- Telefónica acuerda la venta del 100% de Telefónica México al consorcio Melisa Acquisition por 450 millones de dólares (389 millones de euros), pendiente de autorizaciones regulatorias.
- La operación incluye las sociedades Pegaso PCS y Celular de Telefonía y mantiene la marca Movistar México y su actual equipo directivo bajo los nuevos dueños.
- La venta se enmarca en la estrategia de salida de Hispanoamérica, tras desinversiones en Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia y Chile, concentrando el negocio en España, Reino Unido, Alemania y Brasil.
- El impacto es principalmente contable, contribuye a reducir deuda y refuerza el enfoque de Telefónica en mercados considerados estratégicos en Europa y en Brasil.

Telefónica ha dado un paso más en su reordenación profunda del negocio internacional con la venta de su filial en México. La decisión se encuadra en la hoja de ruta diseñada por el actual presidente, Marc Murtra, para reducir la exposición en Hispanoamérica y concentrar recursos en unos pocos mercados considerados clave, principalmente en Europa y Brasil.
Con esta operación, el grupo español acelera la fase final de su salida de Latinoamérica (con la excepción de Brasil) y se aproxima al cierre de un ciclo iniciado hace más de dos décadas, cuando la compañía apostó por una expansión masiva en la región. México era uno de los últimos grandes activos pendientes de desinversión, junto con Venezuela.
Detalles de la operación: quién compra y por cuánto
La compañía ha comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que ha alcanzado un acuerdo para vender la totalidad de su participación en Telefónica México al consorcio Melisa Acquisition, LLC, integrado y liderado por la plataforma de telecomunicaciones en la nube Oxio Inc. y el fondo de inversión Newfoundland Capital Management.
La transacción se realiza a través de Telefónica Hispanoamérica, sociedad 100% propiedad del grupo, e incluye el traspaso del 100% del capital de las sociedades Pegaso PCS y Celular de Telefonía, que juntas conforman Telefónica México. Es decir, se trata de una salida total del mercado mexicano por parte del grupo español.
El precio pactado asciende a 450 millones de dólares estadounidenses, lo que supone unos 389 millones de euros al tipo de cambio actual. Esta cifra se corresponde con el denominado firm value y, como es habitual en este tipo de transacciones, estará sujeta a los ajustes acordados entre comprador y vendedor una vez se vayan cumpliendo determinadas condiciones.
Telefónica ha subrayado que la operación está condicionada a la obtención de las autorizaciones regulatorias pertinentes y al cumplimiento de las cláusulas previstas en el contrato. Hasta que las autoridades de competencia y telecomunicaciones den luz verde, la venta no se considerará cerrada definitivamente.
Qué pasa con Movistar México tras el cambio de dueño
Aunque Telefónica abandona el accionariado, los nuevos propietarios han confirmado que Movistar México continuará operando con su marca actual. La compañía mantendrá al equipo directivo existente, preservando así la estructura de gestión y el conocimiento local, al tiempo que se integra progresivamente en la plataforma tecnológica de Oxio.
Hasta la fecha, Telefónica ya funcionaba en el país como operador móvil virtual apoyado en las redes de AT&T, después de haber renunciado en 2019 a sus propias frecuencias y gran parte de su infraestructura para reducir costes. Ese movimiento supuso en la práctica un repliegue significativo en el mercado mexicano, dominado por Telcel, la operadora controlada por Carlos Slim.
El consorcio comprador pretende aprovechar la base de más de 20 millones de clientes que Movistar ha ido construyendo durante años. Según ha explicado Nicolás Girard, fundador y consejero delegado de Oxio, la compañía quiere transformar el negocio en una operadora de nueva generación apoyada en su plataforma nativa en la nube, con el objetivo declarado de mejorar de forma notable la experiencia de los usuarios.
En paralelo, Newfoundland Capital Management ve en el negocio de telecomunicaciones mexicano una de las oportunidades más atractivas de América Latina, por tamaño de mercado y potencial de crecimiento, pese al fuerte peso que sigue manteniendo Telcel en cuota de clientes.
