Meta subirá los precios de sus gafas de realidad virtual Quest: cambio de rumbo en su estrategia

Última actualización: diciembre 16, 2025
  • Meta planea encarecer sus visores de realidad virtual Quest y alargar su ciclo de vida para hacer sostenible el negocio de hardware.
  • La compañía abandona el modelo de precios agresivos y subsidios elevados, apostando por un enfoque más "premium" y rentable.
  • Reality Labs recorta presupuesto, retrasa lanzamientos como las gafas mixtas "Phoenix" y prioriza el desarrollo de mejor software.
  • El movimiento reconfigura el mercado de VR en plena competencia con otros actores y puede encarecer el acceso a estas tecnologías.

Dispositivos de realidad virtual Meta

Meta ha decidido dar un giro notable a la forma en que comercializa sus dispositivos de realidad virtual. Tras años apostando por precios muy agresivos y fuertemente subvencionados para impulsar la adopción masiva de sus cascos Quest, la empresa ya prepara una etapa en la que estos visores serán sensiblemente más caros y tendrán una vida útil más larga en el mercado.

Esta nueva dirección no se ha conocido a través de una gran presentación pública, sino gracias a un memorando interno remitido a la plantilla de Reality Labs, la división a cargo de la realidad virtual, la realidad aumentada y los proyectos de metaverso. En ese documento, altos cargos del área admiten que el modelo actual de hardware barato y repetidos lanzamientos ya no encaja con el contexto económico y tecnológico del momento.

Subida de precios y ciclos más largos para los visores Quest

Gafas de realidad virtual Quest

El memorando, firmado por Gabriel Aul y Ryan Cairns, responsables de la unidad de Metaverso, deja claro que Meta se encamina hacia una política de precios más elevados para sus cascos de realidad virtual durante los próximos años. La idea es sencilla, pero contundente: vender menos a pérdida y construir un negocio de hardware que no dependa de éxitos puntuales o de subsidios permanentes.

En la actualidad, el visor estrella de la compañía, Meta Quest 3, se vende por 499,99 dólares en su configuración estándar, mientras que el modelo de entrada de la gama se sitúa en torno a los 299,99 dólares. A esto se suma que la versión con mayor capacidad de almacenamiento, de 512 GB, verá un alza de 50 dólares hasta alcanzar unos 649,99 dólares, acompañada de incentivos como varios meses de suscripción a Meta Quest+ sin coste adicional.

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A pesar de que el documento interno no concreta ni las fechas exactas ni los modelos que se verán afectados, sí se insiste en que el aumento de precios será una herramienta clave para absorber costes cada vez más elevados: aranceles, logística internacional, componentes, acuerdos de contenido y otros gastos que hasta ahora Meta compensaba con una estrategia muy agresiva.

Además de subir precios, la empresa planea extender la vida útil de sus productos. Eso implica que los ciclos de renovación de los visores Quest serán más largos y los usuarios verán nuevos modelos con menos frecuencia. El objetivo es que cada dispositivo permanezca más tiempo en el mercado y en manos de los consumidores antes de ser reemplazado por una generación posterior.

De hardware barato a ecosistema sostenible

Estrategia de realidad virtual de Meta

Durante buena parte de la última década, Meta ha utilizado sus visores de realidad virtual como una especie de “puerta de entrada” a su visión del metaverso. El plan pasaba por ofrecer hardware a precios muy competitivos para construir una base de usuarios masiva, incluso a costa de asumir pérdidas en la venta de cada dispositivo. Esta postura ha permitido a la compañía colocarse en una posición dominante frente a otros actores del sector.

Sin embargo, la apuesta ha salido cara. Desde que Facebook adoptó el nombre de Meta en 2021 para señalar su giro hacia la realidad inmersiva, Reality Labs ha acumulado pérdidas de más de 60.000 millones de dólares, según los datos financieros reportados por la propia empresa. En este contexto, los directivos de la división reconocen que seguir por el mismo camino no resulta sostenible.

