente permiten probar que una pieza de información pertenece a un conjunto sin revelar todo el contenido. De nuevo, su dependencia de curvas elípticas los vuelve vulnerables a la hipotética potencia de un ordenador cuántico avanzado.
La propuesta de Buterin es reemplazar progresivamente KZG con pruebas STARK, que no requieren configuraciones de confianza ni se apoyan en criptografía elíptica. La contrapartida es que las pruebas STARK tienden a ser más grandes y costosas de generar, por lo que se necesitará un esfuerzo de ingeniería considerable para optimizar costes y tiempos.
Firmas de usuario, abstracción de cuentas y EIP-8141
Otro flanco sensible son las firmas ECDSA utilizadas por las cuentas externas (EOA), el mismo esquema que encontramos en Bitcoin. Un ordenador cuántico capaz de ejecutar el algoritmo de Shor a gran escala podría derivar la clave privada a partir de la clave pública y tomar el control de los fondos.
Para mitigar este riesgo, el plan pasa por introducir de forma nativa la abstracción de cuentas (Account Abstraction), de modo que las carteras puedan utilizar diferentes algoritmos de firma sin necesidad de reescribir el protocolo desde cero cada vez que se adopte una nueva primitiva criptográfica.
La abstracción de cuentas permitiría que los usuarios opten por firmas resistentes a la cuántica, basadas en hash o en retículas (lattice-based), entre otras opciones. El problema es el coste: una firma ECDSA ronda las 3.000 unidades de gas, mientras que muchas alternativas post-cuánticas pueden superar ampliamente las 200.000 unidades.
Buterin plantea dos vías para aliviar esa carga: por un lado, añadir precompilados especializados en el propio protocolo para acelerar la verificación de firmas post-cuánticas; por otro, aprovechar la agregación recursiva prevista en EIP-8141, sustituyendo múltiples verificaciones individuales por una sola prueba que certifique que todas ellas son correctas.
Este mismo enfoque de compresión de verificaciones se extendería a las pruebas de conocimiento cero que hoy utilizan esquemas como Groth16. En lugar de verificar cada prueba por separado en la cadena, se generaría una única prueba resumen que garantice que todo el conjunto cumple las condiciones establecidas, reduciendo el coste en gas y facilitando la adopción de primitivas ZK post-cuánticas.
Privacidad nativa y rol de la capa 1 frente a las soluciones de capa 2
La hoja de ruta sitúa la privacidad de primera clase en la capa 1 como uno de los objetivos estratégicos. Buterin lleva tiempo defendiendo que la privacidad en blockchain debe tratarse como una forma de «higiene», algo tan básico como el cifrado de las comunicaciones en Internet.
Las futuras bifurcaciones apuntan a incorporar transferencias de ETH enmascaradas, de forma que los usuarios puedan realizar envíos privados sin tener que recurrir necesariamente a soluciones externas o a protocolos específicos en capa 2. La idea no es ocultarlo todo, sino ofrecer más control granular sobre qué información se expone públicamente.
En este contexto, el Strawmap plantea un reajuste en la relación entre la capa base y las soluciones de escalado. Durante años se ha asumido que la escalabilidad masiva se delegaría principalmente en las redes de capa 2, mientras que Ethereum L1 mantendría un papel más limitado como capa de liquidación.
Ahora se perfila un modelo ligeramente distinto: la capa 1 se refuerza en rendimiento general y seguridad criptográfica, mientras que las soluciones de capa 2 se orientan a casos de uso más específicos, ya sea maximizar el rendimiento para ciertas aplicaciones o especializarse en privacidad y funcionalidades avanzadas.
Esta combinación de una L1 más potente y L2 especializadas podría resultar especialmente relevante en Europa y España, donde bancos, fintech y reguladores observan con atención la evolución de las infraestructuras sobre las que se construyen productos financieros tokenizados y soluciones de pago basadas en blockchain.
Contexto de mercado y mirada a medio plazo
El despliegue de este plan técnico llega en un momento en el que el mercado de ETH atraviesa una fase de presión y volatilidad, con caídas acumuladas significativas frente a sus máximos históricos y un debate abierto entre quienes ven estas actualizaciones como una oportunidad y quienes priorizan la cautela.
Más de un 30% del suministro total de ETH permanece bloqueado en staking, aunque las rentabilidades se han moderado, lo que reduce su atractivo frente a otros activos. Al mismo tiempo, la volatilidad a corto plazo se ha incrementado, un patrón que en el pasado ha estado asociado a movimientos bruscos de precio.
En el plano institucional, el interés continúa creciendo: vehículos de inversión regulados y ETFs han ido acumulando exposición a ETH, y buena parte de los fondos de cobertura tradicionales ya manejan posiciones en criptoactivos. En Europa, el marco MiCA y la regulación financiera en curso podrían marcar el tono de cómo se integra Ethereum en la oferta de productos para inversores minoristas y profesionales.
La gran incógnita es si la ejecución de los siete hard forks hasta 2029 se traducirá en una mayor confianza por parte del mercado y de los reguladores, o si la complejidad técnica y los riesgos de implementación mantendrán el escepticismo durante más tiempo.
En última instancia, la apuesta del ecosistema Ethereum combina un refuerzo drástico de la seguridad criptográfica frente a la computación cuántica, una mejora sustancial en la experiencia de usuario con finalidad en segundos y una capa 1 más privada y verificable formalmente, todo ello sin renunciar a la descentralización. Si el plan se ejecuta según lo diseñado, la red podría situarse como una de las infraestructuras de referencia para aplicaciones financieras y Web3 en Europa y a escala global, en un entorno cada vez más exigente en materia de seguridad y cumplimiento normativo.