OpenAI empieza a probar publicidad en ChatGPT: así cambiará el chatbot

Última actualización: enero 17, 2026
  • OpenAI ensaya anuncios en ChatGPT para usuarios gratuitos y del plan Go, inicialmente en Estados Unidos y solo para adultos.
  • Los anuncios aparecerán al final de las respuestas, estarán claramente señalizados y no influirán en el contenido generado por la IA.
  • La medida busca financiar los elevados costes de computación y diversificar ingresos sin cerrar el acceso gratuito a la IA.
  • Los planes Plus, Pro, Business y Enterprise seguirán sin publicidad, mientras la competencia con Google y otros rivales se intensifica.

Publicidad en ChatGPT

ChatGPT, uno de los accesos más populares a la inteligencia artificial generativa, está a punto de introducir un cambio relevante en su modelo de uso: OpenAI comenzará a probar anuncios dentro del chatbot. Tras dos años creciendo con fuerza gracias, en gran parte, a su modalidad gratuita, la compañía ha decidido dar un paso que llevaba tiempo sobre la mesa para intentar cuadrar números en un servicio extremadamente costoso de mantener.

La decisión no se plantea como un giro aislado, sino como parte de una estrategia más amplia para que la IA siga siendo accesible al gran público sin renunciar a inversiones multimillonarias en infraestructura. El resultado abre un nuevo debate, especialmente en Europa y España, donde la sensibilidad sobre privacidad, uso de datos y modelos de negocio digitales es cada vez mayor.

Dónde y cómo se integrarán los anuncios en ChatGPT

OpenAI ha confirmado que los anuncios se mostrarán solo en los planes gratuito y ChatGPT Go, mientras que las modalidades de pago orientadas a un uso profesional —Plus, Pro, Business y Enterprise— se mantendrán sin publicidad. Es decir, el experimento se centrará en el segmento masivo y de menor coste, dejando al margen a quienes ya pagan por una experiencia más avanzada.

En esta primera fase, la prueba arrancará en Estados Unidos y se limitará a usuarios mayores de 18 años con sesión iniciada. La compañía deja abierta la puerta a que, si el modelo funciona y supera el escrutinio regulatorio, pueda ir llegando progresivamente a otros mercados, incluido el europeo, aunque por ahora no ha detallado calendarios concretos.

Los anuncios aparecerán situados al final de las respuestas de ChatGPT, únicamente cuando exista algún producto o servicio patrocinado relacionado con la conversación. OpenAI insiste en que irán perfectamente diferenciados del texto generado por la IA, claramente etiquetados como contenido patrocinado y con la opción de ocultarlos.

La empresa remarca que estos formatos no se mezclarán con el contenido “orgánico” del modelo: el usuario debería poder identificar sin esfuerzo qué parte de la pantalla es una respuesta del chatbot y cuál corresponde a publicidad pagada, algo especialmente relevante si el sistema llega en el futuro a países como España, donde la normativa de transparencia publicitaria es exigente.

La compañía también ha anticipado que permitirá desactivar la personalización de anuncios y borrar los datos usados con fines publicitarios, ajustándose a un enfoque que previsiblemente tendrá que armonizarse con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en caso de aterrizar en la Unión Europea.

Privacidad, conversaciones y temas sensibles

Junto al anuncio de este piloto, OpenAI ha querido blindar públicamente una serie de principios para rebajar recelos. El más repetido es que los anuncios no modificarán las respuestas que ofrece ChatGPT: el modelo, asegura la compañía, seguirá optimizado para aportar la información que considere más útil, y no la que sea más rentable desde el punto de vista comercial.

La firma subraya que las conversaciones de los usuarios no se venderán a anunciantes ni se compartirán con ellos. El mensaje es claro: los datos de chat no se convertirán en un fichero comercial al uso, algo que, de hecho, chocaría frontalmente con las normativas de privacidad vigentes en Europa.

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OpenAI ha introducido además una serie de vetos temáticos: no habrá publicidad asociada a conversaciones sobre salud, salud mental o política, entre otras áreas consideradas sensibles. Un usuario que consulte, por ejemplo, sobre depresión, tratamientos médicos o preferencias electorales no debería ver anuncios relacionados con esos temas.

En el plano demográfico, la compañía afirma que solo mostrará publicidad a usuarios adultos. Las cuentas en las que se indique que el usuario es menor de 18 años, o en las que el sistema lo estime así, quedarán fuera de la prueba. Esta segmentación será especialmente relevante si el modelo se extiende a jurisdicciones con una regulación estricta sobre publicidad dirigida a menores, como la europea.

Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, ha reforzado públicamente este compromiso y ha recalcado que la empresa no aceptará dinero para influir en recomendaciones concretas del chatbot. En sus declaraciones, insiste en que las respuestas deben seguir guiándose por aquello que sea objetivamente útil para la persona, no por los intereses de un anunciante.

