Por qué 500 millones de ordenadores siguen sin actualizar a Windows 11

Última actualización: noviembre 30, 2025
  • Aproximadamente 500 millones de PC compatibles siguen en Windows 10 y no han dado el salto a Windows 11.
  • Otros 500 millones de equipos, de más de cuatro años, no cumplen los requisitos técnicos del nuevo sistema.
  • La adopción de Windows 11 va 10-12 puntos por detrás del ritmo que tuvo Windows 10 en su día.
  • Europa y España cuentan con medidas y excepciones específicas, como un año extra de seguridad gratuita para Windows 10.

Ordenadores con Windows sin actualizar

La retirada del soporte oficial de Windows 10 no ha provocado la oleada de actualizaciones que muchos en el sector esperaban. A pesar de las advertencias sobre seguridad y de los mensajes insistentes para dar el salto, sigue habiendo cientos de millones de ordenadores anclados en la versión anterior del sistema operativo de Microsoft.

Los datos que han ido aportando fabricantes y analistas dibujan un escenario claro: alrededor de 500 millones de equipos que sí pueden instalar Windows 11 continúan funcionando con Windows 10, mientras que otro bloque similar de ordenadores, más antiguos, directamente no es compatible. Entre las dificultades técnicas, el coste de renovar hardware y cierta desconfianza hacia el nuevo sistema, la transición está siendo, como poco, mucho más lenta de lo previsto.

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500 millones de ordenadores compatibles que siguen en Windows 10

La cifra que más ha llamado la atención procede de Jeffrey Clarke, director de Operaciones de Dell, durante la presentación de resultados del tercer trimestre. Según explicó, en la base instalada de PCs con Windows hay unos 500 millones de dispositivos capaces de ejecutar Windows 11 que no se han actualizado. Es decir, máquinas que cumplen los requisitos de hardware, pero cuyos usuarios han decidido seguir con Windows 10.

Clarke enmarcó estos números dentro de una base global de aproximadamente 1.500 millones de ordenadores con Windows. En ese enorme parque informático, la compañía identifica tres grandes grupos: quienes ya han dado el salto a Windows 11, quienes podrían actualizar pero no lo hacen y quienes, por limitaciones técnicas, no tienen ninguna opción oficial de migrar.

El directivo también recordó que la actual transición está entre 10 y 12 puntos porcentuales por detrás del ritmo que tuvo el paso a Windows 10 en su momento. En la anterior generación, la adopción fue notablemente más rápida: el cambio de diseño, las mejoras visibles y la agresiva política de actualización gratuita animaron a muchos más usuarios a abandonar versiones antiguas como Windows 7 o incluso Windows XP.

Ahora, en cambio, una parte importante de quienes tienen la posibilidad técnica de dar el salto muestran una mezcla de inercia, prudencia y falta de incentivos claros. Para muchos, el sistema actual “funciona bien” y no ven motivos suficientes para afrontar una actualización que, en ocasiones, también genera dudas sobre compatibilidad de programas o rendimiento.

La resistencia a cambiar de versión ha pillado por sorpresa a más de un fabricante que esperaba que el fin del soporte actuara como detonante inmediato para renovar equipos y licencias.

Otros 500 millones de ordenadores no pueden ejecutar Windows 11

A la mitad del parque que podría actualizar, pero no quiere, se suma otro bloque igual de importante: unos 500 millones de ordenadores con más de cuatro años de antigüedad que no cumplen los requisitos mínimos fijados por Microsoft para Windows 11. El requisito del chip TPM, ciertas generaciones de procesadores y otras condiciones de seguridad han dejado fuera a un gran número de equipos todavía operativos.

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De acuerdo con las estimaciones compartidas por Dell, estos ordenadores no tienen una vía oficial para dar el salto. En la práctica, esto significa que se quedan anclados en Windows 10 o se ven abocados a alternativas como instalar otra versión de Windows no soportada, buscar parches externos o pasarse a sistemas como Linux.

Este grupo plantea un problema adicional: el riesgo de obsolescencia acelerada y el impacto medioambiental asociado. Análisis como los de la consultora Canalys apuntan a que el fin del soporte de Windows 10 puede desembocar en cientos de miles de toneladas de residuos electrónicos en los próximos años, al retirarse equipos cuyo hardware todavía es válido para muchas tareas.

