- El 'joyriding' consiste en robar vehículos para conducir de forma temeraria y grabar las persecuciones con el fin de difundirlas en redes como TikTok.
- Doce personas han muerto en dos accidentes recientes en Inglaterra e Irlanda, presuntamente vinculados a esta práctica.
- Las autoridades británicas e irlandesas presionan a las plataformas sociales para que retiren este tipo de contenido que glorifica la conducción peligrosa.
- En España, esta conducta podría ser castigada con penas de hasta cinco años de prisión y la retirada del carné durante una década.
La última moda que circula por las redes sociales ha pasado de ser un entretenimiento digital a una auténtica pesadilla en las carreteras. El llamado joyriding consiste en robar un coche o una moto, conducir a toda velocidad y grabar la hazaña para después publicarla en TikTok, Instagram o Snapchat. Lo que empezó como un desafío entre jóvenes se ha cobrado ya la vida de una docena de personas en apenas dos semanas, y las autoridades de Reino Unido e Irlanda han declarado la guerra a esta peligrosa práctica.
El detonante ha sido una serie de accidentes mortales en los que los implicados, en su mayoría adolescentes, circulaban en sentido contrario o huían de la policía mientras eran filmados. Las imágenes, lejos de ser un simple recuerdo, buscan conseguir likes, seguidores y notoriedad, convirtiendo la imprudencia en un espectáculo viral. Los últimos siniestros han reabierto el debate sobre la influencia de las redes sociales en el comportamiento de los más jóvenes y han puesto en el punto de mira a las plataformas digitales, a las que se exige una mayor responsabilidad.
Qué es el joyriding y cómo las redes lo han convertido en un fenómeno
El término joyriding no es nuevo; ya se utilizaba en los años 90 para describir la acción de robar un vehículo con el único fin de dar un paseo emocionante. Sin embargo, la llegada de las redes sociales ha dado una vuelta de tuerca: ahora los protagonistas se graban mientras cometen la infracción y comparten el material en Internet. La adrenalina de la fuga se combina con la búsqueda de reconocimiento digital, y cada vídeo con miles de reproducciones se convierte en un trofeo.
Las grabaciones muestran todo tipo de temeridades: circular a más de 170 kilómetros por hora, apagar las luces para despistar a la policía, provocar a los agentes para que inicien una persecución o incluso entrar en autopistas en dirección contraria. Una investigación del medio irlandés RTÉ analizó 51 vídeos de este tipo y encontró que en 14 de ellos aparecían vehículos circulando en sentido contrario, y en 12 se veían claramente luces policiales persiguiendo a los infractores. El objetivo final es presumir de una supuesta valentía ante la autoridad, y quienes participan suelen ocultar su identidad con pasamontañas bajo el lema “no face, no case” (sin cara no hay caso).
Doce muertos en dos accidentes que han conmocionado a ambos países
La gravedad del asunto ha quedado patente con los dos últimos siniestros. El pasado 16 de agosto, en la autopista M9 cerca de Dublín, cinco adolescentes de entre 15 y 18 años viajaban en un BMW robado a gran velocidad y en sentido contrario. Chocaron frontalmente contra un vehículo en el que iban tres mujeres y un niño, que resultaron gravemente heridos. Los cinco jóvenes fallecieron en el acto, y la policía confirmó que al menos dos de ellos tenían cuentas en TikTok donde compartían vídeos de joyriding. Se cree que los chicos podrían estar vinculados a una banda conocida como ‘Lucky Dip’, dedicada al robo de coches en la zona de Dublín.
Una semana después, el 22 de agosto, ocurrió una tragedia similar en Middlesbrough, al noreste de Inglaterra. Cinco jóvenes de entre 17 y 23 años huían de la policía en un Volkswagen Passat robado cuando entraron en la carretera A66 en dirección contraria. El vehículo colisionó de frente contra un coche patrulla, matando a los cinco ocupantes del Passat y a dos agentes que se dirigían a otra intervención. Las imágenes de seguridad confirmaron que los policías Matthew Blades y Tom Clough no participaban en la persecución, que ya había sido suspendida. El primer ministro británico, Andy Burnham, se mostró “devastado” por la pérdida de los agentes y pidió a la ciudadanía que no especule sobre lo sucedido.
