- Meta planea subir los precios de sus visores Quest y abandonar los fuertes subsidios al hardware.
- La compañía alargará el ciclo de vida de sus dispositivos y espaciará los nuevos lanzamientos.
- Reality Labs afronta recortes de presupuesto y revisa su hoja de ruta, incluido el retraso del proyecto "Phoenix".
- El objetivo es construir un negocio de realidad virtual más rentable y sostenible a largo plazo.
Meta ha decidido dar un giro relevante a su negocio de realidad virtual y prepara una subida de precios en sus cascos y gafas Quest, acompañada de cambios en el ritmo de lanzamientos y en la forma de gestionar su división de hardware. La compañía, que llevaba años apostando por dispositivos relativamente asequibles para impulsar la adopción masiva, asume ahora que ese enfoque ya no encaja con la situación económica y tecnológica actual.
En un contexto marcado por pérdidas multimillonarias en Reality Labs y una competencia cada vez más agresiva en el mercado de la realidad virtual y mixta, Meta está reordenando sus prioridades. La estrategia pasa por dejar atrás los fuertes subsidios al hardware, encarecer gradualmente los visores y centrarse más en el software y los servicios de pago que rodean a su ecosistema inmersivo.
Un memorando interno marca el cambio de etapa
El punto de inflexión se recoge en un memorando interno enviado a empleados y firmado por Gabriel Aul y Ryan Cairns, responsables de la unidad de Metaverso y Reality Labs. En ese documento, los ejecutivos reconocen abiertamente que el modelo actual, basado en precios agresivos y altos subsidios, ya no es sostenible y que la compañía debe «construir un negocio más saludable» en torno a la realidad virtual.
Según ese texto, Meta prevé que sus futuros dispositivos de realidad virtual tengan un precio sensiblemente más alto y que se lancen con menor frecuencia. La intención es reducir la dependencia del éxito inmediato de cada visor que llega al mercado y apoyarse más en una base de usuarios consolidada, con ciclos de uso más largos y una oferta de servicios y contenidos que aporte ingresos recurrentes.
Los responsables de la división admiten que el crecimiento de la categoría ha obligado a mantener múltiples proyectos de hardware y software en paralelo, asumiendo costes elevados en incentivos a desarrolladores, contenidos subvencionados y estrategias comerciales agresivas. El nuevo enfoque busca limitar ese gasto y priorizar aquellas iniciativas que aporten estabilidad a medio y largo plazo, como la inversión en interfaces avanzadas y nuevos controles por gestos.
En el memorando, Aul y Cairns intentan tranquilizar a las plantillas implicadas y recalcan que Meta mantiene su apuesta por la realidad virtual como un pilar estratégico, pese a la reorientación. La idea no es abandonar el metaverso ni los entornos inmersivos, sino ajustar el ritmo y la forma en que se financia y desarrolla este ecosistema.

Subida de precios y ciclos de vida más largos
Uno de los mensajes más claros del documento interno es que los visores de Meta serán más caros en los próximos años. La empresa asume que debe reflejar mejor en el precio final el coste real de producción, los aranceles, la logística y las inversiones en software y contenido. En lugar de seguir subvencionando el hardware de forma intensa, se buscará un equilibrio que permita que Reality Labs reduzca pérdidas.
Actualmente, el visor de referencia, Meta Quest 3, se comercializa a 499,99 dólares en su versión estándar, mientras que el modelo de entrada se sitúa en 299,99 dólares. A ello se suma un movimiento adicional: la versión de mayor capacidad de Quest 3, con 512 GB, incrementará su precio en 50 dólares hasta alrededor de 649,99 dólares, manteniendo la edición base como puerta de entrada más asequible. Es una estrategia de doble vía: atraer usuarios nuevos con el modelo básico, pero empujar a los usuarios más intensivos hacia opciones premium mejor monetizadas.
El memorando no detalla fechas concretas ni qué generaciones de productos se verán afectadas de forma directa, pero sí deja claro que la subida de precios será una palanca clave para mejorar la salud financiera de la división. En la práctica, comprar un visor Quest a corto plazo podría ser más barato que hacerlo dentro de unos años, cuando la nueva política de precios esté plenamente implantada.
Ligado a esta subida, Meta también va a cambiar la cadencia con la que renueva su catálogo. La compañía quiere alargar el ciclo de vida de cada visor, algo que ya se está viendo con Quest 3, que deberá mantenerse en el mercado más tiempo del previsto inicialmente. Esto implica espaciar los lanzamientos y reducir la presión por tener un nuevo dispositivo cada poco tiempo, acercándose más al ritmo de otros segmentos tecnológicos.
Para los usuarios europeos y españoles, este movimiento puede traducirse en visores con mayor vida útil, pero con precios de entrada más elevados en futuras generaciones. La compañía previsiblemente adaptará los importes a cada mercado, pero la tendencia global será hacia un posicionamiento más «premium» de sus gafas.
Más apuesta por el software y el ecosistema
El cambio no se limita al precio del hardware. Los ejecutivos de Reality Labs insisten en que Meta debe elevar la calidad del software y de las experiencias digitales que acompañan a sus visores. Dicho de otro modo, si los dispositivos van a costar más, la compañía considera imprescindible que los usuarios perciban un salto claro en servicios, contenidos y plataformas.
En el memorando se reconoce que en el futuro se enviará nuevo hardware a un ritmo más lento, lo que libera recursos para destinar más tiempo y presupuesto al desarrollo de aplicaciones, juegos, espacios sociales y herramientas productivas dentro del ecosistema Quest. La ambición es ofrecer experiencias de «clase mundial» que hagan que el aumento de precio resulte más asumible para el usuario final.