Un capítulo más en la salida de Telefónica de Hispanoamérica
La venta de la filial mexicana se inscribe en la estrategia de salida ordenada de Hispanoamérica que Telefónica viene desplegando desde 2019 y que Murtra ha acelerado desde su llegada a la presidencia hace algo más de un año. El objetivo es reducir la dispersión geográfica y centrar esfuerzos en mercados que aporten más rentabilidad y estabilidad regulatoria.
En este tiempo, el grupo ha ido cerrando la venta de sus principales operaciones en la región. Argentina fue una de las primeras en salir de la cartera, con la venta de la filial al grupo Clarín por alrededor de 1.190 millones de euros. Posteriormente, se deshicieron de los negocios en Uruguay, Ecuador, Colombia, Perú y Chile, en su mayoría adquiridos por el grupo Millicom y, en el caso chileno, también por el fondo NJJ Holding.
En Perú, la situación era especialmente delicada: la filial se encontraba en concurso de acreedores, acumulando una deuda superior a los 1.200 millones de euros, y se vendió a la argentina Integra Tec International por una cantidad simbólica de 900.000 euros. Esta operación reflejó con claridad el desgaste financiero que acumulaban algunas inversiones históricas en la región.
Con México, Telefónica completa ya siete grandes desinversiones en Hispanoamérica desde que Murtra asumió los mandos, quedando como principal asignatura pendiente la salida de Venezuela. La compañía reconoce que el contexto político y económico del país, así como la incertidumbre institucional, han complicado durante años la posibilidad de encontrar una solución viable para ese activo.
La dirección insiste, no obstante, en que la hoja de ruta hacia una presencia mucho más concentrada está trazada y que el foco seguirá puesto en culminar este proceso de forma progresiva, sin desviarse de los mercados considerados estratégicos.
Impacto contable y efecto en las cuentas del grupo
La retirada de Latinoamérica no ha sido neutra en términos contables. En los últimos ejercicios, Telefónica ha registrado pérdidas netas relevantes asociadas a minusvalías por la venta de filiales y a provisiones ligadas a planes de ajuste de plantilla. Sólo el año pasado, el grupo comunicó números rojos superiores a los 4.000 millones de euros, en gran parte por los efectos contables de estas operaciones en discontinuación.
En el caso de algunas de las ventas en la región, la diferencia entre lo que se pagó por los activos en su momento y el valor que finalmente se ha obtenido en la desinversión ha provocado impactos negativos de miles de millones en las cuentas. Estas minusvalías reflejan el deterioro de valor de negocios que, con el paso del tiempo, no han sido capaces de generar la caja esperada.
Desde la cúpula de la operadora se insiste en que este tipo de apuntes son principalmente ajustes contables y que no afectan a la capacidad real de generación de caja del grupo. Como explicó la propia compañía, la venta de estas filiales sirve para aflorar la diferencia entre el precio histórico de adquisición y la capacidad de producir efectivo de esos negocios en su situación actual.
De cara a las próximas desinversiones, como la de Venezuela o la ya anunciada de México, Telefónica sostiene que el impacto en resultados será más limitado, ya que el valor en libros de estos activos se ha reducido con el paso de los años y, en el caso venezolano, se encuentra ampliamente saneado. Este menor peso contable debería evitar un nuevo lastre tan abultado en futuras cuentas.
En paralelo, las salidas ejecutadas en distintos países hispanoamericanos han contribuido a rebajar la deuda financiera neta del grupo, con un recorte estimado de alrededor de 1.800 millones de euros gracias al conjunto de operaciones completadas el año pasado, situando el pasivo por debajo de los 27.000 millones.
