- Uber planea desplegar decenas de miles de robotaxis en mercados clave como Madrid, Londres, Hong Kong y varias ciudades de EE. UU. y Oriente Medio.
- La compañía se apoya en alianzas con Lucid, Nuro, Waabi, Baidu, Hyundai, Mercedes y Waymo para acelerar la conducción autónoma.
- Los retos regulatorios, de seguridad y de aceptación social serán determinantes para que los robotaxis operen de forma comercial y masiva.
- El fuerte compromiso inversor de Uber refleja su apuesta por liderar la movilidad autónoma pese a las presiones sobre su rentabilidad.
Los robotaxis de Uber están a punto de dar el salto definitivo a Madrid y a una larga lista de grandes ciudades de todo el mundo, marcando un antes y un después en la forma en la que nos movemos por la ciudad. Lo que hace apenas unos años sonaba a ciencia ficción, hoy ya se materializa en pruebas, acuerdos millonarios y planes de despliegue masivo para los próximos años.
En este contexto, Uber se ha lanzado a una carrera tecnológica sin frenos, compitiendo con gigantes como Waymo, Tesla, Cruise, Baidu o la emergente Waabi, firmando alianzas con fabricantes como Mercedes, Hyundai y Lucid, y reforzando al mismo tiempo sus resultados económicos. Todo ello con un objetivo claro: disponer de la mayor flota de coches autónomos del planeta y convertir el robotaxi en un servicio cotidiano en ciudades como Madrid, Londres, Hong Kong o Zúrich.
El desembarco de los robotaxis de Uber en Madrid
Para sorpresa de muchos, Uber ha confirmado que España entra en sus planes de taxis autónomos, y que Madrid será la primera ciudad del país en contar con este servicio de coches sin conductor integrado en la app que ya usan millones de personas a diario.
Según la información compartida por distintos medios, Madrid se suma a una lista de nuevas ciudades objetivo en las que Uber quiere desplegar vehículos autónomos en los próximos años. Entre estas urbes destacan Londres, Hong Kong y Zúrich, además de otras grandes metrópolis donde la regulación y la infraestructura tecnológica empiezan a estar listas para dar cabida a este tipo de movilidad.
Actualmente, Uber ya opera servicios de coches autónomos en varias ciudades de Norteamérica y Oriente Medio, entre ellas San Francisco, Austin, Atlanta, Dallas, Dubái y Phoenix. En estos mercados, los robotaxis se han ido introduciendo de manera paulatina hasta convertirse, en lugares como San Francisco, en una estampa habitual en las calles.
La meta que se ha marcado Uber para esta fase es muy ambiciosa: construir una flota de alrededor de 20.000 vehículos autónomos que se irán desplegando por “docenas de mercados” de aquí a 2032, con un primer gran impulso a partir de 2026. En paralelo, la compañía se ha propuesto que, de cara a 2029, esta flota la sitúe como líder absoluta del sector del taxi autónomo a nivel mundial.
En aquellos lugares donde ya existe el servicio, la app de Uber también permite reservar robotaxis de Waymo directamente desde la plataforma, fruto de un acuerdo estratégico con la compañía de vehículos autónomos propiedad de Google. De esta forma, Uber suma flota sin tener que desarrollar todos los coches por su cuenta, mientras Waymo gana acceso inmediato a millones de usuarios.
Cómo funciona un robotaxi y en qué se diferencia de un Uber tradicional
Un robotaxi no deja de ser un coche pensado para transportar pasajeros, pero sin conductor humano a los mandos, apoyado en sistemas de conducción autónoma avanzados capaces de tomar decisiones en tiempo real.
Para lograrlo, estos vehículos se basan en una combinación de sensores LIDAR, radares y cámaras de alta resolución que mapean de forma continua todo lo que ocurre alrededor del coche: peatones que cruzan, semáforos, ciclistas, otros vehículos, señales de tráfico u obstáculos inesperados.
La información recogida por ese “anillo” de sensores se procesa con software de inteligencia artificial y algoritmos de aprendizaje automático que determinan cómo debe comportarse el vehículo: frenar, cambiar de carril, tomar una rotonda, girar en una intersección compleja o reaccionar ante una maniobra brusca de otro coche.
En las fases iniciales de despliegue, es habitual que dentro del robotaxi viaje un conductor o supervisor de seguridad que se mantiene atento y puede tomar el volante en cualquier momento si el sistema no actúa como debería o surge una situación imprevista.
