- Founders Fund, el fondo de Peter Thiel, lidera una Serie E de 220 millones de dólares en Halter, valorando la empresa en 2.000 millones.
- Halter utiliza collares inteligentes solares, torres de baja frecuencia y una app móvil para crear cercas virtuales y gestionar el ganado a distancia.
- La tecnología ya se aplica en más de 2.000 granjas y más de un millón de reses en Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, con planes firmes de expansión hacia Europa y Sudamérica.
- El sistema promete incrementar la productividad de la tierra hasta un 20% y se apoya en uno de los mayores conjuntos de datos de comportamiento bovino del mundo.

La última gran jugada de Peter Thiel en el mundo del capital riesgo no tiene que ver con coches autónomos ni con cohetes espaciales, sino con vacas equipadas con collares solares inteligentes. A través de Founders Fund, el conocido inversor ha decidido respaldar a Halter, una startup de Nueva Zelanda que quiere cambiar de raíz la manera en que se gestiona el ganado en pastoreo.
Esta compañía ha logrado captar la atención de algunos de los fondos más exigentes al prometer algo muy concreto: aumentar la productividad de la tierra y mejorar el control del ganado con una combinación de hardware, software, datos y energía renovable. La apuesta no es menor, y sus efectos podrían sentirse también en Europa y España si la expansión internacional avanza al ritmo previsto.
La inversión de Founders Fund y el salto a la categoría de unicornio
Halter acaba de cerrar una ronda de financiación Serie E de 220 millones de dólares, liderada por Founders Fund, el vehículo de inversión cofundado por Peter Thiel y conocido por haber impulsado a gigantes como Facebook, SpaceX o Palantir. Con esta operación, la startup ha alcanzado una valoración en torno a los 2.000 millones de dólares, situándose claramente en la liga de los unicornios tecnológicos.
La ronda eleva el capital total levantado por la empresa a unos 400 millones de dólares, una cifra significativa para una compañía centrada en tecnología agrícola y ganadera, un segmento que en los últimos años ha perdido brillo frente a áreas más mediáticas como la inteligencia artificial generativa. Que un fondo tan selectivo se decante por collares solares para vacas indica que ve un potencial de retorno financiero muy sólido en esta propuesta.
Según la información compartida por la propia compañía y recogida por distintos medios especializados, la operación se cerró recientemente, consolidando a Halter como una de las referencias mundiales en agrotech orientada al manejo del ganado. El respaldo de Founders Fund se suma al de otros inversores como Bond Capital o Blackbird Ventures, lo que refuerza la visión de que la compañía no es una apuesta aislada, sino parte de una tendencia más amplia hacia el hardware inteligente en el campo.
Cómo funcionan los collares solares y las cercas virtuales
La propuesta de Halter se basa en tres piezas tecnológicas que trabajan juntas: un collar inteligente alimentado por energía solar, una red de torres de baja frecuencia repartidas por la explotación y una aplicación móvil desde la que se controla todo el sistema. El objetivo es sustituir las cercas físicas por barreras virtuales que se pueden configurar y mover desde el teléfono.
El ganado lleva los collares al cuello de forma permanente. Estos dispositivos emiten señales de audio y vibración que las vacas aprenden a interpretar como límites o indicaciones de movimiento. Craig Piggott, fundador y CEO de Halter, suele comparar este proceso de aprendizaje con el aviso acústico de un coche cuando se aproxima demasiado a una pared al aparcar: tras unas pocas interacciones, los animales entienden dónde está la «línea».
Según la compañía, la mayoría de las reses interiorizan el funcionamiento de las cercas virtuales tras apenas tres encuentros con esa barrera invisible. A partir de ahí, el ganadero puede desplazar al rebaño, ajustar zonas de pasto o mantener a los animales alejados de determinadas áreas usando solo sonido y vibración, sin necesidad de caballos, perros, motos o incluso helicópteros, algo relativamente habitual en explotaciones muy extensas.
Más allá del control del movimiento, los collares permanecen activos las 24 horas y registran en continuo datos de comportamiento, actividad y ubicación. Esa información se envía a la plataforma de Halter, donde se utiliza para monitorizar salud, ciclos de fertilidad y posibles enfermedades, activando alertas tempranas cuando un animal se comporta de forma anómala.