Organizaciones de consumidores y grupos de defensa del medio ambiente han advertido de que la combinación de requisitos estrictos y plazos ajustados puede chocar con los compromisos de sostenibilidad de la propia Microsoft, si millones de usuarios se ven empujados a renovar ordenadores que, de otro modo, podrían seguir funcionando varios años más.

En paralelo, fabricantes como Dell ven en esta situación “ricas oportunidades” para vender nuevos PC con capacidades avanzadas y funciones de inteligencia artificial integradas, aunque admiten que el mercado no está respondiendo con el entusiasmo que esperaban.

Actualización pendiente a Windows 11

Fin del soporte de Windows 10 y parches de seguridad

El pasado 14 de octubre, Microsoft puso fin al soporte estándar de Windows 10, lo que implica el cese de actualizaciones de seguridad, parches de software y asistencia técnica para la mayoría de usuarios. En la práctica, los equipos que continúan con esta versión quedan más expuestos a vulnerabilidades y ataques, al no recibir correcciones oficiales.

Para el usuario medio, el sistema seguirá funcionando con normalidad, pero con el tiempo aumentará el riesgo de que fallos de seguridad no resueltos puedan ser aprovechados por malware, troyanos o ataques dirigidos. Es una situación especialmente delicada para pequeñas empresas, centros educativos o particulares que manejan información sensible y que, sin embargo, no siempre tienen recursos para renovar su parque informático de un día para otro.

Ante este panorama, Microsoft ha activado el programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU), pensado originalmente para organizaciones que necesitan seguir utilizando sistemas fuera de soporte. En algunos mercados, estas actualizaciones son de pago, ya sea a través de cuotas anuales o canjeando puntos del programa de fidelización Microsoft Rewards, que bonifica al usuario por usar productos y servicios de la compañía.

En ciertas regiones, además, se ha abierto la puerta a soluciones alternativas ofrecidas por empresas de seguridad independientes. Hay proveedores que prometen parches adicionales para Windows 10 más allá de las fechas oficiales, aunque suelen ser servicios de pago y, en cualquier caso, requieren confianza en un actor distinto a Microsoft.

Todo ello se combina con una realidad incómoda: aunque exista una vía para seguir recibiendo actualizaciones durante un tiempo, el reloj corre en contra de Windows 10, y cada año que pasa será más complicado mantenerlo seguro y plenamente compatible con determinado hardware y software reciente.

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La excepción europea: un año extra de seguridad gratis

En Europa, la situación tiene un matiz importante. Tras la presión de organizaciones de defensa de los consumidores como Euroconsumers o la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), Microsoft se comprometió a ofrecer un año adicional de actualizaciones de seguridad de Windows 10 sin coste para los usuarios particulares de la región.

Este acuerdo se apoya en el marco regulatorio europeo, en especial en normas como la Ley de Mercados Digitales (DMA), que refuerzan las obligaciones de las grandes plataformas tecnológicas hacia sus clientes. Gracias a ello, quienes vivan en países de la UE podrán seguir recibiendo parches críticos para Windows 10 durante un periodo de gracia, inicialmente hasta octubre de 2026, sin tener que contratar programas de soporte de pago.

En el caso de España, esta prolongación del soporte llega en un momento en el que una parte muy significativa de los PC de sobremesa aún usan Windows 10. Distintas fuentes que recopilan datos de plataformas como StatCounter apuntan a que, en torno a la mitad de los ordenadores con Windows en el país siguen ejecutando Windows 10, mientras que Windows 11 se mueve alrededor de un tercio de cuota, con ligeras variaciones según el mes y la fuente.

A escala global, la adopción de Windows 11 ya ronda aproximadamente un tercio del total de equipos Windows, pero en el mercado español el ritmo es más lento. Este desfase refleja, en parte, la dificultad de muchas familias y pequeñas empresas para asumir el coste de renovar equipos que todavía cumplen con sus necesidades diarias.

Fuera de Europa, la protección es más limitada: quienes quieran seguir recibiendo parches para Windows 10 deberán recurrir al programa ESU o a soluciones alternativas. En algunos casos, Microsoft ha permitido canjear 1.000 puntos de Microsoft Rewards por una actualización de seguridad extendida, aunque también existe la opción de pagar directamente por estos servicios.

