- Apagar el router por la noche aporta algo de seguridad y un ahorro eléctrico pequeño, pero el impacto económico es limitado frente a otros aparatos.
- Los estudios oficiales no encuentran riesgos claros para la salud por el WiFi, aunque sí hay indicios de que reducir la exposición y el uso de pantallas mejora el sueño.
- El router está diseñado para funcionar de forma continua; reinicios ocasionales ayudan, pero apagarlo a diario no es imprescindible y puede ser contraproducente.
- La decisión de apagarlo o no debe basarse en tus necesidades de domótica, seguridad y desconexión digital más que en mitos sobre radiación o grandes ahorros.

En muchos hogares el router se ha convertido en ese aparato que pasa completamente desapercibido: está siempre encendido, rara vez lo tocamos y solo nos acordamos de él cuando Internet va mal. Sin embargo, cada vez más gente se pregunta si tiene sentido apagar el router por la noche, ya sea para ahorrar algo de luz, por seguridad o por miedo a las radiaciones.
La realidad es que hay una mezcla de ventajas reales, mitos muy extendidos y matices importantes que casi nunca se explican bien. Algunas webs y expertos recomiendan apagarlo, otros dicen justo lo contrario. En este artículo vamos a desgranar todos esos argumentos, uno por uno, para que puedas decidir con criterio qué te compensa hacer en tu casa.
Qué pasa realmente si apagas el router por las noches
Cuando cortas la corriente al router no solo apagas el WiFi: también detienes todos los procesos internos que mantiene el equipo con tu operadora. El aparato deja de informar del estado de la línea, se interrumpen posibles tareas de mantenimiento remoto y, al encenderlo de nuevo, tiene que renegociar la conexión y reconstruir la red local.
Las compañías de Internet insisten en que lo ideal es que el router esté encendido 24 horas al día, porque así pueden monitorizar la calidad de la conexión, lanzar actualizaciones de firmware de madrugada y realizar ajustes técnicos sin que el usuario note nada. Si el router está apagado justo cuando se programa una revisión nocturna, ese proceso se salta y puede tardar más en aplicarse.
Además, algunos fabricantes recuerdan que estos equipos están diseñados para funcionar de forma continua, sin necesidad de “descansar”. Cada encendido y apagado implica cambios bruscos de temperatura en la placa y en la fuente de alimentación, lo que se conoce como estrés térmico. Repetir ese ciclo todos los días, a largo plazo, puede llegar a ser más perjudicial que tenerlo siempre activo en una zona bien ventilada.
Por otro lado, hay un aspecto práctico evidente: si tienes dispositivos que dependen del WiFi por la noche (cámaras de seguridad, domótica, servidores NAS, termostatos, altavoces con asistente de voz, etc.), al apagar el router dejas de tener red local y esas funciones se paran por completo. En hogares muy automatizados, directamente no es una opción viable.
Consumo eléctrico del router y ahorro real al apagarlo
Uno de los motivos más repetidos para desconectarlo es el supuesto ahorro en la factura de la luz. Y sí, un router encendido consume electricidad, pero conviene poner las cifras en contexto para ver si compensa la molestia.
Los routers domésticos modernos suelen moverse entre 5 y 12 vatios de consumo en uso normal, aunque algunos modelos más potentes pueden subir algo más. Si lo dejas encendido todo el año, muchos estudios sitúan el gasto aproximado entre 12 y 30 euros anuales, con casos que hablan de hasta 70-75 euros para equipos especialmente tragones o con tarifas caras.
Si decides apagar el router unas 8 horas cada noche, estarías reduciendo el tiempo de funcionamiento diario a dos tercios. Traducido a dinero, la mayoría de cálculos hablan de ahorros que rondan desde algo menos de 1 euro al mes hasta unos 8-10 euros al año para consumos medios; en otras estimaciones más altas se llega a una horquilla de 8 a 25 euros anuales si el aparato es de los que más gastan.
En cualquier caso, por mucho que afines los números, el efecto en la factura es bastante limitado comparado con otros electrodomésticos o con el famoso “consumo fantasma” de televisores, consolas o decodificadores en stand by. De hecho, el router no entra del todo en esa categoría, porque no tiene un modo reposo como tal: está siempre operativo, pero con una potencia relativamente baja.
Si tu objetivo principal es recortar de verdad la factura, suele ser más eficaz sustituir bombillas halógenas por LED, revisar la eficiencia de la nevera o apagar del todo dispositivos en espera. El router suma, pero es un granito de arena, no la montaña.
Impacto en la salud: radiación WiFi, sueño y mitos habituales
Otro motivo recurrente para querer apagar el router por la noche es el miedo a las ondas electromagnéticas del WiFi, especialmente a la hora de dormir o en casas con niños. Aquí confluyen dos líneas de información: la postura de los organismos oficiales y algunos estudios recientes que apuntan a posibles efectos sobre el descanso.