Datos, IA y uno de los mayores registros de comportamiento bovino
Uno de los activos más destacados de Halter es el volumen de datos que ha llegado a acumular sobre el comportamiento del ganado. Al tener collares activos en más de un millón de animales, la empresa sostiene que está construyendo probablemente el conjunto de datos más grande del mundo sobre cómo se mueven, comen y descansan las vacas en condiciones reales de campo.
Estos datos alimentan modelos de análisis avanzados que permiten, por ejemplo, detectar cambios de conducta asociados a enfermedad antes de que sean evidentes a simple vista, o identificar patrones claros de celo y fertilidad. La compañía ha ido afinando estas capacidades con cada iteración de su hardware y de su plataforma, hasta llegar ya a la quinta generación de collares.
Además, Halter está probando un producto específico orientado a la reproducción, actualmente en fase beta con clientes en Estados Unidos. Esta solución pone el acento en la detección y gestión de ciclos reproductivos, un área clave para mejorar la eficiencia de las explotaciones de carne y leche.
El enfoque de la empresa pasa por lanzar actualizaciones frecuentes de software que los usuarios reciben casi de forma continua, de modo que el sistema que un ganadero usa hoy puede ser bastante distinto al que instaló hace un año. Desde la propia compañía señalan que esta cadencia de mejoras semanales es una de las razones por las que los clientes perciben que el servicio está muy vivo y en constante evolución.
Productividad de la tierra y retorno económico para el ganadero
Craig Piggott, que creció en una granja lechera en Nueva Zelanda antes de estudiar ingeniería y pasar por la empresa aeroespacial Rocket Lab, insiste en que la clave del sistema no es tanto la espectacularidad tecnológica como el impacto directo en la explotación. En las granjas basadas en pasturas, explica, el factor crucial es la productividad de la tierra, es decir, cuánta producción se obtiene por hectárea.
Desde su punto de vista, las cercas son la palanca principal para gestionar esa productividad, porque determinan dónde y durante cuánto tiempo pasta el ganado, así como los períodos de descanso del suelo. Transformar ese elemento en una cerca virtual, flexible y redefinible en minutos se convierte así en una herramienta de gestión fina del pasto.
De acuerdo con los datos que maneja la empresa, los clientes están viendo incrementos medios de hasta un 20% en la productividad de la tierra gracias a una utilización más eficiente del pasto y a un menor desperdicio de forraje. En algunos casos concretos, Halter asegura que se han observado explotaciones que han llegado a duplicar la producción por hectárea, aunque se trata de ejemplos más extremos.
La compañía insiste en que el corazón de su propuesta es el retorno de la inversión (ROI) medible más que el simple ahorro de mano de obra. En un sector como el de la tecnología agrícola, donde muchos proyectos han fracasado por no demostrar resultados económicos claros para el productor, este enfoque orientado al beneficio directo del ganadero se considera uno de los pilares del éxito de Halter.
Expansión internacional y oportunidades para Europa y España
En la actualidad, Halter ya opera en más de 2.000 granjas repartidas entre Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, con presencia en 22 estados dentro del mercado estadounidense. Aun así, la compañía recalca que su penetración en su propio país de origen, Nueva Zelanda, se mantiene por debajo del 10%, lo que muestra que queda un amplio margen de crecimiento incluso en los mercados donde empezó.
Más interesante desde la óptica europea es que la empresa sitúa entre sus prioridades la expansión hacia Sudamérica y Europa. La visión de Piggott es que la agricultura y la ganadería son actividades distribuidas de forma global, por lo que centrar toda la estrategia en Estados Unidos sería un error. El mensaje es claro: la tecnología tiene que llegar también a regiones con una gran tradición ganadera, como España, Francia, Irlanda o países de Europa del Este.
En el caso concreto de España, el potencial de una herramienta así podría ser relevante para explotaciones extensivas de carne y para ganaderías de vacuno en zonas de montaña o dehesas, donde el control del pastoreo y la optimización del terreno son determinantes. La posibilidad de redefinir parcelas virtuales sin necesidad de levantar o mover kilómetros de alambradas abre la puerta a estrategias de manejo mucho más dinámicas.
Además, el uso de collares alimentados por energía solar encaja con las políticas europeas orientadas a la sostenibilidad y a la reducción de emisiones en el sector agroganadero. Al apoyarse en energía renovable y en una gestión más ajustada del pasto, esta tecnología podría alinearse con distintos programas de innovación rural y fondos destinados a la modernización del campo dentro de la Unión Europea.
