Google apaga Project Mariner y reparte su tecnología entre Gemini y Chrome

Última actualización: mayo 10, 2026
  • Google ha cerrado Project Mariner, su agente de IA para navegar la web, activo solo en fase experimental.
  • El sistema funcionaba sobre Gemini 2.0 y operaba como un usuario humano: veía la pantalla, hacía clics, rellenaba formularios y ejecutaba tareas complejas.
  • La compañía ha integrado las capacidades de Mariner en Gemini Agent, Gemini API, Vertex AI y el Modo IA de búsqueda, así como en la navegación automática de Chrome.
  • El cierre refleja un giro del sector hacia agentes más eficientes, menos costosos y orientados a empresa, en plena competencia con OpenAI, Anthropic y Amazon.

Project Mariner agente de IA de Google

Google ha decidido cerrar Project Mariner, su agente de inteligencia artificial para navegación web, apenas un par de años después de presentarlo como una de las piezas clave de su estrategia en IA. El movimiento llega en pleno pulso con otros gigantes como OpenAI, Anthropic o Amazon, y encaja en una tendencia clara: abandonar marcas experimentales para absorber la tecnología en productos más consolidados como Gemini y Chrome.

Aunque Mariner deja de existir como servicio independiente, sus capacidades no desaparecen. La compañía ha confirmado que buena parte de la tecnología desarrollada para este agente se ha reutilizado en herramientas como Gemini Agent, Gemini API, Vertex AI o el Modo IA de búsqueda, de forma que el usuario final seguirá beneficiándose de estas funciones, pero sin ver ya el nombre «Project Mariner» en primer plano.

Qué era exactamente Project Mariner

Project Mariner nació en Google DeepMind a finales de 2024 como un prototipo de investigación para crear un agente autónomo capaz de operar un navegador como lo haría una persona. Inicialmente conocido internamente como Project Jarvis, se lanzó asociado al modelo Gemini 2.0, que aportaba capacidades multimodales avanzadas en texto, programación, vídeo, comprensión espacial e interpretación de imágenes.

En lugar de extraer directamente el HTML de una página o usar APIs de terceros, Mariner trabajaba sobre la pantalla del navegador: tomaba capturas de pantalla en tiempo real, detectaba botones, campos de texto, menús y enlaces, y luego hacía clic o escribía en nombre del usuario. Con este enfoque, podía completar formularios, buscar ofertas de empleo, reservar viajes en webs como Expedia o seguir flujos complejos entre distintas páginas sin que los sitios tuvieran que modificar nada.

El sistema se desplegó en fase experimental mediante una extensión para Chrome. Desde ahí, el agente podía entender el contenido que aparecía en la pantalla —texto, código, imágenes, píxeles individuales o formularios—, plantear dudas si la instrucción del usuario era ambigua y, una vez aclarada, ejecutar la tarea de forma autónoma. Google lo describía como un atajo para automatizar tareas repetitivas en la web y ahorrar tiempo en gestiones digitales.

Con el paso de los meses, el proyecto evolucionó desde una simple demo técnica a un servicio más estructurado, orientado a usuarios avanzados y desarrolladores. La compañía empezó a posicionarlo como parte de su ofensiva de agentes cognitivos capaces de operar sobre interfaces gráficas, en paralelo a otros prototipos como Project Astra o herramientas agénticas para programación.

Interfaz de Project Mariner navegando la web

El despliegue: de I/O a los planes de suscripción

Google presentó públicamente a gran escala Project Mariner durante la conferencia I/O 2025, donde lo situó como uno de los ejemplos más visibles de lo que podían hacer sus nuevos modelos Gemini en el navegador. En ese escenario, la compañía anunció que el agente dejaba de ser una simple prueba limitada para entrar en una fase de acceso más amplio.

En Estados Unidos, la empresa abrió Mariner a suscriptores del plan Google AI Ultra, con una cuota mensual elevada —cercana a los 250 dólares mensuales— enfocada a usuarios profesionales y empresas con necesidades intensivas de automatización. En paralelo, Google indicó que los desarrolladores podrían acceder a parte de estas capacidades a través de Gemini API y Vertex AI, integrando el comportamiento del agente en sus propias aplicaciones y flujos de trabajo.

Te puede interesar:  ¿Cómo va España Alemania?

Una de las mejoras destacadas en esa etapa fue el cambio de arquitectura: la ejecución pasó a máquinas virtuales en la nube en lugar de depender del navegador local del usuario. Esto permitía que Mariner pudiera gestionar hasta una decena de tareas simultáneas sin bloquear el ordenador, algo clave para que el sistema resultara práctico en entornos profesionales donde se trabaja con muchas pestañas y aplicaciones a la vez.

En el plano técnico, el agente se apoyaba en Gemini 2.0, lo que le permitía beneficiarse de las actualizaciones continuas del modelo en programación, comprensión de vídeo, interpretación de imágenes y razonamiento espacial. Cuando el usuario daba una instrucción compleja —por ejemplo, buscar un vuelo con ciertas condiciones, comparar opciones y completar una reserva—, Mariner descomponía el encargo en pasos intermedios, los ejecutaba secuencialmente sobre el navegador y solo pedía ayuda si detectaba ambigüedad o falta de datos.