La Organización Mundial de la Salud, la Unión Europea y numerosos organismos de referencia señalan desde hace años que, a los niveles de emisión de un router doméstico, no se han encontrado evidencias sólidas de efectos perjudiciales para la salud. La señal WiFi funciona en bandas como 2,4 y 5 GHz, con potencias muy bajas, miles de veces inferiores a las de un microondas y bastante por debajo de la de un móvil pegado a la oreja durante una llamada.
Desde este punto de vista, tener el WiFi encendido en casa, incluso por la noche, no debería hacer que duermas peor ni dañar tu salud. Apagarlo no te aísla de las redes vecinas: basta con mirar el listado de redes disponibles en el teléfono para comprobar cuántas señales ajenas llegan hasta tu dormitorio.
Ahora bien, también hay trabajos más recientes, como un estudio publicado en 2024 en la revista Frontiers in Public Health, que sugieren que la exposición nocturna a campos similares a los de un router podría alterar la arquitectura del sueño en algunas personas, con cambios en las fases profundas. Se trata de investigaciones con muestras reducidas y resultados que aún deben replicarse, pero a algunas personas les resulta tranquilizador reducir la exposición nocturna “por si acaso”.
Por eso los especialistas suelen adoptar una postura prudente: a nivel de riesgo demostrado, no hay motivos de alarma con el WiFi, pero si te sientes más cómodo apagando el router de noche o alejándolo de la zona donde duermes, tampoco pasa nada mientras no dependas de conexiones críticas. Es una decisión más de confort personal que de obligación sanitaria.
Calidad del sueño, desconexión digital y uso del móvil
Más allá de la radiación, hay otro elemento que sí impacta directamente en cómo dormimos: la sobrecarga digital y el uso del móvil antes de acostarse. Tener WiFi disponible toda la noche facilita estar pegado a la pantalla hasta el último minuto, contestar mensajes o revisar redes sociales en la cama.
Apagar el router, o al menos desactivar el WiFi del teléfono, puede ayudar a crear un entorno más tranquilo, sin notificaciones continuas ni tentación de “mirar un momento” lo que está pasando. Muchos expertos recomiendan, además, quitar el móvil de la mesilla o, como mínimo, activar el modo avión y silenciar llamadas para evitar interrupciones durante la noche.
La luz azul de las pantallas también tiene su papel: altera la producción de melatonina, la hormona que regula los ciclos de sueño y vigilia. Reducir la exposición a pantallas una hora antes de dormir y limitar la conectividad nocturna contribuye, en la práctica, a un descanso más profundo y reparador, algo que mucha gente nota desde el primer día.
Desde esta perspectiva, más que por un tema de ondas, el apagar el router o programar un horario sin WiFi se convierte en una herramienta para fomentar una desconexión digital real en casa, especialmente útil si hay adolescentes enganchados a la consola, a TikTok o a los juegos online hasta las tantas.
Seguridad: riesgos de ciberataques y cómo mitigarlos
Donde sí hay un argumento sólido a favor de cortar el router por la noche es en el terreno de la seguridad informática. Si el equipo está apagado, tu red doméstica no es accesible desde fuera. No hay WiFi activo, no hay puertos abiertos, no hay nada que escanear.
Muchos intentos de intrusión automatizada, ataques de fuerza bruta contra contraseñas WiFi, rastreos de routers vulnerables o incluso ciertos ataques DDoS se producen a cualquier hora, también de madrugada. Reducir el número de horas en las que la red está expuesta disminuye teóricamente la superficie de ataque.
Aun así, los especialistas en ciberseguridad matizan que la protección de verdad no depende tanto de apagar el router como de configurarlo correctamente: usar cifrado WPA2 o WPA3, elegir contraseñas largas y únicas, desactivar el WPS, mantener el firmware actualizado y, si es posible, cerrar funciones de administración remota que no necesites.
Si sospechas que alguien puede haber accedido a tu red o detectas comportamientos extraños en algún dispositivo, entonces sí tiene sentido, además de revisar la configuración, apagar el router en momentos concretos o mientras analizas el problema. También es muy recomendable desconectarlo cuando vas a estar varios días o semanas fuera de casa y no necesitas ninguna cámara ni sistema conectado.
En resumen: tener el router apagado elimina por completo el riesgo de ataques mientras está sin corriente, pero un router moderno, bien protegido y actualizado, es bastante seguro incluso encendido las 24 horas. La clave está en la seguridad básica, no solo en el interruptor.
Reinicios, mantenimiento y vida útil del router
Otro de los argumentos a favor de apagar el router por la noche es que así se reinicia de forma periódica, lo que teóricamente mejora su rendimiento y alarga su vida útil. Aquí también hay matices importantes.
Es cierto que, como ocurre con el móvil o el ordenador, un reinicio de vez en cuando ayuda a limpiar procesos colgados, liberar memoria interna y resolver pequeños fallos de software. Muchos problemas de conexión se arreglan simplemente apagando y encendiendo el router o programando un reinicio automático de madrugada.
