- Meta retira Horizon Worlds de las gafas Quest y da por cerrada la etapa del metaverso en realidad virtual.
- Reality Labs acumula alrededor de 80.000 millones de dólares en pérdidas desde 2020 ligadas al proyecto.
- La compañía recorta presupuesto y plantilla en realidad virtual y prioriza gafas inteligentes e inteligencia artificial.
- El término "metaverso" desaparece del discurso corporativo mientras Meta redirige su inversión a infraestructuras de IA.

Hace poco más de cuatro años, Mark Zuckerberg decidió jugárselo todo al metaverso, rebautizando Facebook como Meta y presentando un futuro en el que trabajar, socializar y entretenerse pasaba por ponerse unas gafas de realidad virtual. La compañía reorganizó su imagen, sus productos y buena parte de sus inversiones alrededor de esa visión.
Hoy, ese plan se da prácticamente por amortizado. Tras una factura cercana a los 80.000 millones de dólares en pérdidas concentradas en su división de realidad virtual y aumentada, Meta ha optado por cerrar la etapa más ambiciosa de su metaverso: Horizon Worlds dejará de funcionar en las gafas Quest y quedará relegado a una versión móvil mucho menos inmersiva.
El cierre del metaverso en realidad virtual
En octubre de 2021, Zuckerberg presentó Horizon Worlds como la pieza central de un metaverso social en 3D, en el que millones de personas podrían coincidir en mundos virtuales para trabajar, asistir a eventos o simplemente charlar. La aplicación se convirtió en el escaparate de la nueva Meta y en el gran argumento para vender las gafas Meta Quest.
Sin embargo, la realidad ha sido bien distinta. Horizon Worlds nunca pasó de unos pocos cientos de miles de usuarios activos al mes, con cifras que rondaban los 200.000 en sus mejores momentos. Para una empresa que presume de llegar a más de 3.000 millones de personas con Facebook, Instagram y WhatsApp, el dato quedaba muy lejos de lo esperado.
Los problemas se acumularon desde el principio: gráficos básicos, avatares poco trabajados y una experiencia incómoda hicieron difícil que el público general se enganchara. Detalles aparentemente menores, como la ausencia de piernas en los avatares durante años, se convirtieron en símbolo de una plataforma que no terminaba de estar a la altura de la promesa inicial.
Meta trató de dar un empujón con conciertos, eventos promocionados y colaboraciones de alto perfil, pero el tirón mediático no se tradujo en una base de usuarios fiel. El catálogo de actividades seguía siendo limitado y para muchos el esfuerzo de ponerse las gafas no compensaba lo que encontraban dentro.
A partir de ahí, la compañía fue ajustando el rumbo. Directivos de Reality Labs ya adelantaron hace meses que el foco se desplazaría “casi por completo” a la versión móvil de Horizon, dejando entrever que la apuesta por la realidad virtual como red social masiva estaba en entredicho.
Fechas de cierre y fin de la etapa Quest
La decisión ya tiene calendario: los principales mundos y eventos de Horizon Worlds desaparecerán de la tienda de Quest el 31 de marzo. Espacios emblemáticos como Horizon Central, Events Arena, Kaiju o Bobber Bay dejarán de estar disponibles en las gafas de Meta.
Poco después llegará el punto final. El 15 de junio Horizon Worlds será eliminada por completo de los dispositivos Meta Quest. A partir de ese día, no se podrán crear nuevos mundos en realidad virtual, ni actualizar los existentes, ni acceder a la plataforma mediante ningún visor de la compañía.
Para los pocos creadores que aún monetizaban sus contenidos, el Programa de Bonificaciones para Creadores de VR se cerrará definitivamente, con los últimos pagos previstos en mayo. Con este movimiento, Meta cierra de facto la puerta a Horizon como gran red social inmersiva.
No todo desaparece, pero lo que queda es bastante más modesto. La empresa ha confirmado que Horizon continuará únicamente como aplicación móvil para iOS y Android, en un formato más cercano a una red social en 3D tradicional que a un mundo de realidad virtual totalmente inmersivo.
Para los usuarios europeos, el impacto práctico es el mismo que en Estados Unidos: las gafas Quest dejarán de ser la puerta de entrada al metaverso social de Meta y quienes quieran seguir en Horizon tendrán que pasar por la pantalla del móvil, sin la sensación de presencia que se prometía al principio.
Una apuesta de 80.000 millones que no cuaja
Detrás del giro estratégico hay una cifra que lo explica casi todo: Reality Labs acumula pérdidas operativas cercanas a los 80.000 millones de dólares desde 2020. Esta división agrupa tanto el hardware (gafas Meta Quest, proyectos de realidad aumentada) como el software vinculado al metaverso, incluido Horizon Worlds.
Solo en el cuarto trimestre de 2025, Reality Labs registró más de 6.000 millones de dólares en números rojos, con ingresos que ni siquiera cubrían una sexta parte de los gastos. En todo 2025, las pérdidas rondaron los 19.100 millones, sin que se viera un camino claro hacia la rentabilidad.