La aspiración de Uber a medio y largo plazo es que la mayoría de estos viajes se realicen sin intervención humana directa, lo que permitiría reducir costes de operación, ofrecer tarifas potencialmente más competitivas y rediseñar por completo el modelo de movilidad urbana y de transporte compartido.
Proveedores, socios tecnológicos y modelos de coche implicados
Lejos de apostar únicamente por tecnología propia, Uber ha abierto la puerta a múltiples socios tecnológicos y fabricantes para desarrollar y poner en circulación sus robotaxis en diferentes mercados.
Entre los fabricantes con los que ya ha trabajado o anunciado colaboraciones se encuentran Hyundai y Mercedes, marcas muy populares en España, que han suministrado vehículos adaptados para integrar sistemas de conducción autónoma específicos para la plataforma de Uber.
En paralelo, Lucid se ha convertido en uno de los pilares clave de la nueva estrategia de flota autónoma. Esta compañía estadounidense, conocida por sus vehículos eléctricos de alta gama, será la encargada de entregar 20.000 coches eléctricos Lucid Gravity que funcionarán como robotaxis dentro de la plataforma de Uber.
El Lucid Gravity es un SUV de hasta siete plazas, con una autonomía máxima cercana a los 724 kilómetros y capacidad de recargar en torno a 320 kilómetros de autonomía en apenas 11 minutos, con un precio de partida aproximado de 79.900 dólares antes de impuestos. Sus dimensiones y autonomía lo hacen especialmente interesante para servicios urbanos de alta demanda.
Además de estos acuerdos, Uber ha presentado versiones de robotaxi desarrolladas con Mercedes y durante el pasado verano también hizo público un proyecto con Lucid para reforzar la presencia de flotas eléctricas de alta gama en su ecosistema de servicios.
La alianza Uber-Lucid-Nuro y la nueva generación de robotaxis
El despliegue previsto de los 20.000 Lucid Gravity no solo depende del hardware del vehículo; el auténtico “cerebro” del robotaxi vendrá de la mano de Nuro, una startup estadounidense que ha creado un sistema de conducción autónoma de nivel 4 denominado Nuro Driver.
Este sistema, combinado con un hardware específico -una barra de sensores y cámaras instalada en el techo del vehículo-, es capaz de gestionar por sí mismo la conducción en la mayoría de situaciones de tráfico urbano, sin necesidad de intervención humana continua, aunque con vigilancia y capacidades de supervisión.
Para integrar todo este ecosistema, Uber ha anunciado una inversión valorada en varios cientos de millones de dólares en Nuro y Lucid, que incluye una partida de alrededor de 300 millones de dólares para que Lucid adapte su línea de producción e integre el hardware necesario de Nuro en los SUV Gravity.
Según la propia compañía, los vehículos serán propiedad de Uber y operados directamente por la empresa, de manera que los usuarios podrán solicitarlos a través de la app habitual sin cambiar de interfaz. El primer despliegue a gran escala de esta flota está previsto para 2026 en una ciudad de Estados Unidos aún por anunciar, aunque ya existe un prototipo que combina Nuro Driver y Lucid Gravity en las instalaciones de pruebas de Nuro en Las Vegas.
Este acuerdo se suma a la estrategia de Uber de tejer una red de colaboraciones con múltiples desarrolladores de tecnología autónoma, en lugar de depender de una única solución. De hecho, recientemente ha comunicado una alianza con el fabricante chino Baidu para el despliegue de miles de coches autónomos Apollo Go en varios mercados fuera de Estados Unidos y China, con primeras implantaciones previstas en Asia y Oriente Medio.
Cambio de estrategia: de desarrollar tecnología propia a tejer alianzas
Bajo la etapa de liderazgo de Travis Kalanick, Uber apostó con fuerza por desarrollar su propia tecnología autónoma, invirtiendo cantidades muy relevantes en investigación y pruebas de campo con flotas de prueba.
Con la llegada de Dara Khosrowshahi a la dirección de Uber, la hoja de ruta ha cambiado notablemente y la compañía ha optado por una estrategia basada en alianzas con terceros y participación accionarial en startups y fabricantes especializados.
Este giro responde a una realidad evidente: la conducción autónoma es un campo extremadamente complejo y costoso, y tratar de abarcar todo el desarrollo “en casa” resulta arriesgado y poco eficiente. Al asociarse con empresas como Nuro, Lucid, Baidu o Waymo, Uber puede acelerar su despliegue sin cargar con todos los costes de I+D.
