- La tokenización de activos financieros avanza con fuerza en los mercados globales, impulsada por bancos y gestoras.
- La prueba piloto de DTCC con JPMorgan y otros actores clave demuestra que la tecnología blockchain puede integrarse en los flujos de trabajo diarios.
- Las stablecoins y los fondos tokenizados están creciendo, pero persisten riesgos operativos y de fragmentación.
- La adopción aún es incipiente, pero el interés institucional es creciente.

La tecnología blockchain, que durante años se asoció únicamente a las criptomonedas, está viviendo una segunda juventud en el sector financiero tradicional. Lo que antes eran proyectos piloto aislados, ahora se ha convertido en una carrera por no quedarse atrás. Grandes bancos, gestoras de activos y bolsas de todo el mundo están invirtiendo millones en la tokenización de activos, un proceso que promete agilizar las transacciones y reducir costes.
El punto de inflexión se produjo cuando los reguladores empezaron a dar luz verde a estas iniciativas. En Estados Unidos, la administración actual ha mostrado una actitud favorable, mientras que en Europa, el reglamento MiCA ha sentado las bases para un marco legal claro. Este respaldo institucional ha dado confianza a los ejecutivos, que ven en la blockchain una oportunidad para modernizar unas infraestructuras que, en muchos casos, siguen ancladas en el pasado.
El resurgir de la tokenización
El entusiasmo actual contrasta con el fracaso de la Bolsa australiana, que en 2016 intentó transformar sus sistemas con blockchain y acabó amortizando 170 millones de dólares. Aquel proyecto se topó con problemas de diseño y una gestión deficiente, pero no frenó el interés del sector. Ahora, la tokenización se ha convertido en el centro de atención, con actores como JPMorgan, BlackRock y la propia DTCC liderando la carga.
La tokenización consiste en representar activos reales, como acciones, bonos o depósitos, mediante tokens digitales en una blockchain. Esto permite que se negocien las 24 horas, los 7 días de la semana, y que los procesos de liquidación se reduzcan de días a minutos. Los defensores de esta tecnología aseguran que elimina intermediarios y libera capital que actualmente queda inmovilizado en los sistemas tradicionales.
Uno de los ejemplos más claros es el de los fondos del mercado monetario tokenizados, que han pasado de menos de 4.000 millones de dólares a principios de 2025 a más de 16.000 millones en la actualidad. BlackRock, la mayor gestora del mundo, ha lanzado dos productos de este tipo, y Franklin Templeton también ha creado el suyo. Estos fondos generan rendimientos diarios, incluso en fines de semana, algo impensable con los vehículos tradicionales.

La prueba de fuego de DTCC
En julio, la Depository Trust & Clearing Corporation (DTCC), que gestiona la infraestructura de los mercados estadounidenses, organizó una prueba piloto con cerca de 40 empresas, entre ellas JPMorgan, Goldman Sachs, Invesco y Citadel. Durante cuatro horas, simularon una jornada bursátil completa con activos tokenizados, incluyendo acciones, bonos del Tesoro y garantías. El objetivo era comprobar si estos activos pueden circular por los nuevos sistemas sin sacrificar la seguridad de los mercados tradicionales.
La prueba fue un éxito, según los participantes. Las transacciones se completaron en tiempo real, y la DTCC anunció que planea lanzar el servicio de forma continua en octubre. La tokenización de garantías fue uno de los aspectos más destacados, ya que permitió utilizar acciones como margen en cuestión de minutos, algo que normalmente lleva días.
Sin embargo, no todo es tan sencillo. La adopción depende de que las cámaras de compensación, los custodios y los sistemas de gestión de riesgos acepten estos tokens. La interoperabilidad entre distintas blockchains sigue siendo un desafío, y los bancos aún no pueden transferir depósitos tokenizados entre sí a gran escala.

Los bancos y las stablecoins
Las stablecoins, tokens digitales vinculados al dólar o al euro, han sido el catalizador de este movimiento. Con un mercado de más de 300.000 millones de dólares, ofrecen un medio de pago rápido y eficiente para las transacciones tokenizadas. Los bancos, por su parte, están desarrollando sus propios depósitos tokenizados para no perder terreno frente a emisores como Circle o Tether.
Wells Fargo, el cuarto banco más grande de Estados Unidos, anunció que ofrecerá depósitos tokenizados a sus clientes corporativos este otoño. JPMorgan ya opera su red Kinexys, que procesa más de 7.000 millones de dólares al día. La tokenización de depósitos permite a los bancos ofrecer una funcionalidad similar a las stablecoins de euro y dólar, pero con la seguridad de un depósito bancario asegurado.
En Europa, el interés también está creciendo. Aunque no hay nombres tan sonados como en Estados Unidos, los reguladores de la UE están trabajando en marcos legales para la tokenización. La idea de que los activos tokenizados puedan negociarse sin fricciones en todo el continente es cada vez más atractiva para las instituciones financieras.
Riesgos y desafíos
A pesar de las promesas, la tokenización no está exenta de riesgos. El Fondo Monetario Internacional ha advertido de que los fallos en los sistemas blockchain pueden propagarse más rápido de lo que los supervisores pueden responder. La automatización de procesos, como las demandas de garantías, podría eliminar la flexibilidad humana que resulta crucial en momentos de pánico.
Además, la fragmentación de la liquidez es un problema real. Si los activos se negocian en múltiples plataformas, tanto tradicionales como descentralizadas, la liquidez podría dispersarse en lugar de concentrarse. La falta de interoperabilidad entre los sistemas de distintos bancos es otro obstáculo que el Banco de Pagos Internacionales intenta resolver con su Proyecto Agorá.
Por último, la seguridad sigue siendo una preocupación. Los proyectos basados en Ethereum perdieron 332 millones de dólares en ataques informáticos en el primer semestre de 2026. Los bancos más conservadores, como JPMorgan, prefieren usar blockchains privadas para evitar la exposición de datos sensibles.

En definitiva, la tokenización está dejando de ser un experimento para convertirse en una realidad tangible. Aunque los volúmenes aún son pequeños en comparación con los mercados tradicionales, el interés institucional es innegable. La clave estará en superar los desafíos técnicos y regulatorios para que esta tecnología pueda cumplir su promesa de transformar las finanzas globales. Por ahora, los actores del sector miran con optimismo hacia un futuro donde los activos se muevan con la misma facilidad que un mensaje de texto.