ChatGPT Go: el plan de bajo coste que también verá anuncios

La prueba de publicidad llega de la mano de ChatGPT Go, un plan de suscripción más asequible que se posiciona entre el uso gratuito y las modalidades de mayor precio. En Estados Unidos tiene un coste de 8 dólares mensuales, y en otros mercados, incluida la UE, se adapta al cambio de moneda y condiciones locales cuando se despliega.

Este nivel intermedio ofrece más mensajes diarios que el plan sin coste, permite subir archivos, generar imágenes y trabajar con modelos rápidos como GPT-5.2 Instant, manteniendo un precio contenido. A cambio, los usuarios de Go también verán publicidad, igual que los usuarios del plan gratuito, algo que marca una experiencia limpia de anuncios, donde se mantiene una experiencia limpia de anuncios.

Para OpenAI, este escalonado responde a una lógica de negocio bastante clásica: quien prioriza pagar menos (o nada) acepta anuncios; quien necesita una herramienta intensa y sin distracciones tiene la opción de pasar a Plus, Pro, Business o Enterprise. La clave estará en si esa línea divisoria se percibe como razonable o si, por el contrario, genera fricción en la base de usuarios.

La compañía asegura que los anuncios en Go y en el nivel gratuito seguirán un esquema similar: ubicación al final de la respuesta, etiquetado visible y posibilidad de que el usuario controle la personalización. Aun así, la convivencia entre tareas serias (estudio, trabajo, programación) y formatos patrocinados será objeto de observación, especialmente en entornos profesionales que hoy se apoyan, de forma informal, en la versión gratuita.

En paralelo, OpenAI mantiene que la mayor parte de sus ingresos seguirá procediendo de las suscripciones y de su API para desarrolladores, mientras la publicidad se plantea como un complemento dentro de un modelo de ingresos diversificado.

Costes desbocados y necesidad de nuevos ingresos

El giro hacia la publicidad no se entiende sin el contexto financiero que afronta la compañía. Mantener un sistema de IA generativa a escala planetaria implica unos costes de computación enormes, desde centros de datos hasta chips de alto rendimiento, pasando por energía y mantenimiento de infraestructura.

Documentos financieros citados por medios como The Wall Street Journal apuntan a que OpenAI no espera entrar en beneficios significativos a corto plazo y que el grueso de sus pérdidas en la segunda mitad de la década estaría impulsado por el coste de operar estos sistemas. Las proyecciones hablan de cifras de pérdidas operativas muy elevadas, impulsadas por la necesidad de seguir entrenando y desplegando modelos más potentes.

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En paralelo, la compañía ha comprometido inversiones de alrededor de 1,4 billones de dólares en centros de datos y chips de IA a lo largo de los próximos años, un volumen difícil de sostener únicamente con suscripciones y contratos empresariales. De ahí que los anuncios se vean como una pieza adicional para apuntalar ingresos a medida que crece la base de usuarios.

Según distintas estimaciones, OpenAI cuenta ya con centenares de millones de usuarios semanales y miles de millones de interacciones al día. Incluso si solo una parte de ese tráfico genera ingresos publicitarios, el potencial económico es considerable. La empresa maneja el escenario de que la publicidad pueda aportar miles de millones de dólares anuales a partir de 2026, todavía modesto frente al total de inversiones, pero relevante para diversificar fuentes de financiación.

Todo ello sucede mientras la posible salida a bolsa de OpenAI se especula en rondas privadas y la valoración de la empresa se dispara, con cifras que han llegado a situarla en torno a los 500.000 millones de dólares, e incluso más en las proyecciones más optimistas.

Competencia feroz: Google, Meta y otros rivales aprietan

La introducción de anuncios en ChatGPT se produce en un mercado donde la competencia ya es muy intensa y en el que se discute el navegador del futuro. El liderazgo que OpenAI obtuvo en 2022 y 2023 ya no es tan incuestionable: Google ha acelerado con Gemini e integra capacidades de IA en servicios como Gmail, Maps o YouTube, mientras compañías como Anthropic presionan con alternativas como Claude, especialmente en el ámbito empresarial.

Al mismo tiempo, los gigantes tradicionales de la publicidad digital —Google y Meta— cuentan con años de experiencia optimizando anuncios basados en comportamiento de usuario y datos masivos. OpenAI, en cambio, entra ahora en ese terreno, y lo hace con un producto que nació con una vocación más neutral y enfocada a la utilidad directa que a la monetización por atención.

Analistas citados por Reuters y otros medios subrayan que una implementación torpe o intrusiva podría abrir la puerta a la fuga de usuarios hacia chatbots competidores que prometan experiencias sin publicidad. El coste de cambiar de plataforma en este tipo de servicios es relativamente bajo, lo que hace que la reacción del público sea un factor crítico.

