- La frecuencia cardíaca en reposo es la métrica más fiable, con un sesgo mínimo según estudios y análisis independientes.
- El seguimiento del sueño muestra aciertos en detectar si se duerme, pero falla al distinguir fases como el sueño REM.
- El conteo de pasos es moderadamente preciso, mientras que la estimación de calorías sigue siendo poco fiable.
- Los expertos recomiendan usar los wearables para ver tendencias a largo plazo y no obsesionarse con los datos diarios.
Llevamos años viendo cómo pulseras, relojes y anillos inteligentes prometen monitorizar nuestra salud con solo ponérselos. Pero, ¿hasta qué punto podemos fiarnos de los números que nos muestran? Entre estudios científicos, análisis de youtubers especializados y pruebas de usuarios reales, empieza a haber consenso sobre qué métricas funcionan y cuáles todavía cojean. La frecuencia cardíaca en reposo y el conteo de pasos son las mediciones más sólidas, mientras que las calorías quemadas y las fases del sueño siguen siendo terreno pantanoso.
Un metaanálisis publicado en npj Digital Medicine (de la editorial Nature) revisó 82 investigaciones con más de 430.000 participantes y concluyó que la precisión varía enormemente según lo que se mida. Por su parte, el investigador neerlandés Rob ter Horst, conocido como «The Quantified Scientist», ha puesto a prueba el último modelo de Garmin, el CIRQA, y sus resultados coinciden en lo esencial: los sensores ópticos de muñeca son fiables para ritmo cardíaco en reposo, pero pierden puntería con movimientos bruscos o durante el ejercicio intenso. El entrenador canadiense Dan Go, que probó cuatro dispositivos a la vez durante dos semanas, también observó que el Apple Watch era el más preciso en pasos, aunque reconoció que ningún wearable es perfecto.
Frecuencia cardíaca: la reina de las métricas

El estudio de npj Digital Medicine analizó 38 investigaciones con 1.855 participantes y encontró que el sesgo promedio entre las mediciones del reloj y los métodos de referencia fue de apenas -0,27 latidos por minuto. Los mejores resultados se obtuvieron en reposo; durante el ejercicio con movimientos irregulares, la precisión se redujo. Los sensores ópticos de tercera generación, como los que incorporan los modelos más recientes, mostraron rangos de concordancia más ajustados. En la misma línea, Rob ter Horst comprobó que el Garmin CIRQA ofrecía lecturas muy cercanas a las de una banda torácica Polar H10 durante ciclismo en interior y al aire libre, aunque en carrera a intervalos aparecían pequeñas desviaciones. La frecuencia cardíaca en reposo es, según la Cleveland Clinic, una de las métricas mejor validadas y puede servir como punto de referencia objetivo para quienes buscan un seguimiento básico de su actividad.
El sueño: a medias entre lo útil y lo impreciso

Aquí las cosas se complican. El metaanálisis señala que los wearables distinguen bastante bien entre estar dormido y despierto, pero su capacidad para diferenciar etapas —sueño profundo, ligero y REM— es moderada o pobre. El dispositivo tiende a subestimar el sueño profundo y a clasificarlo erróneamente como sueño ligero. Rob ter Horst, al probar el Garmin CIRQA, encontró una coincidencia del 76,5 % en la detección de sueño profundo, pero el seguimiento del sueño REM resultó menos convincente, con fallos frecuentes durante la primera mitad de la noche. Dan Go, por su parte, usó como referencia un estudio del Wall Street Journal realizado en un laboratorio de Stanford, que señalaba al Apple Watch como el más preciso para sueño, aunque él mismo reconoció que no pudo verificar la exactitud por su cuenta. La conclusión general es que los datos de sueño pueden servir para ver tendencias, pero no para un diagnóstico clínico.
Pasos: fiables, pero con matices
El conteo de pasos es otra de las métricas que mejor funcionan. El estudio de npj Digital Medicine lo califica como moderadamente satisfactorio, aunque los estudios disponibles se limitan a primeras generaciones de dispositivos. Dan Go comparó el Apple Watch con un podómetro y confirmó que era el más preciso de los cuatro wearables que probó. Sin embargo, no todos los dispositivos aciertan igual: el Whoop, según su experiencia, tendía a exagerar el número de pasos. La Cleveland Clinic también respalda el conteo de pasos como una métrica validada, siempre que se use como referencia de actividad diaria y no como medida exacta.
¿Merece la pena llevar un wearable?

A pesar de las imprecisiones, los expertos coinciden en que estos dispositivos tienen utilidad si se usan con cabeza. El doctor Michael Dakkak, de la Cleveland Clinic, recuerda que solo el 11% de los wearables comerciales han sido validados para al menos una métrica, y que lo importante es preguntarse qué se quiere mejorar y si realmente se va a usar el dispositivo a diario. Dan Go, tras su experimento, decidió dejar de usar wearables porque sentía que los datos le generaban más estrés que beneficios. Su consejo: probar un dispositivo durante cuatro a ocho meses para identificar patrones, y luego aprender a escuchar al cuerpo sin depender de la tecnología. Para el usuario medio, lo útil no es el número exacto, sino la dirección general de las tendencias.

En definitiva, la tecnología avanza y cada año los sensores mejoran, pero todavía queda camino para que un wearable pueda sustituir a un equipo médico. Lo que sí ofrecen es una ventana a nuestros hábitos diarios, siempre que sepamos interpretar sus limitaciones. Como dice el refrán adaptado al siglo XXI: confía en el dato, pero verifica con el cuerpo.