Competencia tecnológica y retos de adopción en el campo
Aunque Halter se ha colocado en una posición de liderazgo, no es el único actor que trabaja en el concepto de cercas virtuales y manejo inteligente del ganado. El gigante farmacéutico Merck comercializa su propio sistema, conocido como Vence, y también hay startups emergentes que exploran enfoques diferentes, como el uso de drones autónomos para arrear reses sin necesidad de collares.
Durante un reciente demo day de Y Combinator, por ejemplo, la empresa Grazemate presentó una propuesta basada en drones que guían al ganado desde el aire. Piggott no descarta que este tipo de tecnologías puedan cumplir algún papel complementario en el futuro, pero se muestra escéptico sobre su encaje como solución principal para el cercado virtual.
Según el CEO de Halter, el formato de collar seguirá siendo la forma más adecuada de controlar de manera continua y precisa el movimiento de los animales durante muchos años. Uno de los motivos es la necesidad de garantizar un nivel muy alto de fiabilidad: en un sistema que gestiona 1.000 vacas, una tasa de fallo del 1% supondría tener a diez animales fuera de la zona prevista en cualquier momento.
Lograr «muchos nueves» de disponibilidad —es decir, un porcentaje de tiempo de funcionamiento prácticamente perfecto— ha requerido años de trabajo de ingeniería, tanto en el hardware como en la conectividad y la plataforma de datos. Piggott sostiene que esa complejidad técnica es una de las barreras de entrada que han permitido a Halter construir una ventaja competitiva difícil de replicar a corto plazo.
Con todo, la mayor competencia, en opinión del fundador, no son las otras empresas tecnológicas, sino la inercia de los propios productores. En el campo, cambiar la manera de trabajar no es sencillo: los márgenes son ajustados, las inversiones se piensan dos veces y la adopción de nuevas herramientas suele ser gradual. Convencer a ganaderos que llevan años haciendo las cosas de una determinada forma sigue siendo uno de los grandes retos para cualquier solución agrotech.
De una granja lechera a una plataforma global de hardware inteligente
La historia personal de Craig Piggott se ha convertido casi en parte del relato de la empresa. Criado en una explotación lechera neozelandesa, estudió ingeniería y trabajó un tiempo en Rocket Lab, donde se familiarizó con el mundo de las startups de alta tecnología y la financiación de riesgo. Esa experiencia le hizo ver que era posible levantar capital, formar un equipo y atacar un problema ambicioso también en sectores como la agricultura.
Con apenas 21 años, decidió fundar Halter para aplicar esa mentalidad a un terreno que conocía de primera mano: el manejo del ganado en pasturas. Él mismo reconoce que la decisión fue en parte ingenua, pero con el paso de los años se ha demostrado que la apuesta tenía recorrido. Hoy, con cerca de nueve años de trayectoria, la empresa se ha transformado en una plataforma global que combina hardware robusto, software en la nube y analítica avanzada.
Uno de los elementos que más subrayan los inversores es que Halter ha conseguido encajar bien la ecuación, complicada, del hardware como servicio: dispositivos en el campo, conectividad adaptada a entornos remotos y una capa de datos e inteligencia por encima que genera valor continuo. Este tipo de modelo, que mezcla ingeniería física y software, es cada vez más visible en industrias tradicionales, y la apuesta de Thiel refuerza esa tendencia.
Para otros fundadores, tanto en Europa como en Latinoamérica, el caso de Halter sirve como ejemplo de que no hace falta nacer en Silicon Valley para construir un proyecto tecnológicamente complejo con alcance global. Empezar en un país como Nueva Zelanda no ha impedido a la empresa levantar capital internacional ni desplegar su sistema en varios continentes.
En conjunto, la jugada de Peter Thiel y Founders Fund sobre Halter pone el foco en una forma distinta de innovación tecnológica: resolver problemas muy concretos del campo con soluciones tangibles, medibles en productividad y en euros, apoyándose en energías limpias, datos e inteligencia artificial. Si la expansión hacia Europa y regiones ganaderas como España se consolida, los collares solares que hoy pastan en praderas neozelandesas podrían acabar siendo una herramienta habitual en muchas explotaciones del continente.