España y Europa: muchos ordenadores, pocas prisas por actualizar

Si se baja al terreno, el panorama en España y en buena parte de Europa se puede describir como una mezcla de prudencia económica y conservadurismo tecnológico. Los datos recopilados por medios especializados señalan que, durante 2024 y 2025, Windows 10 ha seguido siendo la versión dominante en los PC de sobremesa del país, pese a la proximidad del fin de soporte.

Según distintos recuentos basados en StatCounter, de cada 10 ordenadores con sistema Windows en España, alrededor de cinco siguen con Windows 10, mientras que Windows 11 se mueve en cifras claramente inferiores. Es decir, el nuevo sistema no termina de imponerse con la fuerza que Microsoft esperaba, ni siquiera cuando la versión anterior ha entrado oficialmente en su recta final.

En buena medida, esto se explica por el contexto económico: muchos usuarios no ven razonable cambiar de PC solo porque el sistema operativo lo pida, especialmente si su equipo actual rinde bien para tareas como navegar, trabajar con documentos, videollamadas o juegos moderados. La percepción de que se trata de una “obsolescencia obligada” pesa bastante en la decisión.

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También influye que, a ojos de buena parte del público, las diferencias visibles entre Windows 10 y Windows 11 no son tan llamativas como en saltos anteriores. Más allá de algunos ajustes de diseño, el menú Inicio centrado o pequeñas mejoras de interfaz, muchos usuarios sienten que el cambio no compensa el esfuerzo y el riesgo percibido.

Este clima de cautela hace que, incluso con amenazas de seguridad en el horizonte, una parte importante del parque informático español y europeo vaya a apurar al máximo las posibilidades de Windows 10 antes de plantearse en serio el salto a Windows 11 o la compra de un nuevo equipo.

Un mercado del PC plano pese al tirón de la inteligencia artificial

Paradójicamente, el mismo fenómeno que preocupa a Microsoft está siendo interpretado por fabricantes como Dell como una gran bolsa de potenciales clientes futuros. Si hay cientos de millones de ordenadores incompatibles con Windows 11 o pendientes de actualizar, el razonamiento es que tarde o temprano tendrán que renovarse.

Clarke ha señalado que la industria confía en que los llamados AI PC, es decir, equipos con procesadores y componentes diseñados para ejecutar funciones de inteligencia artificial de forma local, actúen como palanca para convencer a los usuarios. Las novedades presentadas en ferias tecnológicas y el despliegue de asistentes como Copilot+ van en esa línea.

Sin embargo, a corto plazo el propio directivo reconoce que el mercado de PC se mantendrá “relativamente plano”. La reticencia de los usuarios a sustituir un ordenador que todavía funciona, sumada al encarecimiento de componentes clave como la memoria RAM o el almacenamiento NAND, está alargando los ciclos de renovación muy por encima de lo que la industria consideraba normal hace unos años.

A esto se suma un factor menos tangible pero igualmente relevante: la reputación de Windows 11. En foros especializados y entre usuarios avanzados, no son pocos quienes critican la estabilidad, ciertas decisiones de diseño o la presencia de publicidad y funciones que no consideran esenciales, lo que no ayuda precisamente a generar entusiasmo por el cambio.

En este contexto, los fabricantes de ordenadores se mueven entre el optimismo moderado —por el enorme número de equipos pendientes de renovar— y la constatación de que no habrá un “boom” inmediato simplemente porque Windows 10 haya llegado al final de su vida útil oficial.

El resultado de todo este proceso es un ecosistema Windows más fragmentado que en transiciones anteriores: unos mil millones de personas ya utilizan Windows 11 en su día a día, según calculó el responsable de la división en el evento Microsoft Ignite, pero al mismo tiempo unos 500 millones de ordenadores compatibles se resisten a dar el salto y otros tantos ni siquiera pueden hacerlo. Entre la presión por mantener la seguridad, el coste de renovar equipos y la sensación de que Windows 10 sigue siendo suficiente, la migración avanza, pero a un ritmo mucho más pausado de lo que Microsoft y los fabricantes habían imaginado.