El memorando interno insiste en que la compañía sigue considerando la realidad virtual como una prioridad estratégica de largo plazo, pero para mantener esa apuesta es necesario ajustar tanto el modelo de negocio como la hoja de ruta de productos. De lo contrario, las inversiones a gran escala en hardware, contenidos y servicios seguirían generando un agujero difícil de justificar ante los accionistas.

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En paralelo, informes recientes apuntan a que Meta habría decidido recortar hasta un 30 % del presupuesto de Reality Labs. Aunque la empresa no detalla públicamente cuántos visores vende cada año, documentos internos filtrados en el pasado mencionan alrededor de 20 millones de unidades Quest vendidas hasta 2023, una cifra significativa que, aun así, no ha compensado el fuerte nivel de gasto en investigación, desarrollo y marketing.

Menos lanzamientos, más foco en el software y los contenidos

Uno de los cambios más llamativos que se extraen del documento es la intención de Meta de reducir el ritmo de lanzamiento de nuevo hardware. En lugar de presentar visores actualizados de forma constante, la compañía quiere espaciar las novedades y dedicar más tiempo a pulir el software, las plataformas y el catálogo de experiencias disponibles.

Los responsables de Reality Labs reconocen que la empresa necesita entregar experiencias digitales que estén a la altura del nivel técnico de sus cascos. Eso implica reforzar el desarrollo de sistemas operativos, tiendas de aplicaciones, juegos, herramientas de productividad y otros contenidos inmersivos que den sentido a la inversión del usuario en un dispositivo cada vez más caro.

Este cambio afecta de lleno a proyectos concretos. Uno de los más mencionados en filtraciones anteriores es el de las gafas de realidad mixta conocidas internamente como “Phoenix”. Según la información disponible, su lanzamiento habría pasado del segundo semestre de 2026 a la primera mitad de 2027, un movimiento que encaja con la idea de ajustar los tiempos y evitar solapamientos innecesarios en la gama de productos.

En la práctica, este enfoque puede traducirse en un mercado de VR algo más exclusivo a corto plazo. Con precios más altos y menos lanzamientos, el acceso a los dispositivos de gama alta podría dejar de ser tan masivo como Meta pretendía en un primer momento. A cambio, la compañía promete visores mejor aprovechados, con un ecosistema de software más rico y una sensación de continuidad para quienes ya están dentro de su plataforma.

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Impacto para los usuarios y el mercado de realidad virtual

Para quienes están pensando en entrar en el mundo de la realidad virtual, el mensaje que se desprende de estos movimientos es claro: el momento más económico para comprar un Quest 3 podría ser ahora, antes de que los nuevos precios se consoliden y la estrategia “premium” de Meta quede completamente en marcha. Esto es especialmente relevante para Europa y España, donde la conversión de precios y los impuestos indirectos suelen encarecer aún más la factura final.

En términos de competencia, el movimiento de Meta se produce mientras el mercado de realidad virtual atraviesa una fase de redefinición. La compañía quiere mantener su posición dominante frente a otros gigantes tecnológicos que preparan o refuerzan sus propias propuestas de visores avanzados, y busca equilibrar innovación y rentabilidad en un sector que todavía está lejos de madurar por completo.

La nueva política de precios también refuerza la idea de que la realidad virtual deja de ser vista como un simple accesorio para juegos y entretenimiento, y pasa a entenderse como un entorno completo de trabajo, ocio y comunicación. Meta aspira a capitalizar esta visión construyendo un ecosistema VR con contenido exclusivo, servicios de suscripción y experiencias conectadas que retengan al usuario durante más tiempo.

El viraje de Meta evidencia hasta qué punto el negocio de la realidad virtual se encuentra en una etapa de ajuste. La compañía abandona una fase de crecimiento a cualquier precio para centrarse en un modelo más prudente, basado en visores más caros, ciclos de renovación más pausados y un mayor énfasis en el software. Para los usuarios europeos, esto puede traducirse en cascos algo menos accesibles, pero también en productos más cuidados y con una planificación de largo recorrido.

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