- Meta negocia con Anthropic un acuerdo de arrendamiento de capacidad de cómputo valorado en hasta 10.000 millones de dólares.
- La compañía ha fichado a Dave Brown, exdirectivo de AWS, para liderar su infraestructura cloud.
- El gasto de capital previsto para 2026 supera los 125.000 millones, duplicando el del año anterior.
- La apuesta por la nube propia busca rentabilizar la potencia de cálculo sobrante y competir con los grandes proveedores.

La computación en la nube se ha convertido en el pilar invisible que sostiene el auge de la inteligencia artificial. Cada consulta a un modelo generativo, cada entrenamiento de un algoritmo y cada despliegue de un agente autónomo dependen de una infraestructura física que combina centros de datos, redes de alta capacidad y procesadores especializados. Sin esa base, la IA no sería más que una promesa abstracta. Varios informes del sector coinciden en que la demanda de recursos cloud se ha disparado, y las grandes tecnológicas compiten por ofrecer capacidad de cómputo a terceros.
Meta Platforms, conocida por sus redes sociales y sus inversiones en realidad virtual, ha decidido dar un paso firme hacia ese negocio. La compañía que dirige Mark Zuckerberg está transformando sus centros de datos en una fuente de ingresos externa, y las conversaciones con la firma de inteligencia artificial Anthropic son la prueba más evidente. Según informaciones publicadas por varios medios, el acuerdo preliminar contempla el arrendamiento de potencia de cómputo durante dos años por un valor que podría alcanzar los 10.000 millones de dólares.
Meta se prepara para competir en el mercado cloud
La estrategia de Meta no se limita a una sola negociación. La empresa ha fichado a Dave Brown, quien durante casi dos décadas fue ejecutivo clave en Amazon Web Services (AWS), donde contribuyó a desarrollar servicios fundamentales como EC2. Brown reportará directamente al responsable de infraestructura de Meta y tomará las riendas de la red global de centros de datos que la compañía está ampliando. Este movimiento, confirmado por fuentes internas, dota a Meta del conocimiento técnico necesario para convertir su capacidad de cómputo en un producto comercial.
El propio Zuckerberg ha reconocido en varias ocasiones que la opción de alquilar potencia de cálculo sobrante es real. Empresas externas se acercan casi semanalmente para preguntar si pueden acceder a los modelos de IA de Meta o comprar capacidad, según declaró en la junta de accionistas de mayo. La iniciativa, bautizada como Meta Compute, planea la expansión de los centros de datos y ya ha cerrado acuerdos similares con CoreWeave y Nebius por valor de 21.000 y 27.000 millones de dólares respectivamente.
Un desembolso sin precedentes
Para sostener esta ambición, Meta ha previsto un gasto de capital de entre 125.000 y 145.000 millones de dólares para 2026, más del doble de los 72.000 millones del año anterior. Solo en el primer trimestre de 2026, las inversiones alcanzaron los 18.997 millones, un 46,8% más que en el mismo periodo de 2025. Buena parte de ese dinero se destina a centros de datos de inteligencia artificial; el de Louisiana, por ejemplo, pasará de 2 a 5 gigavatios de capacidad, con una inversión acumulada que ya supera los 50.000 millones.
El posible acuerdo con Anthropic, propuesto por la propia firma de IA en junio, establece pagos mensuales durante dos años y una cláusula de salida para ambas partes. La escala de la operación es de solo un tercio del contrato que Anthropic firmó con SpaceX, pero supone un hito para Meta al demostrar que su infraestructura puede generar ingresos externos. Los analistas de BMO Capital, sin embargo, advierten que la rentabilidad de estas inversiones sigue siendo incierta, y que Meta es la gran tecnológica con menor visibilidad sobre el retorno de su desembolso en IA.
A pesar de la cautela de Wall Street, los resultados trimestrales ofrecen un contrapunto. En el primer trimestre de 2026, Meta registró unos ingresos de 56.310 millones de dólares, un 33,1% más que un año antes, y un margen operativo del 41%. El beneficio por acción de 10,44 dólares superó con claridad el consenso, lo que supone el quinto trimestre consecutivo de sorpresas positivas. La división Reality Labs, eso sí, sigue siendo un lastre con pérdidas de 4.030 millones de dólares en el trimestre.
La apuesta de Meta por la nube propia no solo responde a una oportunidad de negocio, sino también a la necesidad de controlar los costes de la inteligencia artificial. La infraestructura cloud se ha convertido en un recurso estratégico, y las empresas que disponen de ella pueden rentabilizarla alquilándola a terceros. Con el fichaje de Brown, el posible acuerdo con Anthropic y una montaña de capital en juego, Meta se juega su futuro en dos frentes: demostrar que su apuesta por la nube y la inteligencia artificial puede generar ingresos propios, y sortear un entorno legal cada vez más adverso. La próxima presentación de resultados, prevista para el 29 de julio, arrojará luz sobre la primera parte de esa ecuación.