Sin embargo, eso no significa que tengas que cortar la alimentación todos los días. Muchos expertos recomiendan reiniciarlo solo cuando notes fallos (lentitud, cortes, imposibilidad de conectar) o, como mucho, de forma ocasional cada cierto tiempo. Los routers están preparados para funcionar meses seguidos sin apagarse y los ciclos de encendido/apagado diarios pueden suponer más desgaste de la fuente de alimentación.
En cuanto a la vida útil, hay quienes defienden que apagarlo unas horas cada día reduce su tiempo de funcionamiento efectivo y podría ayudar a que dure más. Otros sostienen justo lo contrario: los componentes electrónicos se degradan más por los picos de tensión y las variaciones de temperatura al encender y apagar que por trabajar de manera estable. Aquí la clave real suele estar en la calidad del equipo y en su refrigeración.
Si tu router se calienta en exceso, lo correcto no es apagarlo a diario, sino mejorar su ventilación: no encerrarlo en un mueble, no cubrirlo con objetos, alejarlo de focos de calor y, si hace falta, elevarlo un poco para que circule mejor el aire. Eso, junto con mantenerlo actualizado, suele influir mucho más en su duración que cualquier rutina de apagado nocturno.
Efectos sobre los dispositivos conectados y la domótica
Al cortar el router por la noche no solo dejas sin Internet a los móviles y ordenadores: también se ven afectadas todas las bombillas inteligentes, enchufes WiFi, cámaras IP, termostatos, asistentes de voz y NAS que dependan de esa red para funcionar o hacer copias de seguridad.
En muchas casas esto no es un problema, porque la domótica es testimonial o directamente inexistente. Pero en otras, con sistemas de alarmas conectadas, persianas automáticas o iluminación avanzada, apagar el router dejaría la vivienda sin funciones clave, incluso en la red local. En estos casos, lo más razonable suele ser dejarlo siempre encendido.
Al mismo tiempo, hay usuarios que ven como ventaja que, al no haber WiFi por la noche, los dispositivos “también descansen” y dejen de enviar datos de forma constante. Es una forma de limitar el tráfico hacia la nube en determinados tramos horarios y, de paso, de forzar cierto parón en el uso de móviles, tablets o consolas.
Si quieres algo intermedio, muchos routers permiten programar un horario concreto para la red WiFi sin apagar del todo el aparato. En ese caso, la parte inalámbrica se desactiva a según qué horas, pero la red cableada y ciertos servicios internos siguen funcionando con normalidad.
También hay enchufes inteligentes con programación local que pueden cortar y restablecer la corriente al router a la hora que tú elijas, incluso si no hay conexión a Internet para controlarlos. Es una herramienta cómoda si decides que tu rutina va a ser realmente apagarlo en ciertos tramos horarios.
Cuándo tiene sentido apagar el router y cuándo no
Con todo lo anterior sobre la mesa, la mayoría de técnicos coinciden en que no es imprescindible apagar el router todas las noches. De hecho, para la mayoría de usuarios ni les va a suponer un ahorro relevante ni va a mejorar de forma notable la salud del equipo.
Apagarlo sí está especialmente recomendado cuando vas a estar fuera varios días y no dependes de cámaras ni sistemas de alarma conectados. En esas ausencias largas, evitar que el router esté encendido sin motivo reduce el riesgo de que se vea afectado por picos eléctricos o vulnerabilidades nuevas mientras tú no puedes intervenir.
Tampoco pasa nada si decides apagarlo por la noche por pura comodidad mental: quizá prefieres evitar que ningún dispositivo tenga acceso a Internet mientras duermes, te gusta reducir cualquier exposición a ondas en el dormitorio o simplemente quieres asegurarte de que nadie se queda jugando online a escondidas.
Lo que no tiene tanto sentido es hacerlo por la idea de que el router necesita descansar o va a durar más, o porque crees que vas a ahorrar una fortuna en la factura de la luz. Las cifras reales son modestas y el diseño del aparato ya contempla un uso continuo.
En la práctica, suele ser más efectivo centrarte en tres frentes: cuidar la ubicación y ventilación del router, mantenerlo bien configurado y actualizado y gestionar mejor el uso de pantallas y conexiones nocturnas en casa. Apagarlo o no cada noche se convierte así en un detalle más dentro de un conjunto de buenas prácticas, no en la pieza clave.
Con toda esta información, lo razonable es que cada hogar valore su caso concreto: número de dispositivos conectados, importancia de la domótica, sensibilidad con las ondas, ganas de desconectar de la tecnología y prioridades de ahorro. El router está preparado para funcionar sin descanso, pero la decisión de si darle un respiro nocturno o no dependerá, al final, de cómo quieres organizar tu vida digital y tu descanso.