- Una jueza federal de California rechaza archivar la demanda de 29 estados contra Meta por fomentar el uso compulsivo en niños.
- La acusación sostiene que la empresa ocultó deliberadamente daños como ansiedad, depresión e insomnio derivados del uso de sus redes.
- El proceso judicial, que comenzará en agosto, también evalúa infracciones graves sobre la privacidad y el consentimiento paterno en menores de 13 años.
- El caso se suma a un litigio masivo que incluye a más de 2.600 demandantes, entre particulares y centros escolares.

El panorama legal para el gigante de las redes sociales se ha complicado de forma significativa en las últimas horas tras un revés judicial de calado. Una jueza federal de California ha decidido que Meta debe enfrentarse a juicio tras rechazar de pleno el intento de la compañía por archivar una demanda de peso interpuesta por las fiscalías de 29 estados norteamericanos. La resolución pone contra las cuerdas la estrategia de defensa de la multinacional dirigida por Mark Zuckerberg.
La acusación no es ninguna tontería, ya que se centra en cómo la empresa habría ideado Instagram y Facebook con mecanismos específicos para enganchar deliberadamente a los más jóvenes, ocultando además los riesgos que esto supone para su bienestar emocional. Según la magistrada Yvonne Gonzalez Rogers, existen fundamentos suficientes para seguir adelante con las reclamaciones basadas en el engaño al consumidor y en prácticas comerciales desleales que afectan a un público especialmente vulnerable.
Un revés judicial por la protección de la infancia
La decisión tomada en el distrito de Oakland deja claro que Meta no lo tendrá fácil para justificar su modelo de negocio actual. La jueza ha señalado que la empresa podría haber infringido la Ley de Protección de la Privacidad Infantil en Internet, conocida como COPPA, al no cumplir con los requisitos de notificación y consentimiento de los padres. Este punto es crítico, ya que la justicia considera que la plataforma no hizo lo suficiente para verificar la edad de sus usuarios más pequeños.

No se trata de un caso aislado, ya que la misma magistrada coordina un litigio que agrupa a más de 2.600 demandantes, entre los que se encuentran desde familias particulares hasta distritos escolares enteros. Todos coinciden en una preocupación que ya está en la calle: el diseño de los algoritmos y la estructura de estas redes sociales están pensados para maximizar el tiempo de permanencia a cualquier precio, lo que parece estar afectando a los adolescentes y su salud.
La salud mental en el centro del debate
Desde las oficinas de Menlo Park se defienden con uñas y dientes alegando que la famosa «adicción a las redes sociales» no es un diagnóstico médico oficial. Sin embargo, las investigaciones aportadas por los estados hablan de una realidad mucho más cruda, vinculando el uso intensivo de estas plataformas con cuadros severos de ansiedad, depresión e insomnio. En los casos más alarmantes, se mencionan incluso conductas de autolesión que han encendido todas las alarmas sobre cómo afectan las redes sociales a la salud mental.
Meta sostiene que sus plataformas están dirigidas a un público general y que no se puede demostrar que hayan engañado a nadie sobre el funcionamiento de sus sistemas. A pesar de estas alegaciones, la jueza considera que un jurado podría ver las cosas de otra manera si se demuestra que las herramientas fueron diseñadas para crear dependencia de forma consciente. La pelota está ahora en el tejado de la tecnológica, que deberá presentar pruebas muy sólidas para desmontar esta interpretación de los hechos.
Precedentes y contexto internacional
Lo que ocurra en este juicio, programado para el 18 de agosto, se seguirá con lupa en todo el mundo, especialmente en Europa. En el viejo continente, la sensibilidad sobre este tema es altísima y ya hemos visto movimientos en países vecinos. Por ejemplo, en Francia se han presentado denuncias por incitación al suicidio y ciberacoso tras casos trágicos de adolescentes, mientras que en lugares como Australia se plantean prohibiciones drásticas para que los menores de 16 años no puedan abrir cuentas en estas plataformas.
Este movimiento judicial refuerza la idea de que la ética de los algoritmos no puede esperar más. Ya no se discute solo la innovación tecnológica, sino la responsabilidad social de las grandes tecnológicas frente a los efectos secundarios de sus productos. La transparencia sobre cómo se recomienda el contenido y la implementación de límites reales al diseño persuasivo son asignaturas pendientes que podrían empezar a ser obligatorias por vía judicial si las empresas no actúan por iniciativa propia.
El juicio que se avecina marcará un antes y un después en la forma en que entendemos nuestra relación con la tecnología y la protección de los menores en el entorno digital. Con las pruebas sobre la mesa y los testimonios de miles de afectados, la justicia deberá determinar si el crecimiento económico de una plataforma puede estar por encima del bienestar psicológico de toda una generación que ha crecido con un móvil en la mano.