Con todo, el coste de esta propuesta siempre estuvo sobre la mesa. Al tratarse de un sistema que procesaba imágenes de la pantalla en tiempo real y tomaba decisiones sobre ellas, la infraestructura requerida era notablemente más cara y menos eficiente que la de agentes que trabajan directamente sobre archivos, APIs o entornos de línea de comandos.

Cómo funcionaba el agente en el navegador

En la práctica, utilizar Project Mariner consistía en darle una instrucción en lenguaje natural y dejar que el sistema se encargase de navegar por la web como lo haría un humano. El agente analizaba lo que veía en Chrome, identificaba los elementos interactivos de cada página, hacía clic donde correspondía, rellenaba campos con la información adecuada y avanzaba paso a paso hasta completar la tarea.

Este funcionamiento se traducía en usos muy concretos: recopilar datos de varias webs para un informe, automatizar la búsqueda de ofertas de trabajo en distintos portales, gestionar reservas de viajes, comparar precios en e‑commerce o completar formularios largos y repetitivos sin que el usuario tuviera que ir revisando pantalla por pantalla.

Desde el punto de vista de diseño, Mariner intentaba comportarse como un asistente prudente. Si la petición era poco clara —por ejemplo, «encuéntrame un hotel barato en Europa»—, el agente pedía aclaraciones adicionales (fechas, presupuesto, ciudades preferidas) antes de lanzarse a navegar. Ese diálogo previo buscaba reducir errores de ejecución en tareas con muchos pasos encadenados.

Sin embargo, la aproximación basada en capturas de pantalla tenía inconvenientes. El procesamiento visual continuo exigía una gran capacidad de cálculo, lo que podía traducirse en tiempos de respuesta más largos y un consumo de recursos notable. Además, la naturaleza probabilística del modelo hacía posible que el agente confundiera botones similares o seleccionara opciones equivocadas en interfaces complejas.

A esto se sumaban las preocupaciones sobre privacidad y seguridad. Para poder funcionar, Mariner requería acceso persistente a todo lo que se mostraba en el navegador, algo especialmente sensible si el usuario gestionaba correos, banca online o documentos internos de empresa. Aunque Google aplicaba medidas de protección, el simple hecho de dar a un agente acceso total a la pantalla generaba legítimas dudas en algunas organizaciones.

El cierre: un mensaje escueto y una estrategia más amplia

El final de Project Mariner llegó de forma silenciosa. El 4 de mayo de 2026, la página oficial del proyecto en la web de Google dejó de mostrar información comercial y pasó a un mensaje breve de despedida en inglés, agradeciendo a quienes habían usado la herramienta durante su fase experimental e indicando la fecha de cierre.

Te puede interesar:  Cómo Saber Si Te Toca Mesa Electoral 2023

El aviso, detectado inicialmente por el periodista Max Zeff y recogido por medios tecnológicos internacionales y europeos, dejaba claro que el producto como tal se apagaba, pero añadía un matiz importante: «su tecnología viajó a otros productos de Google». Paralelamente, Google recomendaba a quienes usaban Mariner para tareas complejas que se pasaran a Gemini Agent, en ese momento impulsado ya por Gemini 3.1 Pro.

No hubo gran anuncio en redes sociales ni rueda de prensa específica. La confirmación se produjo sobre todo a través de la propia web del proyecto y de comunicaciones a usuarios de prueba, además de las filtraciones y reportajes de prensa especializada que ya venían apuntando a una reducción de personal en el equipo meses antes.

Este estilo encaja con una práctica habitual en la industria tecnológica: cuando un producto experimental no encaja en la estrategia comercial, la compañía puede optar por retirarlo discretamente y reaprovechar su base tecnológica en otros servicios con más tracción y visibilidad, en lugar de mantener múltiples marcas paralelas.

En el caso de Mariner, los indicios de repliegue se remontan a marzo de 2026, cuando se informó de que Google había comenzado a mover personal fuera del proyecto. Para entonces, el mercado ya se estaba inclinando hacia agentes menos dependientes del navegador gráfico y más centrados en operaciones sobre archivos, código y APIs, con una relación coste‑beneficio más favorable para despliegues masivos.

Por qué Google decidió apagar Project Mariner

Detrás del cierre de Project Mariner confluyen motivos técnicos, económicos y estratégicos. Varias fuentes y análisis coinciden en señalar que el modelo de agente basado en visión del navegador, aunque llamativo en demos, resultaba difícil de escalar en producción frente a alternativas más ligeras.

En primer lugar, el coste operativo era alto: procesar flujos continuos de capturas de pantalla en la nube, interpretar cada detalle visual y tomar decisiones en tiempo real exigía una infraestructura considerable. Comparado con agentes que trabajan contra APIs o entornos de línea de comandos (CLI), el enfoque de Mariner era más lento y caro por tarea completada.