Un buen ejemplo de este nuevo enfoque es el acuerdo con Waabi, una startup canadiense de inteligencia artificial que hasta hace poco estaba centrada en camiones autónomos para logística, y que ahora da el salto a los robotaxis de la mano de Uber.
Además, este modelo permite a Uber diversificar tecnologías y proveedores, reduciendo el riesgo de depender de una sola solución y facilitando la adaptación de su estrategia a las regulaciones y condiciones de cada país o ciudad donde quiera operar.
Robotaxis de Uber en Madrid y otros mercados: planes y hoja de ruta
Dentro de su plan global, Uber ha situado a Madrid en una posición destacada como uno de los primeros mercados europeos en los que quiere introducir servicios de robotaxis comerciales, siempre supeditado a la evolución de las normativas.
La compañía ha señalado que su objetivo es disponer de hasta 15 mercados con robotaxis operativos antes de finales de 2026. En esa lista, además de Madrid, figuran ciudades como Londres, Los Ángeles u Hong Kong, cada una con un grado distinto de confirmación o planificación.
En el caso de España, la fecha definitiva de lanzamiento dependerá de la concesión de permisos, las pruebas técnicas y el trabajo conjunto con las autoridades municipales, autonómicas y estatales. Organismos como el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y la DGT tienen un papel clave en este proceso.
De hecho, la Dirección General de Tráfico ha puesto en marcha un programa específico para evaluar la seguridad de los vehículos autónomos en entornos reales, con la idea de garantizar un desarrollo seguro, transparente y responsable de estas tecnologías en carreteras y ciudades españolas.
Mientras tanto, servicios como el FSD (Full Self-Driving) Supervised de Tesla ya han sido probados en calles de Madrid, lo que demuestra que la ciudad se ha convertido en un laboratorio vivo para la conducción autónoma, tanto para fabricantes de coches como para plataformas de movilidad.
Retos regulatorios, de seguridad y aceptación social
El avance de la tecnología está siendo tan rápido que las leyes en muchos casos van por detrás, y este desajuste se nota especialmente en la conducción autónoma, donde los marcos regulatorios tienen que abordar responsabilidad en caso de accidente, seguros, homologaciones y supervisión.
En Estados Unidos, las autoridades federales han expresado su intención de armonizar el complejo mosaico de regulaciones estatales para facilitar la circulación de coches autónomos en todo el país, aunque todavía queda mucho trabajo legislativo por delante.
En España, además de las iniciativas de la DGT, los ayuntamientos deberán definir cómo se integran los robotaxis en las políticas de movilidad urbana, zonas de bajas emisiones, carriles reservados o normativas de acceso al centro de las ciudades.
A todo esto se suma un elemento clave: la confianza del público en los coches sin conductor. Aunque las estadísticas puedan acabar demostrando que los sistemas autónomos cometen menos errores que los humanos, cada incidente o fallo de un robotaxi tiene un enorme impacto mediático y condiciona la percepción social.
Por otro lado, la expansión masiva de vehículos autónomos abre debates profundos sobre el empleo en sectores como el taxi, el VTC, el transporte de mercancías o la logística de última milla, y plantea interrogantes éticos sobre cómo se toman decisiones en situaciones límite en carretera.
El papel de Waabi y el acuerdo de 1.000 millones con Uber
En este tablero de juego global, Waabi ha irrumpido con fuerza tras cerrar una ronda Serie C de 1.000 millones de dólares, que combina 750 millones en capital privado con un acuerdo estratégico con Uber valorado en otros 250 millones.
Esta startup canadiense se había destacado hasta ahora en el ámbito del autonomous trucking, centrado en camiones autónomos para grandes rutas de transporte de mercancías, trabajando con empresas de logística interesadas en reducir costes y optimizar tiempos.
El nuevo acuerdo con Uber supone su entrada oficial en el mercado de los robotaxis para pasajeros, donde tendrá que competir con gigantes consolidados como Waymo o Cruise, pero con el respaldo inmediato de la enorme base de usuarios y la infraestructura de Uber.
Según lo anunciado, Uber integrará hasta 25.000 robotaxis desarrollados con la tecnología de Waabi en su plataforma a partir de 2026, comenzando por una serie de ciudades seleccionadas de Estados Unidos que se irán ampliando conforme avancen las regulaciones y las pruebas.