Giro estratégico: foco en España, Europa y Brasil
Más allá de la foto financiera, la compañía quiere hacer visible un cambio de rumbo claro en su mapa geográfico. El plan estratégico presentado por Marc Murtra recoge que los cuatro grandes mercados prioritarios serán España, Reino Unido, Alemania y Brasil. En ellos, Telefónica considera que puede ejercer un papel de operador de referencia y obtener mejores retornos que en otros países donde su posición competitiva es menor.
La salida paulatina de Hispanoamérica, salvo Brasil, supone deshacer el antiguo imperio regional levantado bajo la presidencia de César Alierta en los primeros años 2000, cuando el grupo buscaba estar presente en casi todos los grandes mercados de la región. Dos décadas después, el contexto regulatorio, la presión competitiva y las necesidades de inversión han llevado a una estrategia mucho más selectiva.
En Europa, la compañía se plantea reforzar su estructura en España, Alemania y Reino Unido, donde ya tiene posiciones históricas consolidadas. El objetivo es concentrar recursos en redes de nueva generación, servicios digitales y ofertas convergentes de fijo y móvil, abandonando inversiones consideradas no estratégicas o de bajo retorno.
En Brasil, la filial Vivo se mantiene como la gran apuesta en Latinoamérica, tanto por dimensión de mercado como por rentabilidad. La operadora brasileña se ha convertido en uno de los pilares de los resultados del grupo, con una cuota de mercado sólida y una regulación percibida como más previsible que en otros países de la región.
Esta reorientación geográfica también responde a la voluntad de simplificar la estructura del grupo, reduciendo la complejidad operativa y el número de jurisdicciones en las que interactúa con reguladores muy distintos. De esta forma, Telefónica confía en poder dedicar más recursos a desplegar redes, mejorar servicios y desarrollar nuevos negocios en sus plazas principales.
México: dos décadas de presencia y un mercado dominado por Slim
La salida de Telefónica de México pone fin a más de veinte años de presencia ininterrumpida en el país. El desembarco comenzó en 2001 con la compra de varias operadoras locales y se consolidó con la adquisición de Pegaso PCS en 2002. Con el tiempo, la marca Movistar llegó a manejar una base de alrededor de 23 millones de clientes en su mejor momento.
A pesar de esta trayectoria, el grupo español nunca consiguió romper el férreo dominio de Telcel, la operadora ligada al grupo de Carlos Slim, que ha mantenido históricamente una cuota superior al 50% del mercado móvil mexicano. A Telcel se suman AT&T y otros actores más pequeños, como Bait (Walmart), completando un escenario particularmente exigente para cualquiera que quisiera arañar parte sustancial del negocio.
Según los últimos datos oficiales publicados por el regulador de telecomunicaciones, el mercado móvil se repartía entre Telcel con cerca del 59% de los clientes, AT&T en torno al 16%, Movistar alrededor del 15% y Bait con algo menos del 6%. En este contexto, la compañía española fue acumulando pérdidas relevantes año tras año, sin llegar a traducir su presencia comercial en una posición verdaderamente rentable.
En 2019, Telefónica tomó la decisión de desprenderse de sus frecuencias y de gran parte de su infraestructura para operar como un virtual sobre la red de AT&T. Este movimiento buscaba contener los costes y limitar las pérdidas, pero también supuso un reconocimiento tácito de que competir en igualdad de condiciones con el gigante de Slim era prácticamente imposible dadas las circunstancias del mercado mexicano.
A cierre reciente, Telefónica México contaba con algo menos de 1.800 empleados y una posición de mercado sensiblemente más reducida que en sus años de mayor actividad inversora. La venta al consorcio liderado por Oxio cierra, así, un capítulo que ha requerido ajustes profundos para mitigar el impacto económico de la retirada.
Esta operación marca un hito simbólico y financiero: por un lado, confirma la voluntad de Telefónica de dejar atrás su época de expansión masiva en Latinoamérica; por otro, libera recursos y reduce riesgos asociados a un mercado donde la compañía llevaba años sin encontrar un camino claro hacia la rentabilidad sostenible.