Meta puede permitirse estas cifras gracias a su potente negocio publicitario en Facebook e Instagram, que sigue generando beneficios muy elevados, también en Europa. Pero la paciencia de los inversores tiene un límite, especialmente cuando las promesas de crecimiento en un nuevo sector no se materializan.
Ante la presión del mercado, Zuckerberg ordenó a finales de año un recorte del 30% en el presupuesto de Reality Labs. Ese ajuste se tradujo en despidos masivos —alrededor de 1.500 trabajadores en una de las tandas más recientes— y en la cancelación o congelación de varios proyectos internos relacionados con visores y redes sociales virtuales.
Los recortes no se limitaron al metaverso. En paralelo, Meta ha anunciado que reducirá hasta un 20% de su plantilla global para priorizar recursos hacia las áreas consideradas estratégicas, principalmente la inteligencia artificial y los centros de datos que la soportan. Esto afecta tanto a equipos en Estados Unidos como a oficinas europeas.
Del metaverso a las gafas inteligentes y la IA
A pesar del tropiezo del metaverso, no todo ha sido negativo para Reality Labs. Uno de los productos que mejor ha funcionado son las gafas inteligentes Ray-Ban Meta, desarrolladas en colaboración con EssilorLuxottica, el gigante mundial de la óptica que también opera en Europa con marcas como Ray-Ban u Oakley.
Durante la primera mitad de 2025, las ventas de estas gafas conectadas se triplicaron, convirtiéndolas en uno de los dispositivos de electrónica de consumo con mayor crecimiento del catálogo de Meta. En el Viejo Continente, su posicionamiento como accesorio de moda con funciones tecnológicas ha facilitado la adopción entre públicos que nunca se habían planteado comprar un visor de realidad virtual.
El éxito relativo de este producto ha llevado a Meta a reforzar su alianza con EssilorLuxottica con una inversión de alrededor de 3.500 millones de dólares, destinada al desarrollo de nuevas líneas de gafas inteligentes, incluidas propuestas bajo la marca Oakley. Entre los prototipos en marcha se encuentran modelos con cámara mejorada, conexión directa a los servicios de Meta y capacidades avanzadas de realidad aumentada.
En declaraciones recientes, Zuckerberg ha insistido en que ve las gafas con inteligencia artificial integrada como un producto de uso masivo a medio plazo, más fácil de encajar en la vida diaria que un casco de realidad virtual voluminoso. La idea es que, con el tiempo, muchas de las gafas que se usen a pie de calle incorporen asistentes basados en IA que respondan a comandos de voz, identifiquen objetos o traduzcan carteles en tiempo real.
Este cambio de enfoque explica por qué, en la última conferencia de resultados con analistas, la palabra “metaverso” prácticamente desapareció del discurso corporativo. Ahora, los mensajes clave giran alrededor de conceptos como inteligencia artificial generativa, agentes personales y dispositivos inteligentes conectados a la nube.
La nueva prioridad: infraestructura de inteligencia artificial
En paralelo al adiós al metaverso en realidad virtual, Meta ha puesto en marcha un plan de inversión masivo en infraestructuras de IA. La compañía prevé destinar entre 60.000 y 65.000 millones de dólares en los próximos años a centros de datos, superordenadores y chips especializados.
Parte de ese esfuerzo se centrará en reforzar la capacidad de entrenamiento de modelos de lenguaje e IA generativa, tecnologías que la empresa quiere integrar no solo en sus redes sociales, sino también en productos como las gafas inteligentes o futuros dispositivos de realidad aumentada más ligeros.
En Europa, este movimiento se traduce en nuevas instalaciones de servidores y ampliaciones de centros de datos ya existentes, sujetos a la regulación comunitaria en materia de protección de datos y consumo energético. La compañía deberá equilibrar sus ambiciones tecnológicas con normativas cada vez más estrictas en privacidad y sostenibilidad.
La apuesta por la IA llega acompañada de una reorganización interna que da prioridad absoluta a estos proyectos. Equipos que antes trabajaban en experiencias del metaverso han sido reubicados hacia herramientas de inteligencia artificial para creadores de contenido, anunciantes y usuarios finales.
Con ello, Meta intenta situarse en la misma liga que otros gigantes tecnológicos que también han redirigido recursos desde la realidad virtual hacia la IA, consolidando un cambio de ciclo en la industria tecnológica global.
Todo este giro deja una imagen clara: el gran sueño del metaverso de Meta se apaga tras años de inversiones descomunales y adopción limitada, mientras la compañía concentra esfuerzos en tecnologías que hoy cuentan con más tracción y posibilidades de negocio, como la inteligencia artificial y las gafas inteligentes conectadas. El metaverso no desaparece del todo, pero pasa a un segundo plano, lejos de aquella promesa de revolución que justificó cambiar el nombre de Facebook y destinar decenas de miles de millones a un proyecto que, al menos por ahora, no ha logrado convencer al gran público.