Según The Times, tanto los fallecidos en el accidente de Irlanda como los de Inglaterra habían publicado previamente vídeos de conducción temeraria. Sin embargo, la policía de Cleveland señaló que no hay pruebas de que la filmación de los hechos de esa noche se hiciera con fines de difusión en TikTok. A pesar de ello, las autoridades investigan si estos siniestros están relacionados con la moda viral y si los implicados formaban parte de redes que fomentan estos comportamientos.
Presión sobre TikTok y las redes sociales para frenar el contenido peligroso
La reacción no se ha hecho esperar. El ministro de Justicia irlandés, Jim O’Callaghan, ha instado directamente a TikTok a retirar todo contenido que glorifique actividades delictivas, recordando que la plataforma tiene la responsabilidad de cumplir su propio código de conducta. “Si permiten la publicación de contenidos que glorifican comportamientos delictivos, no están actuando de forma responsable”, afirmó con contundencia. Por su parte, el primer ministro irlandés, Micheál Martin, expresó su “conmoción” por el accidente y lo atribuyó al afán de “conseguir likes en redes sociales”.
El comisario de la policía irlandesa, Justin Kelly, también ha denunciado esta búsqueda de reconocimiento y ha señalado que los jóvenes están asumiendo riesgos extremos “para conseguir me gusta”. La asociación británica de seguridad vial IAM RoadSmart, a través de su director Nicholas Lyes, ha calificado de “terrible” que se alardee de estos comportamientos en Internet y ha exigido a las plataformas que eviten que este tipo de actividades se difundan a cambio de likes y reposteos. El organismo regulador de medios irlandés, Coimisiún na Meán, ha solicitado a TikTok un informe completo sobre las medidas que aplica para detectar y eliminar este contenido, y se ha convocado una comisión parlamentaria para abordar el asunto en septiembre.
TikTok, por su parte, asegura estar colaborando activamente con las autoridades y afirma que elimina los vídeos que incumplen sus normas, especialmente aquellos que muestran actividades susceptibles de ser imitadas y que podrían causar daños físicos graves. Según la BBC, ya han sido retirados los vídeos de la cuenta de uno de los fallecidos en Middlesbrough, pero la existencia de cientos de publicaciones similares demuestra la dificultad de controlar este fenómeno antes de que se haga viral.
En España también sería un delito grave
Aunque estos accidentes han ocurrido en Reino Unido e Irlanda, la preocupación por el joyriding también ha llegado a España. El abogado Juan Manuel Medina, en declaraciones a laSexta, advierte de que esta conducta constituiría un delito muy grave en nuestro país. “Solamente ocasionar el riesgo puede conllevar cinco años de prisión y la pérdida del carné hasta diez años”, explica. Además, recuerda que ya hay sentencias contra kamikazes en las que se considera homicidio doloso, y que si estos jóvenes se cargan a alguien, sería un delito de homicidio igual que si lo hicieran con un arma de fuego o un arma blanca.
El abogado subraya que la peligrosidad de esta moda no es exclusiva de las islas británicas, y que las autoridades españolas ya están atentas a la posible propagación de estas prácticas a través de las redes. Por el momento, no se han registrado accidentes similares en nuestro país, pero los expertos en seguridad vial insisten en la necesidad de concienciar a los jóvenes sobre los riesgos y de regular el contenido que se publica en plataformas digitales.
Los trágicos sucesos de las últimas semanas han puesto de manifiesto que la búsqueda de popularidad en internet puede tener consecuencias irreparables. La combinación de adrenalina, dinero fácil y notoriedad ha llevado a algunos adolescentes a robar vehículos y a grabar sus persecuciones, convirtiendo sus vidas y las de otros en un juego mortal. Mientras las autoridades investigan los accidentes y presionan a las plataformas para que actúen, la sociedad se pregunta hasta dónde llegarán los límites de la viralidad y el precio que se está dispuesto a pagar por unos minutos de fama.