Por otro lado, la escala actual de ChatGPT convierte cualquier experimento publicitario en un potencial motor de ingresos de primer orden. Si OpenAI logra equilibrar relevancia, privacidad y respeto a la experiencia de uso, puede situarse en una posición de ventaja también en el negocio de la publicidad conversacional frente a sus rivales.

Dentro de Europa, el movimiento llega en un momento en que las instituciones comunitarias avanzan en marcos regulatorios como la Ley de IA y refuerzan la supervisión sobre la publicidad personalizada y el tratamiento de datos. Cualquier expansión del modelo de anuncios a la UE probablemente deberá superar un escrutinio legal y regulatorio intenso.

Publicidad conversacional: oportunidad y riesgo

OpenAI no oculta que ve en la interfaz conversacional una forma de redefinir la publicidad digital. Más allá del clásico banner o enlace patrocinado, la compañía apunta a formatos interactivos con los que el usuario pueda conversar: pedir más información, comparar alternativas o resolver dudas antes de tomar una decisión de compra.

En teoría, este tipo de anuncio podría ser más útil y menos invasivo que la publicidad tradicional, al integrarse mejor en la dinámica de preguntas y respuestas que caracteriza a ChatGPT. Un usuario que esté buscando un ordenador portátil, por ejemplo, podría encontrarse con una oferta patrocinada relevante al final de la conversación, con la opción de preguntar detalles directamente sobre ese producto.

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Sin embargo, cuanto más pegado esté el anuncio a la interacción, mayor será la dificultad de mantener una frontera clara entre recomendación neutral y contenido patrocinado. Esa línea será especialmente delicada en Europa, donde se exige transparencia reforzada y consentimiento explícito para muchos tipos de publicidad personalizada.

OpenAI plantea que su plataforma publicitaria se construirá con controles para anunciantes y usuarios, y que ajustará los formatos a partir de los comentarios que reciba durante esta fase piloto. La empresa insiste en que no va a “optimizar el tiempo pasado en ChatGPT” para maximizar impresiones de anuncios, un guiño indirecto a las críticas que arrastran redes sociales como Instagram, Facebook o TikTok.

La compañía también defiende que esta nueva vía puede beneficiar a pequeñas y medianas empresas, permitiéndoles llegar a usuarios a través de experiencias más ricas que un simple anuncio estático. Aun así, organizaciones de consumidores y autoridades europeas previsiblemente analizarán con lupa el impacto de estos formatos en la libertad de elección y en la protección de datos personales.

Impacto para usuarios en España y Europa

Aunque el piloto comienza en Estados Unidos, es difícil pensar que OpenAI renuncie a desplegar, al menos en parte, su modelo publicitario en mercados como España y el resto de la Unión Europea si los resultados son positivos. La región representa una base importante de usuarios y un entorno empresarial donde la adopción de herramientas de IA se está acelerando tanto en pymes como en grandes corporaciones.

Para los usuarios españoles, el principal cambio, llegado el momento, se notaría en el plan gratuito y en un eventual ChatGPT Go adaptado a la moneda y condiciones locales. La experiencia de los planes Plus, Pro o Business podría mantenerse prácticamente intacta, salvo por ajustes menores si el marco regulatorio europeo exige elementos adicionales de transparencia o consentimiento.

Eso sí, la llegada de anuncios a un servicio tan presente en la vida diaria pondrá sobre la mesa debates que ya se han dado con otras plataformas: hasta dónde estamos dispuestos a aceptar publicidad a cambio de acceso gratuito y qué tipo de uso de datos consideramos razonable. En un contexto donde España figura entre los países europeos donde los ciudadanos se declaran más productivos gracias a la IA, según encuestas recientes, cualquier cambio en ChatGPT será seguido de cerca.

En el caso de empresas y administraciones públicas europeas, la existencia de un entorno de trabajo más estable sin anuncios seguirá ofreciendo un camino claro para quienes necesiten un entorno de trabajo más estable y libre de posibles distracciones comerciales. Aquí la clave estará en cómo se articulan los contratos de uso, las garantías de privacidad y la ubicación de los datos, asuntos especialmente sensibles en la UE.

De cara al desarrollo del ecosistema digital europeo, el movimiento de OpenAI puede servir también como referencia para actores locales que exploran modelos similares de monetización en servicios basados en IA. Los reguladores comunitarios tendrán la oportunidad de marcar límites y buenas prácticas que luego podrían extenderse a otros proveedores.

La decisión de OpenAI de empezar a ensayar publicidad en ChatGPT marca un punto de inflexión: intenta conciliar el acceso masivo a la IA con unos costes operativos desorbitados, abre una nueva vía de ingresos en un mercado cada vez más competido y obliga a replantear la relación entre usuario, datos y modelos de negocio. Lo que ahora arranca como un piloto acotado en Estados Unidos puede terminar definiendo, también en España y Europa, cómo se financiarán los asistentes de IA que muchos ya utilizan a diario.

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