Para el ecosistema startup, especialmente en mercados emergentes como Latinoamérica, este movimiento ilustra un modelo híbrido de financiación y crecimiento: levantar capital, cerrar acuerdos comerciales contundentes y apoyarse en capacidades de inteligencia artificial para saltar de un vertical (camiones) a otro (taxis) sin cambiar el núcleo tecnológico.
Resultados económicos de Uber y contexto financiero del despliegue
La apuesta de Uber por los robotaxis llega en un momento en el que sus resultados financieros muestran crecimiento, pero también presiones derivadas de los enormes costes de expansión e inversión tecnológica.
En el último ejercicio cerrado, la plataforma reportó un beneficio neto atribuido de algo más de 10.000 millones de dólares, una cifra ligeramente superior a la del año anterior, impulsada en parte por un impacto positivo de alrededor de 4.300 millones de dólares en materia fiscal.
Los ingresos totales se situaron en torno a los 44.000 millones de dólares, con un aumento cercano al 18 % respecto al ejercicio previo, lo que refleja un crecimiento sólido del negocio principal de movilidad y reparto.
Sin embargo, los costes también se dispararon por encima del 12 %, hasta superar los 46.000 millones de dólares, en buena medida por el incremento en gastos de operación, incentivos, desarrollo tecnológico y acuerdos estratégicos como los firmados con Nuro, Lucid o Waabi.
En el último trimestre reportado, el beneficio se redujo drásticamente a unos 296 millones de dólares, un descenso de más del 90 % respecto al mismo periodo del año anterior, motivado por mayores costes y por el fin de ciertos beneficios fiscales extraordinarios que habían inflado resultados previos.
A pesar de ello, la cifra de negocio trimestral aumentó alrededor de un 20 %, hasta alcanzar unos 14.400 millones de dólares, y la empresa destacó que más de 200 millones de usuarios mensuales completan unos 40 millones de viajes al día a través de su plataforma en todo el mundo.
La reacción del mercado, sin embargo, fue fría: las acciones de Uber llegaron a caer en torno a un 5,5 % en la apertura tras la publicación de resultados, reflejando las dudas de los inversores sobre la velocidad a la que las fuertes inversiones actuales en robotaxis y nuevas tecnologías se traducirán en beneficios consistentes.
Por qué el movimiento hacia los robotaxis es tan relevante
El empuje de Uber hacia los robotaxis no se da en el vacío: Waymo, Tesla, Cruise y otros actores llevan años invirtiendo miles de millones en sistemas de conducción autónoma, y algunos de ellos ya operan flotas comerciales en zonas limitadas de Estados Unidos.
En ciudades como San Francisco o Austin, los vehículos autónomos han empezado a formar parte del paisaje urbano, con servicios de taxi robotizado que funcionan en horarios y áreas concretas, sumando millones de kilómetros de experiencia acumulada.
Para una ciudad como Madrid, la entrada de los robotaxis de Uber puede suponer un laboratorio a gran escala para probar cómo conviven estos vehículos con el tráfico tradicional, con las políticas de movilidad sostenible y con los modelos de transporte público y compartido ya existentes.
Si se integran de forma adecuada, los coches sin conductor podrían ayudar a reducir la congestión, mejorar la accesibilidad de los barrios periféricos y ofrecer una alternativa de movilidad segura y relativamente asequible, siempre que los sistemas de IA demuestren ser fiables y se mantengan altos estándares de seguridad.
En paralelo, empresas como Tesla han seguido marcando el ritmo en el imaginario colectivo, con propuestas como el Cybercab, su propio robotaxi, y pruebas de servicios autónomos en ciudades como Austin, lo que incrementa la presión competitiva sobre Uber y el resto de plataformas para no quedarse atrás.
El movimiento hacia los robotaxis también invita a repensar cómo se diseñan las ciudades del futuro, desde el espacio dedicado al aparcamiento hasta la gestión del tráfico, la planificación del transporte público y las infraestructuras de recarga para vehículos eléctricos.
En definitiva, el despliegue global de los robotaxis de Uber combina innovación tecnológica puntera, grandes cifras de inversión y un debate social y regulatorio muy intenso, en el que Madrid y otras ciudades se van a convertir en escenarios clave para comprobar si de verdad estamos listos para convivir, a gran escala, con una flota de coches que conducen solos.