Esta estrategia encaja con la evolución general del sector: el verdadero negocio no está solo en vender el visor, sino en construir un ecosistema rentable de contenido exclusivo, suscripciones y servicios integrados. En este contexto, las iniciativas como Meta Quest+, que ofrece juegos y experiencias de forma periódica a cambio de una cuota mensual, ganan peso en la ecuación económica.
La compañía ya ha colocado, según documentos internos citados en los últimos años, en torno a 20 millones de visores Quest en todo el mundo hasta 2023. Con una base instalada tan amplia, Meta ve margen para mejorar el retorno económico mediante contenidos y servicios, sin depender tanto de un crecimiento explosivo de nuevas ventas de hardware año tras año.
Este cambio de foco podría afectar especialmente al usuario europeo que utiliza el visor no solo para jugar, sino también para aplicaciones de productividad, formación o colaboración remota. Si el software mejora y se amplía la oferta, el dispositivo puede ganar peso en entornos profesionales y educativos, aunque el precio de acceso sea más alto.
Reality Labs, presión financiera y retrasos en nuevos proyectos
Detrás de esta reorganización está la situación financiera de Reality Labs, la división encargada de realidad virtual, aumentada y proyectos de metaverso. Desde que Facebook se convirtió en Meta en 2021, la unidad ha acumulado pérdidas superiores a los 60.000 millones de dólares, una cifra que ha encendido las alarmas entre inversores y dentro de la propia empresa.
Informes recientes apuntan a que Meta planea recortar hasta un 30 % del presupuesto de Reality Labs, una medida que refleja la urgencia por contener costes y mejorar la eficiencia. Estos ajustes pueden impactar tanto en la plantilla como en la velocidad de desarrollo de nuevos productos, empujando a la compañía a priorizar aquellos proyectos con mayor potencial de retorno.
En paralelo, la hoja de ruta de hardware se está revisando a fondo. Uno de los casos más significativos es el de las gafas de realidad mixta conocidas internamente como “Phoenix”, cuyo lanzamiento, según documentos previos, se ha aplazado del segundo semestre de 2026 a la primera mitad de 2027. Este retraso encaja con la idea de espaciar lanzamientos, reducir el número de frentes abiertos al mismo tiempo y centrar los esfuerzos en menos productos, pero más sólidos. Además, la entrada de competidores obliga a ajustar tiempos, como muestran movimientos de empresas que preparan sus propias gafas de realidad mixta.
Aunque el memorando interno no menciona directamente a Phoenix, sí refuerza el mensaje de que Meta adoptará un calendario más prudente para sus próximos dispositivos. Esto no solo afecta al mercado estadounidense; los retrasos en productos globales también repercuten en la llegada de nuevas gafas a Europa y España, donde muchos usuarios y desarrolladores estaban pendientes de las próximas generaciones.
La apuesta por ciclos más largos y un hardware más caro contrasta con la estrategia inicial de Meta, que pasaba por vender visores muy competitivos en precio para ocupar rápidamente el espacio de la realidad virtual antes que rivales como Apple o compañías especializadas en PC VR. Ahora, con el sector más maduro y con la entrada de alternativas de gama alta, la empresa parece dispuesta a sacrificar algo de velocidad en adopción a cambio de rentabilidad. Ese panorama se ve alterado por la propia evolución de los fabricantes y sus productos, incluidos los desarrollos de Apple y su Vision Pro.
Un mercado VR en plena redefinición
La decisión de Meta se toma en un momento clave para el mercado de la realidad virtual y mixta, tanto en Estados Unidos como en Europa. La compañía busca consolidar su posición frente a competidores como Apple, cuyo dispositivo Vision Pro —enfocado claramente hacia el segmento premium— eleva el listón en percepción de valor y precio dentro de este sector.
Al subir precios y reforzar la idea de que sus visores son productos de gama más alta, Meta intenta transmitir que el VR no es un simple accesorio, sino una puerta de entrada a nuevas formas de ocio, trabajo y comunicación. Este mensaje puede calar de forma particular en mercados europeos donde se valora la durabilidad de los dispositivos y el soporte a largo plazo, incluso si el desembolso inicial es mayor. En ese contexto, las propuestas de estilo y funcionalidad de marcas asociadas como Ray-Ban Meta contribuyen a posicionar el segmento premium.
El movimiento también se enmarca en una tendencia general hacia los dispositivos tecnológicos premium, con más prestaciones y mejores materiales, aunque eso suponga limitar el alcance a un público algo más reducido. Meta da por hecho que la demanda de productos de alta gama seguirá creciendo y quiere que sus visores Quest se sitúen en ese rango, sin renunciar del todo a modelos de entrada más asequibles.
Todo ello deja a los consumidores en una situación particular: el momento actual puede ser uno de los más favorables para adquirir un Quest 3 a precio relativamente contenido, ante la perspectiva de incrementos futuros. De cara a las próximas generaciones, es previsible que los usuarios tengan que valorar con más calma si les compensa dar el salto a un visor de mayor coste, pero con una vida útil más prolongada y un ecosistema en teoría más completo.
Este giro estratégico sitúa a Meta en una fase de transición: de una carrera por conquistar cuota de mercado a cualquier precio, a un modelo que busca equilibrar innovación, adopción y rentabilidad. Cómo se traduzca esto en la práctica —en precios concretos para España y el resto de Europa, en la calidad del software y en la velocidad de llegada de nuevos visores— será lo que marque la percepción de los usuarios en los próximos años.