- Ucrania autoriza el dron Dovbush T40, con más de 2.000 kilómetros de alcance.
- La empresa Winfly presenta el interceptor Spider, capaz de capturar otros drones con redes.
- Un helicóptero Mi-8 se convierte en una plataforma para lanzar hasta seis drones de combate.
- El desfile del 35 aniversario de la independencia muestra la transformación hacia la guerra robótica.

La guerra en Ucrania ya no se libra solo con blindados y fusiles. El campo de batalla se ha trasladado también al aire, y el país ha convertido los vehículos no tripulados en una pieza central de su estrategia militar. A lo largo de la misma semana, el Ministerio de Defensa ucraniano ha autorizado un dron de profundidad, ha presentado un interceptor que captura drones con redes y ha mostrado un helicóptero Mi-8 armado con lanzadores para pequeñas aeronaves. Todo apunta a una expansión imparable de la industria UAV local, y la principal lección es que hacer la guerra con aviones no tripulados ya no es una opción para Ucrania, sino una necesidad de supervivencia.
El último capítulo llega el mismo día del desfile militar que conmemora el 35 aniversario de la independencia. En Kiev, no se han visto carros de combate ni columnas de soldados; en su lugar, la ciudad exhibió robots terrestres, lanchas no tripuladas y escuadrones de dronos de reconocimiento y ataque. El mensaje de fondo es claro: las nuevas Fuerzas de Sistemas No Tripulados, una rama creada en 2024, ya son el rostro moderno de la defensa ucraniana>. Es la transformación que han ido cocinando desde la invasión a gran escala en 2022.
El Dovbush T40, la profundidad estratégica que Ucrania necesita
Uno de los anuncios más relevantes ha sido la autorización oficial del sistema aéreo no tripulado Dovbush T40. Fabricado en Ucrania, está pensado para realizar reconocimiento profundo, corrección de fuego de artillería y ataques de precisión contra objetivos situados mucho más allá de la línea del frente. La cifra que lo hace especial es su autonomía: puede recorrer más de 2.000 kilómetros, lo que le permite adentrarse en territorio ruso, incluso más allá de los Urales o Siberia.
Durante las pruebas, el T40 habría confirmado las prestaciones que prometía el fabricante, con una envergadura de unos cinco metros y un autonomía superior a las 24 horas>. Según fuentes del Ministerio, su diseño incluye muy baja firma radar y un motor con inyección electrónica de combustible, además de una resistencia reforzada frente a la guerra electrónica. El UAV admite dos usos en combate: como munición merodeadora, o para soltar municiones sobre el objetivo. La base, por tanto, amplía enormemente la capacidad de amenazar retaguardias rusas con el mismo concepto que ya usaban los modelos Dovbush T20 y Kotyhoroshko, que llevan en servicio desde 2022.

Spider, el dron interceptor que caza con red
Mientras algunos sistemas apuntan lejos, otros buscan proteger el cielo más cercano. La empresa ucraniana Winfly ha lanzado el Spider, un dron interceptor que deja de ser una munición de usar y tirar para recuperar la inversión después de cada encuentro. Es una plataforma que persigue drones enemigos a una velocidad máxima de 160 km/h y a altitudes de 5.000 metros, para luego lanzar una red y regresar a casa con la presa capturada.
El Spider se basa en el modelo WINFLY 10 Hunter, un interceptor ligero con una autonomía de 25 minutos y un radio de unos 18 kilómetros. Su sistema de captura, el KARAKURT-K2, pesa apenas 210 gramos, se conecta a la aeronave mediante un puerto USB-C y lanza una malla de 3×3 metros a una distancia de entre 3 y 5 metros. Su fabricante detalla que sirve contra alas fijas, cuadricópteros como los populares Mavic, drones FPV y modelos de control óptico. En términos económicos, el Hunter se ofrece desde 700 euros la unidad, y unos 1.200 euros en la versión nocturna, mientras que cada disparo de red cuesta unos 21 euros. Un presupuesto modesto comparado con el coste de un misil tradicional y, además, permite un vuelo constante durante horas.

Un Mi-8 convertido en plataforma lanzadera de UAV
Lo más curioso de los últimos anuncios es la transformación de un veterano helicóptero de transporte, el Mi-8, en una lanzadera improvisada. Una imágenes mostradas en el contexto del Día de la Independencia permiten ver que se han montado varios raíles con soportes bajo el fuselaje, tres a cada lado, para transportar y soltar hasta seis drones interceptores en vuelo>. Esta fórmula parece permitir detectar objetivos con un sensor electro-óptico y lanzar los pequeños aparatos desde el aire para que persigan a los drones rusos.
No es un experimento nuevo por completo. Ucrania ya había probado con un avión de transporte An-28 reconvertido para labores de caza de UAV, el JEDI Shahed Hunter, y según datos del mes de mayo había logrado derribar al menos 213 drones enemigos. El helicóptero, sin embargo, ofrece ventajas operativas: se puede desplegar desde lugares muy próximos a la zona que defiende, volar a baja velocidad y esperar el paso de las aeronaves enemigas. Así se refuerza una defensa escalonada, donde los propios UAV cazan a otros con un coste por intercepción mucho menor que el de un misil tierra-aire.

La publicación de estos sistemas ha coincidido con el desfile del 35 aniversario, un escenario donde Kiev mostró que ha creado una nueva rama militar dedicada enteramente a los sistemas no tripulados. En la exhibición aparecieron robots terrestres para transporte y evacuación, lanchas autónomas de la familia Magura y Sea Baby, y numerosos UAV de reconocimiento y ataque. El mensaje es directo: el futuro que hoy se ve en Ucrania, con un ejército que hace de la innovación en drones militares un arma, será pronto el estándar en las fuerzas armadas europeas.
Con la llegada del Dovbush T40, el interceptor Spider y el Mi-8 adaptado, Ucrania suma otra capa a una guerra que ha dejado de ser solo de superficie. La apuesta por sistemas baratos, rápidos y versátiles intenta compensar una desventaja inicial en recursos militares, y los hechos muestran que la industria defensa ucraniana está resolviendo esos problemas con una red de cientos de compañías que producen sin descanso. Queda, eso, el reto de integrar tantos drones en una doctrina de combate que ya ha pasado de la teoría a la práctica en cada noche de ataques, y que ahora quiere imponerse sobre todo el espectro de la guerra aérea moderna.