En segundo lugar, la propia estrategia interna de Google cambió de énfasis. La compañía había marcado 2026 como el momento en que la inteligencia artificial debía pasar de promesa a utilidad medible, con foco en casos de uso concretos y métricas de eficiencia. En ese marco, mantener un producto de marca propia en fase experimental tenía menos sentido que integrar sus capacidades en servicios consolidados con millones de usuarios.

A ello se sumaba la presión competitiva. Mientras Google afinaba sus agentes basados en navegador, en el mercado surgían nuevas herramientas de IA con funciones de agente más orientadas a tareas productivas, como herramientas estilo OpenClaw, soluciones de Anthropic o propuestas de OpenAI enfocadas a automatizar flujos de trabajo completos sin necesidad de simular clics en un navegador.

El resultado fue un patrón ya conocido en Big Tech: «matar» la marca experimental pero conservar la tecnología. Mariner se apaga como producto, pero sus algoritmos, aprendizajes y componentes pasan a formar parte de la infraestructura general de Gemini, del navegador Chrome y del buscador con Modo IA, donde pueden contribuir a experiencias unificadas para el usuario.

Dónde ha ido a parar la tecnología de Mariner

Pese al cierre, Google insiste en que la tecnología desarrollada para Project Mariner sigue presente en varios de sus servicios. En la práctica, esto significa que buena parte de sus capacidades se han diluido dentro del ecosistema Gemini y de las herramientas de IA de la compañía.

Te puede interesar:  Grant Thornton refuerza sus servicios de ciberseguridad con Hack by Security

Uno de los principales destinos es Gemini Agent, el agente avanzado que Google está posicionando como núcleo de su oferta de automatización compleja. Muchas de las funciones que Mariner demostraba en la web —como moverse entre sitios, gestionar tareas de varios pasos o interpretar interfaces visuales— se están reconduciendo hacia este agente más generalista, disponible inicialmente para suscriptores de planes de gama alta en mercados como Estados Unidos.

Además, Google ha incorporado elementos de Mariner en Gemini API y Vertex AI, de modo que los desarrolladores pueden seguir aprovechando algoritmos de navegación y automatización web sin depender de un producto con marca propia. Como estas capacidades ya se ofrecían desde mediados de 2025 vía API, la transición para muchos proyectos de terceros ha sido relativamente suave.

En el navegador, algunas de las ideas de Mariner se han trasladado a la navegación automática de Chrome, donde el navegador puede ayudar al usuario a completar ciertos flujos, y al Modo IA del buscador de Google, que integra funciones agénticas dentro de la experiencia de búsqueda. El objetivo es que el usuario perciba un asistente integrado, sin necesidad de activar herramientas separadas.

De fondo, existe también la posibilidad de sinergias con otros proyectos de la casa, como Project Astra, el asistente multimodal de Google. La experiencia de Mariner entendiendo pantallas, formularios y elementos visuales encaja bien con la ambición de asistentes que combinan voz, imagen y texto en tiempo real, por lo que parte de ese conocimiento podría aflorar en futuras versiones de estos productos.

Un cierre que refleja la madurez de los agentes de IA

Lo ocurrido con Project Mariner sirve como termómetro de cómo está madurando el mercado de los agentes de inteligencia artificial. En apenas un par de años, el foco ha pasado de prototipos muy vistosos basados en navegación visual a soluciones más sobrias, centradas en resultados y optimizadas para costes y escalabilidad.

Para Google, la retirada de Mariner no implica renunciar a la idea de agentes que automatizan el trabajo digital, sino ajustar la forma en la que esa capacidad llega al usuario. En lugar de mantener un catálogo fragmentado de proyectos con nombres distintos, la compañía está concentrando sus esfuerzos bajo paraguas como Gemini, Chrome o la búsqueda con IA.

Desde la perspectiva de usuarios avanzados y empresas europeas, el cambio se traducirá sobre todo en un mayor peso de Gemini Agent y de las integraciones vía API. Las mismas funciones que Mariner enseñó en sus primeras demos —completar procesos en webs, manejar formularios o encadenar tareas complejas— tienden ahora a presentarse como parte de asistentes más globales, que combinan correo, calendario, documentos y navegador en un único flujo.

A nivel de ecosistema, el caso Mariner encaja en un patrón más amplio de la era actual de la IA: los proyectos que no justifican claramente su coste o su encaje comercial acaban integrados en plataformas más grandes. La investigación sigue, pero el listón para mantener productos diferenciados es cada vez más alto.

En última instancia, el adiós a Project Mariner no supone que la visión de un agente capaz de «usar internet por nosotros» haya quedado descartada, sino que Google prefiere desplegarla de forma más discreta y pragmática, diluida en su oferta de IA y ajustada a un contexto en el que se exige menos espectáculo y más utilidad tangible.

Related article:
¿Quién Inventó la Brújula?, para Guiar el Camino y Más